[Epistolae obscurorum virorum]. Es el título de la sátira más célebre del humanismo alemán, publicada anónima — la primera parte en 1515, y en segunda edición con un apéndice en 1516; la segunda parte en 1517 con un apéndice en el otoño del mismo año —. La obra se relaciona con la polémica surgida entre el judío converso Johannes Pfefferkorn (1469-1521) y el humanista Johannes Reuchlin (1454-1522). Pfefferkorn, convencido de que los judíos debían ser obligados por la fuerza a convertirse al cristianismo, después de haber obtenido por medio de los dominicos de la Universidad de Colonia un decreto imperial que autorizaba la incautación de los libros hebreos anticristianos, no contento con esto, propuso que todos los libros hebreos fueran confiscados indistintamente.
La decisión del emperador Maximiliano fue que el arzobispo de Maguncia se asesorara con cuatro miembros de la Universidad y algunos doctores, entre los que se contaba Reuchlin, que era el mejor hebraísta de su tiempo. Reuchlin hizo una selección objetiva entre libros nocivos al cristianismo y libros de_ uso propio de los hebreos, como el Talmud (v.) o bien obras meramente científicas y por consiguiente inocuas, añadiendo en su relación que los cristianos no tenían derecho a ser jueces en lo concerniente a la fe de los hebreos, ya que ante la Iglesia, éstos no son herejes, sino seguidores de otra religión, y que, ante la ley, eran ciudadanos del imperio: si se quería convertirlos al cristianismo, era preciso penetrar entre ellos, combatirlos en el terreno científico, y por consiguiente conocer sus textos y su lengua. Reuchlin sostenía en sustancia el punto de vista típicamente humanista de la libertad religiosa y de la igualdad de los hombres en el campo de los valores espirituales de la ciencia y de la cultura en general. Pfefferkorn reaccionó violentamente a esta relación de Reuchlin, acusándole en el Handspiegel (1511) de haberse vendido a los judíos y de dejarse redactar por ellos sus escritos.
Éste le rebatió con otra obrita, Augenspiegel (1511), en la que rebatía las acusaciones publicando el texto íntegro de su relación, que el adversario había alterado en provecho de su argumentación. Todo el mundo intelectual de alemania se dividió en dos campos: por una parte, la facultad teológica de Colonia no dudó en levantar contra Reuchlin una abierta acusación de herejía; y, por otra parte, la casi totalidad de los humanistas alemanes formaron a su lado: Pirkheimer de Nüremberg, Peutinger de Augsburgo, Mutianus Rufus de Erfurt y sobre todo Erasmo de Rotterdam (1467-1536). La lucha, en realidad, estaba entablada, no entre dos personas, sino entre dos filosofías, entre dos mundos espirituales y entre dos épocas. Pfefferkorn representaba la escolástica, la ciencia conventual del Medioevo y la intolerancia inquisitorial, y Reuchlin representaba el Humanismo (v.), la libertad de ideas y la tolerancia. El proceso de herejía, intentado por el inquisidor van Hoogstraete, no siguió adelante porque Reuchlin apeló al Papa, el cual remitió la decisión al obispo de Spira y luego cortó toda tentativa de resucitar la cuestión emitiendo un «mandatum de suprasedendo». Entre tanto, apareció en 1515, con el título de Clarorum virorum epistulae, la colección de cartas de solidaridad que de todas partes habían remitido los humanistas a Reuchlin en tiempos diversos, pero especialmente en los años 1510-13.
Esta publicación fue la que sugirió a los humanistas del grupo de Erfurt la idea de las Epistolae obscurorum virorum. Fingen ser una colección de cartas que profesores, teólogos y artistas dirigen a Ortain Gratius, batallador paladín de los dominicos de Colonia, apoyando a su partido en la lucha contra Reuchlin. Por el latín bárbaro en que están escritas, por la crasa ignorancia que denotan, por la evidente y untuosa hipocresía al adherirse a los santos principios que notoriamente eran cada día pisoteados por el clero, estas cartas reflejan un pintoresco cuadro de la miseria espiritual que reinaba en el campo escolástico de Pfefferkorn y de sus fautores. El partido contrario a éstos logró que al principio creyesen todos en la autenticidad de las cartas; sólo poco a poco, y gracias a un atento examen, se fue descubriendo la feroz burla. Pero entre tanto, los humanistas habían conseguido su fin, porque la resonancia fue enorme (Cfr. la nueva colección de cartas de humanistas a Reuchlin: lllustrium virorum epistolae, 1519). Muchas conjeturas han sido hechas para puntualizar^ quiénes pudieron ser los autores.
Después de los estudios de W. Brecht, de A. Bómer y de otros, la conclusión más probable es substancialmente la siguiente: el plan general y la redacción de la primera parte son, sobre todo, obra de Crotus Rubianus (Johannes Jáger, hacia 1480-1539); el apéndice y la segunda parte son, sobre todo, obra de Ulrich von Hutten (1488-1523); la atribución ha sido hecha atendiendo al estilo: pertenecen al primero las cartas en las que prevalece el tono humorístico llevado con mesura y garbo; pertenecen al segundo las cartas de tono agresivo de sátira o de invectiva. Entre los posibles colaboradores ocasionales se cuentan, para la primera parte, a Hermann von der Busche (1468-1534), que primero se había dejado atraer por los dominicos y por eso tuvo ocasión de conocerlos directamente; y para la segunda parte, a Jakob Fuchs y Friedrich Fischer, los amigos de Hutten que con él habían estudiado en Italia, en Bolonia. En la complicada historia de las relaciones entre el Humanismo y la Reforma, estas epístolas constituyen uno de los momentos centrales.
M. Pensa

