El Misántrop , Molière

[Le Misanthrope]. Comedia en cinco actos, en verso, de Molière (Jean Baptiste Poquelin, 1622-1673), estrenada en París el 4 de junio de 1666.

La acción tiene lugar en una habitación de la casa de Céliméne, joven viuda. Mientras ella está ausente, aguardan su llegada Phi- linte y Alceste, el primero tolerante y con­ciliador, el otro en perpetuo conflicto con la sociedad, por un inflexible amor^ hacia la virtud y hacia la verdad. ¡Y está ena­morado precisamente de Céliméne, la mu­jer más apegada a las costumbres y las leyes del mundo! Llega Oronte, otro ena­morado, y a la fuerza quiere leer uno de sus malos sonetos y conocer la opinión que éste merece a Alceste, quien, de esta ma­nera, se procura un nuevo enemigo. En casa de Céliméne, Alceste, enfurruñado, repro­cha a ésta su coquetería. Ella, al defen­der su derecho de ser amable con todo el mundo, sume en la desesperación a Al­ceste, y le deja así, atendiendo a los de­beres de la sociedad, divirtiéndose en ha­blar mal de todos los conocidos. El misán­tropo reprocha ásperamente esta costumbre, pero todo el mundo se le echa encima. Su furor se concentra en los dos marqueses, Acaste y Clitandre, cortejadores de Céli­méne; pero tiene que abandonar el campo, ya que el asunto del soneto ha levantado una peligrosa cuestión de honor.

Los dos marqueses se ponen de acuerdo para que, cuando uno de ellos esté seguro del afecto de Céliméne, se lo diga al otro, quien re­nunciará. Arsinoé, secretamente enamora­da de Alceste, advierte a Céliméne que su coquetería es criticada severamente; la otra la informa de que su virtud es creída una ficción. Llega Alceste y Céliméne le deja con Arsinoé, que le compadece por amar a una indigna y le conduce a su casa para enseñarle las pruebas. Al tener­las, enfurecido, ofrece su corazón a la bue­na Eliante, prima de Céliméne, pero ella, a pesar de quererle, le aconseja que no se abandone al primer impulso. Él enseña a la coqueta la prueba de su engaño: una tarjeta sentimental que ha escrito a Oron­te; ella niega, dice que la tarjeta está diri­gida a una mujer. Puesto que la defensa es absurda y el hombre se lo demuestra, ella rehúsa toda explicación y le dice que crea lo que quiera, ya que no le basta su pa­labra. Entretanto, Alceste ha perdido un pleito, ya que no ha querido que se le recomendara a los jueces; otros apuros le da el asunto del soneto, del que no ha querido retractarse. Abatido, pero no ren­dido, piensa en abandonar la sociedad; pero antes él y Oronte piden a Céliméne que elija a uno de los dos.

La mujer no se decide; llegan los dos marqueses, cada uno de los cuales ha recibido una carta de amor de Céliméne, y se lo han comunicado: hay también unas palabras descorteses hacia otros cortejadores. Descubierta la maligna coquetería de la mujer, los marqueses se marchan con Oronte. Arsinoé trata en vano de sacar provecho de la desilusión de Al­ceste. Éste está dispuesto a perdonar, a ca­sarse con Céliméne, si consiente en aban­donar la ciudad y vivir con él en sole­dad. Es la gran prueba, de la que, sin embargo, la mujer no es capaz. Traiciona­do por todos lados, se marcha solo. Eliante casa con Philinte, que la ama y la merece. Es una de las grandes obras maestras del autor, escrita en el período culminante de su carrera, con Don Juan (v.) y con Tar­tufo (v.), en el tiempo más difícil y dolo­roso de su vida. Según el parecer de mu­chos, entre ellos Boileau, Goldoni y Goe­the, es su obra maestra. Una magnífica pintura de la sociedad mundana, ligera, de la que sale esta flor, la coqueta Céliméne, perfecta figuración de la femineidad; Alces- te es el rígido censor que lucha contra el mundo y que por un despiadado capricho de la suerte se ha enamorado precisamente de Céliméne; Philinte es el buen sentido que acepta a los hombres y a la vida tal como son, aunque no parece que represen­te todo el pensamiento del autor; tanta es la cerrada pasión puesta en Alceste, que además el autor-actor representaba en la escena.

Por cierto, el título primitivo — L’a­trabilaire amoureux — recuerda que la obra nació como una verdadera comedia, en la que las risas habían de ser provoca­das por el enamorado furibundo y som­brío; pero el personaje y la obra se han ido llenando de un espíritu ampliamente humano, donde — si no el reproche contra la sociedad en el sentido romántico — hay el sufrimiento por sus vicios, no disimu­lado por la risa. Y si ésta, para el Misan­thrope, era abierta en el tiempo de Molière, ha llegado a ser para los modernos una sonrisa pensativa. Aquí el mayor genio cómico de los tiempos modernos ha ensan­chado de tal manera los límites de la co­media, que ha hecho de ella una represen­tación de la vida, más intensa y apasionada que jocosa. [La primera trad. castellana es la de José Sedaño, 1771. Versión catalana en verso de Joan Oliver, Barcelona, 1954].

V. Lugli