Comedia en tres actos y en prosa de Jacinto Grau (n. 1877), representada por primera vez en 1919. Mariano; un volitivo afortunado, casa, ya pasados los cincuenta, con una joven viuda, Isabel, y desde América la lleva a su casa de Madrid para presentarla a sus hijos, Guillermo, que es soltero, y Alberto, casado con Elisa. El encuentro entre la joven madrastra y los hijastros, que el escéptico Guillermo querría que fuese frío y que Alberto, admirador de su padre, quisiera entusiástico, resulta dramático, porque Alberto reconoce en Isabel a la mujer que unos años antes supo despertar la única gran pasión de su vida, e Isabel reconoce en el hijastro al hombre de quien había huido para mantenerse fiel a su propio marido. Elisa intuye lo que ocurre entre su marido y su joven suegra, pero calla. Isabel, tras un agitado y doloroso coloquio con Alberto, revela la verdad al marido y le induce a que la acompañe lejos de allí. Alberto, viéndose abandonado, está a punto de cometer una acción desesperada, pero Elisa se lo impide.
La comedia, que hasta este momento es una ágil comedia de costumbres, revela en la última escena un contenido original, una profundidad teatral y humana. Elisa escucha la confesión de su marido y se la hace suya: ella se ha casado con él sin amor y ha vivido junto a él anhelando un amor imposible, sufriendo un tormento que Alberto no podía comprender; pero ahora que el destino le ha infligido el mismo castigo, el mal común los unirá y de la comunión en el dolor podrá al fin nacer el amor.
A. R. Ferrarin

