Se publicó en 1842, correspondiendo, por lo tanto, a la plena madurez de la breve vida de Fryderyk Franciszk Chopin (1810-1849); ocupa un lugar importantísimo entre sus numerosas obras maestras, particularmente respecto a la forma, única de sus composiciones que lleva este título (aparte de algunos ensayos juveniles orientados al virtuosismo), no es en realidad más fantástica que las Baladas (v.), Sonatas (v.) u otras célebres creaciones suyas de estructura íntimamente distinta. Comienza con un «Andante» introductivo, en forma de marcha, sigue un «Allegro» impetuoso que, si bien de forma libre, se parece un poco a un primer tiempo de sonata por los dos temas fundamentales de que se compone, el segundo de los cuales, en «la bemol mayor», siempre movido, es sin embargo, de tono más dulce y melódico, desenvolviéndose en una serie de episodios que son un alarde de riqueza inventiva, y cuya agitación inicial, ora se hace más tormentosa, ora prorrumpe en vigorosos acentos de alegría y triunfo. Este Allegro» se repite, con variantes sobre todo en la tonalidad, dos veces más: la primera repetición queda interrumpida por un «Adagio» en «si mayor», extraordinaria pausa lírica que se funde con el todo en armonioso contraste.
Al final de la recapitulación, tras de una escala cromática descendente, hallamos una reminiscencia en «la bemol mayor» de la melodía de este «Adagio»; el tumulto antecedente se aplaca de súbito mientras la sonoridad se atenúa en una serie de arpegios que afirman la tonalidad de «la bemol mayor» con la que acaba la obra. Estos varios episodios se funden espontáneamente unos con otros, formando un conjunto de admirable unidad en el que la belleza, la poesía y la genialidad de las ideas musicales se alían con la modernidad y riqueza de la armonía y de la técnica pianística. Romántica en la inspiración, si por Romanticismo se entiende, asno es usual, «pathos» inquieto y anhelante, e impetuoso empuje juvenil, esta Fantasía es al mismo tiempo clásica, ya que el fogoso impulso interior se funde en una forma perfecta, como siempre ocurre en las más inspiradas obras de Chopin. Si además queremos indicar aproximadamente a qué tono de inspiración chopiniana corresponde la obra, convendrá asociarla, mejor que a las composiciones de lirismo soñador y elegiaco, como los Nocturnos (v.), o de un vigor que bien puede llamarse heroico, como ciertos Preludios (v.), Estudios (v. y Polonesas (v.), a las de conmoción dramática y de tono narrativo fantástico, como las Baladas y los Scherzos (v.).
F. Fano

