El Muchacho y el Ciego, Anónimo

[Le garçon et Vaveugle]. Es la más antigua farsa francesa (siglo XIII), cerca de dos siglos precedente a la Farsa de maese Pathelin (v.), y nos presenta por vez primera la pareja del ciego y su acompañante, que tanto favor habrá de alcanzar en este gé­nero de composiciones, y que trasladada a España con El Lazarillo de Torm.es (v.) creará todo un género de sátira social.

En esta obra brevísima se presenta a un ciego que se lamenta de no tener criado y lo encuentra en un muchacho miserable que busca trabajo. Se ponen de acuerdo: Jehannet, el muchacho, acompañará a su nuevo patrón; el uno pedirá limosna y el otro cantará, con lo que ambos tendrán pan y dinero. Las limosnas no son abun­dantes, pero el ciego posee algunas econo­mías y ello les permite festejar su reconciliación después de un primer altercado. A pesar de que el pobrecillo sea digno de compasión por su condición de ciego men­dicante, hasta el muchacho se burla de él y le juega bromas de mal gusto, groseras aunque no exentas de espíritu cómico. Pero el ciego no es mejor que su criado; es cí­nico en sus actos y propósitos, borracho y avaro, tipo genuino del mendigo depravado que sabe procurarse la caridad de las gen­tes acudiendo a todo género de astucias. Basta recordar las palabras que dice a su criado: «Has de saber que el lazarillo debe saber un poco más que el diablo». Y el muchacho demuestra haber aprendido la lección.

C. Cremonesi