Gustaf Vasa, August Strindberg

Drama histórico en cinco actos de August Strindberg (1849-1912), pu­blicado en 1899. El drama se relaciona con el juvenil Maestro Olof [Máster Olof, 18721 y con el Erik XIV (v.), con los que forma una trilogía. Maestro Olof representaba el fundador de la dinastía de los Vasa en su victoriosa aparición en el horizonte político; el Gustaf Vasa, del drama del mismo nom­bre, es el rey, ya no joven, sorprendido en un momento particularmente difícil, es de­cir, en el momento de su lucha contra la rebelión acaudillada (1542) por Nils Dacke, cruel y astuto, violento y maquiavélico, y, sin embargo, en algunos momentos cansado de tanta lucha y deseoso de humillarse ante los hombres y ante Dios.

En los primeros dos actos, se percibe continuamente la pre­sencia del rey, y sin embargo éste perma­nece invisible. Se derivan de ello unas situa­ciones de gran efecto, como la del modo de dar muerte a los jefes rebeldes de Dalecarlia, atraídos uno tras otro a un colo­quio engañoso; sus chaquetas llenas de san­gre son arrojadas, terrible prueba y amo­nestación, a la estancia de la posada donde sus amigos se hallan reunidos esperando. Si el primer acto representa al rey que, invisible, asesina a sus adversarios según un procedimiento que el cauque Valentino no rechazaría, y el segundo acto nos mues­tra en sus variados aspectos el predominio de la razón de Estado, el tercero, en el que Gustaf Vasa entra directamente en escena, hace el imponente retrato del rey, de sen­timientos humanos en su vida particular, bestia y hombre al mismo tiempo, según la enérgica sentencia de Maquiavelo, en la po­lítica. Después de un cuarto acto más bien flojo, que describe al rey que vaga como un ciudadano cualquiera por Estocolmo, ro­deado y humillado por los mendigos, el último acto, en algunos momentos, está lle­no de intensidad dramática. El rey se en­cuentra en grave peligro, y parece que toda posibilidad de fuga ha desaparecido para él. Angustiado, se humilla ante Dios, mientras se va oyendo el pesado paso de los campesinos de Dalecarlia que están en­trando en Estocolmo.

El espectador espera la catástrofe por momentos; sin embargo, aquellos campesinos dalecarlenses, al enterarse de los apuros que está pasando el rey, han venido con la intención de socorrerle. Gustaf Vasa no es, pues, una tragedia en el sentido clásico; las acciones del rey no provocan la catástrofe, ni el espectador que­da sobrecogido por ningún sentimiento de piedad. Es, más bien, un gran fresco his­tórico, compuesto con mucha habilidad y rico en efectos dramáticos, en el que resal­ta, grandiosa, la figura del primer Vasa.

V. Santoli