Gustavo Adolfo, August Strindberg

[Gustaf Adolf]. Dra­ma del sueco August Strindberg (1849-1912), publicado en 1900. Es un amplio fresco, cu­yos cinco actos representan los principales momentos de la campaña de alemania con­ducida por Gustavo Adolfo en los años 1631 y 1632 hasta su muerte en la batalla de Lützen. El mérito principal del drama radica en la descripción del ambiente: aque­llas escenas militares en el marco de las inmensas ruinas y desgracias que una gue­rra despiadada iba amontonando sobre Ale­mania. Por ello el primer acto, que es una especie de preludio en el que es evidente la influencia de Schiller, es el más bello por la bien lograda descripción del estado de los espíritus en alemania y de la mezcla de las varias profesiones de fe y de las dis­tintas nacionalidades en el mismo campo del rey sueco: y hermosas son también al­gunas escenas del último acto, envueltas en la niebla espesa sobre, el campo de batalla que da al paisaje un aspecto de visión fan­tasmal, con el difuso sentimiento de angus­tia y de inminente desgracia, y con los tres molinos de viento cuyos brazos parecen, por entre la niebla, tres cruces.

El tema central del drama, la tolerancia religiosa, aparece ya al principio, en el diálogo del molinero luterano con su mujer católica, con la máxima de Federico el Grande, que afirma que hay que conceder a cada uno la posibilidad de ser feliz a su manera; y vuelve continuamente, aunque queda a ve­ces como alejada y extraña. Menos feliz es, en cambio, la caracterización del rey, no tanto porque se aparta de la realidad, como porque es intrínsecamente floja. Strindberg, precisamente porque era muy vigoroso en la descripción de los afectos y de las formas elementales de la vida, era débil en la re­presentación de la humanidad superior; y su Gustavo Adolfo es, en efecto, un estra­tega aficionado, algo escéptico y algo sen­timental, crédulo e impulsivo, cuya super­ficialidad e incoherencia se reflejan en el drama, muy rico en personajes y en acon­tecimientos; es, en resumen, descriptivo y anecdótico, pero está falto de inspiración poética.

V. Santoli