En el número de los llamados escritores subapostólicos, san Papías de Hierápolis (s. I-II) y sus cinco libros de explicación de los Sermones del Señor, ocupan un lugar eminente.
Con todo, esta gran obra, de neto sabor milenarista, esto es, impregnada de la idea de que Jesús el Cristo, el triunfador de la muerte, había de volver al mundo para inaugurar en él un milenio de bienaventuranza igualitaria, en favor de todos sus fieles, nos ha sido conservada sólo en fragmentos. Los fragmentos se hallan casi en su totalidad, en el V libro de la gran obra consagrada por Ireneo, el obispo de la comunidad asiática emigrada a Lyon para desenmascarar la falsa gnosis. Lo cual nos permite comprobar cómo las dos corrientes entre las que se polariza la experiencia cristiana del siglo II, son, por una parte, la corriente milenarista que concibe el venidero Reino de Dios como reino de felicidad material, en una tierra transfigurada por los dones de Dios y la corriente gnóstica, que hace de la salvación religiosa un hecho de interior ión personal. La posterior evolución cristiana, eclesiástica, ha arrojado el más severo descrédito sobre la obra de aquel soñador social que fue Papías.
En su Historia eclesiástica Eusebio no tiene reparos en definirlo expeditivamente como hombre de corto entendimiento. Pero en realidad aquel corto de entendimiento se consideraba en perfecta continuidad con la enseñanza de Cristo, cuyo eco iba buscando amorosamente en las referencias de los Ancianos. La fecha aproximada en que escribió su gran comentario a las Sentencias del Señor puede ser deducida de las afirmaciones de su discípulo Ireneo que lo señala como compañero de Policarpo, y como Policarpo padeció el martirio en 156, en edad muy avanzada; la conclusión lógica es que Papías nació por las últimas décadas del siglo I y que su actividad debió de desarrollarse principalmente en la primera mitad del segundo.
E. Buonaiuti

