Grandes Esperanzas, Charles Dickens

[Great Expectations]. Novela de Charles Dickens (1812- 1870), publicada por entregas en el perió­dico «All the Year Round», en 1860-1861, y en un volumen en 1861.

Es la historia de un muchacho del pueblo, que por una cir­cunstancia excepcional (de pequeño había ayudado a quitarse las cadenas a un pre­sidiario evadido, Abel Magwitch) se halla elevado a una esfera social superior. Philip Pirrip (v.), conocido bajo el diminutivo de Pip, muchacho aldeano criado por una her­mana de carácter insufrible, esposa del apa­cible y jovial herrero Joe Gargary (v.), frecuenta la casa de miss Havisham, mujer medio loca que, abandonada por su esposo la noche de bodas, para vengarse de los hombres enseña a la joven Stella a servirse de su belleza como medio de torturar al odiado sexo masculino. Pip se enamora de Stella y aspira a ser un caballero, pues un misterioso bienhechor provee de dinero para su educación, en espera de que un día entre en posesión de una gran fortu­na. Se va a Londres, despreciando el hu­milde ambiente en que ha vivido hasta entonces; pero después, el desconocido bien­hechor resulta ser aquel presidiario evadido al que él ayudara (con esta figura de presidiario evadido que se convierte en bien­hechor se podría comparar la también fa­mosa de Jean Valjean en Los Miserables (v.) de Víctor Hugo); así las grandes es­peranzas se desvanecen, Stella se casa con Bentley Drummle, el rival de Pip, que la maltrata.

Aleccionado por la adversidad, Pip se da cuenta de la dignidad del género de vida que ha despreciado, vuelve a casa del herrero y se pone a trabajar honestamente; y finalmente se une con Stella, a quien también la experiencia ha dado sus saluda­bles enseñanzas. Esta novela no había de tener tan agradable fin. Stella, presunta hija de Magwitch, había de ser la ruina de Pip, pero Dickens se rindió al consejo de Bulwer-Lytton (1803-1873). Abundan los episodios intensamente melodramáticos; la novela no podría comenzar de modo más feliz y sugestivo que con la patética es­cena de la aparición del presidiario evadido, en el desolado cementerio donde Hora y fantasea el huérfano Pip. Grandes esperan­zas, revela la misma frescura y espontanei­dad que la novela autobiográfica escrita unos diez años antes, David Copperfield (v.). Es el único estudio meditado que Dickens hizo del desenvolvimiento de una personalidad. Su estilo está exento de su acostumbrada negligencia; es más, revela, tanto en sus pasajes narrativos y descrip­tivos como en sus diálogos, notable maes­tría verbal. [Trad. de Manuel Vellvé bajo el título de Grandes ilusiones (Barcelona, 1930); trad. de R. Berenguer con el título de Las grandes esperanzas de Pip (Barce­lona, 1945) y en la segunda edición, Ca­denas rotas (Barcelona, 1950). Trad. de José Méndez Herrera en Obras completas (Madrid, 1949)].

M. Praz

Entre los más altos trofeos alcanzados para la inmortalidad del genio de Dickens la trama de Grandes esperanzas estará para siempre a la altura de la de David Copper­field. Éstas son sus nobles y grandes obras maestras. (Swinburne)