La Muchacha de Nieve, Aleksandr Nicqlaevič Ostrovskij

[Sneguročka]. Fábula dramática del escritor ruso Aleksandr Nicqlaevič Ostrovskij (1823- 1886), que fue estrenada en San Petersburgo en 1872. En el teatro de Ostrovskij, dedicado principalmente a temas costumbristas y a veces históricos, Sneguročka ocupa un lu­gar aparte como obra de libre imaginación poética, con referencias a la vida familiar rusa y alguna influencia de las fábulas de Gozzi y del Sueño de una noche de verano (v.) de Shakespeare.

Hija del rey Hielo y del hada Primavera, Sneguročka tiene el corazón de nieve. El sol no le dará nunca calor. Educada en los bosques, de los que ella conoce todas las voces, oye un día cantar al pastor Leí, que en el paganismo eslavo es una de las representaciones del amor. Vencida por aquella voz que le ha­bla de dulzuras desconocidas, Sneguročka pide a los padres que le permitan vivir la vida de los hombres. Entonces la confían a una excelente pareja de campesinos, y su madre le promete velar por ella. Pero Leí no la ama, mientras que de ella se ena­mora el pastor Misguir, que abandona a su novia Kupava, la cual tampoco puede amar porque tiene el corazón de hielo. La abandonada Kupava recurre a la justicia del buen zar Berendaj, gran bebedor de cerveza, con aspecto de dios, el cual se maravilla de que una muchacha tan her­mosa tenga el corazón de hielo y promete un buen regalo al que sepa enamorarla antes de que nazca el nuevo día. Pero Sne­gurocka sólo ama a Leí, y cuando lo ve junto a Kupava — la abandonada que quie­re vengarse — llama en su ayuda a madre Primavera.

El hada hace a la muchacha un don terrible: le concede amar a quien la ama. Y ella entrega su amor a Misguir. Pero un rayo del sol de estío la hiere, di­solviéndole su corazón de nieve. Entonces se celebra la fiesta pagana del solsticio y la criatura de sueño que quiere vivir en la realidad muere en los brazos del deses­perado Misguir. Sneguročka está justamen­te considerada como una de las más bellas obras de la poesía rusa, y sin duda ningu­na, es aquella en que el genio poético de Ostrovskij, que ya se había revelado en las «Crónicas históricas» (v. El falso Demetrio), pudo manifestarse con toda su fuerza crea­dora, no sólo en la creación de las figuras mitológicas, sino también en el lenguaje de los personajes, incluyendo entre ellos a las fuerzas mismas de la Naturaleza, en relación con los cantos populares rusos ela­borados por el poeta o por él recogidos en su forma originaria. La crítica de su tiem­po, cuando Sneguročka se puso en escena, lamentó la excesiva extensión de diálogos y monólogos, pero a decir verdad, esta ex­tensión no aparece sino en función de la riqueza de imágenes, estrechamente unidas entre sí y necesarias para la comprensión del todo.

El mismo hecho de que dos gran­des músicos, como Chaikovski y Rimsky- Korsakov, pusieran música a la obra, jus­tifica en cierto sentido esta superabundan­cia. No la justificó la música de Chaikovski en el estreno de Sneguročka porque al pú­blico y a la crítica disgustó sobremanera lo que hoy nos parece más interesante, su carácter híbrido entre drama y ópera, co­mo recientemente han vuelto a repetir al­gunos críticos, recordando la vieja polémica de si la fábula debía considerarse o no como un mero libreto de ópera. La indis­cutible derivación de la forma del Sueño de Shakespeare, constituye para nosotros una prueba más que suficiente de que la intención de Ostrovskij era crear una obra que pudiera vivir incluso sin música; fue seguramente un error el no haberla puesto en escena, confiando sólo en la fuerza de su poesía, aunque con algunos retoques para atender a las exigencias escénicas; de todos modos, como obra de arte, se con­serva intacta de toda contaminación y, su­perada la atmósfera artificialmente polémi­ca de una crítica incapaz de entenderla, conserva todavía hoy y conservará siempre su frescura y su deliciosa fascinación poética.

E. Lo Gatto