Exploración del Zambeze y de sus Afluentes, David Livingstone

[Exploration of the Zambesi and his tributarles]. Obra publicada en Londres en 1885. Es el re­lato del viaje por él emprendido en 1858 desde el océano índico a las fuentes del Zambeze; su objetivo era encontrar en di­cho río un camino a través del cual los misioneros y comerciantes pudiesen pe­netrar en el interior de África.

Los explo­radores, llegados a las bocas del Zam­beze, que se dividen en cuatro grandes grupos, ascienden la rama llamada Congoué, entre dos orillas cubiertas de espesa vegetación formada por árboles seculares. Aquel estupendo bosque es refugio seguro para los mercaderes de esclavos y para los rebeldes que, con sus correrías, impiden el comercio de los pacíficos portugueses; ade­más la continua guerrilla entre las tropas regulares portuguesas y las de un mulato, Mariano, crea no pocas dificultades a los exploradores. Livingstone se entretiene ha­blando de las leyes y costumbres de estos países que son quizá los más interesantes de toda África. Llegada al final del Congoué la expedición asciende por el Zambeze propiamente dicho, hasta los rápidos de Quebrabasa, para volver al fin a Tete.

En expediciones posteriores, Livingstone des­cubre el lago Nyassa, hasta entonces sólo conocido a través de noticias fabulosas, y penetra hasta el interior, en el país de los makololos, llegando por fin el 9 de agosto de 1860 a las cataratas Victoria llamadas en el lugar «Moasi a Tunia». En este punto Livingstone se considera incapaz de repro­ducir con palabras la magnificencia de aquellas cataratas, que son sin duda las mayores del mundo. Es preciso imaginarse, dice, un río de 1860 toesas de ancho, que se precipita en un abismo profundo de 150 metros y que, después de aquel abis­mo, sigue corriendo rapidísimo durante unos 20 kilómetros por una garganta de una anchura menor de 100 metros.

Con una audacia temeraria, Livingstone en una ligerísima canoa descendió el río hasta una islita que, colocada al borde del abismo, divide la cascada en dos partes. Efectuados los estudios topográficos, el autor continuó hasta el país de los makololos para volver a la costa y de allí a Bombay y a Europa. De este modo termina uno de los más im­portantes viajes de exploración del siglo pasado, que estableció el único camino de penetración comercial desde el océano índi­co hacia el interior del África Ecuatorial.

F. Dusi