El Loco y la Muerte, Hugo von Hofmannsthal

[Der Tor und der Tod]. Drama lírico del poeta y drama­turgo austríaco Hugo von Hofmannsthal (1874-1929), escrito en 1894 y publicado en 1899.

Claudio, mirando el sol poniente, piensa en el pasado. Refinado esteta, ha querido conquistar la vida a través del arte, pero el arte le ha nublado y ocultado la verdadera vida, y todas los cosas le han parecido simples imágenes de la realidad. Inútilmente ha intentado penetrar dentro de su más íntimo significado, hasta que, consciente de su impotencia y desilusionado, se ha abandonado en una renuncia inope­rante a la contemplación de su rico mun­do interior. Mientras se le van ocurriendo estos pensamientos, entra en escena, pre­cedida por el sonido de un violín, la Muerte. Claudio comprende que ha llegado su hora; pero nace ahora en él un vehemente deseo de llenar el vacío de los años transcurridos, y suplica a la Muerte que le permita que­darse aún en la tierra. La Muerte contesta impasible, diciéndole que hubiera debido respetar la vida; y con un sonido leve evoca la imagen de su madre, a la que él había hecho sufrir mucho, la de la muchacha que Claudio abandonó, la de su amigo al que él no defendió.

Claudio ahora entien­de que vida es abnegación, continuidad, responsabilidad moral; pero ahora ninguna lamentación puede ya salvarle, y cae exá­nime a los pies de la Muerte, sorda a sus desesperadas súplicas. El autor reemprende en esta obra el motivo ya desarrollado en Ayer ,(v.) y en la Muerte de Tiziano (v.): la búsqueda afanosa del verdadero sentido de la existencia terrenal, que sólo encuentra una completa justificación si se pone en relación con existencias anteriormente vi­vidas. Para emplear sus palabras, hay que «reconquistar la perdida unidad de vida con un mundo superior preexistente». Tal conquista es posible sólo a los seres que informan sus acciones sobre un ideal de solidaridad cósmica, que consiguen crear un contacto entre las cosas y establecer una continuidad entre los seres humanos. He aquí, por lo tanto, la condena del esteta, que «no es nada para nadie, y nadie para él», la denuncia del aislamiento cruel de una existencia sólo hedonísticamente recep­tiva, cerrada en un egoísmo pasivo, rígida en su indiferencia hacia los demás seres humanos.

Este es el esquema de la obra, cuya tesis es transparente pero nublada por una magnífica riqueza de imágenes, de rit­mos y de armonías. Junto a la musicalidad romántica, a la refinada representación de la muerte, encontramos en ella la atmós­fera misteriosa de las obras maeterlinckianas, en tonos de poesía suaves, sugestivos y profundos. Más que drama, la obra se puede definir como la meditación lírica de un artista, que en su refinada sensibilidad ha vivido y comprendido los conflictos y los tormentos del alma contemporánea.

C. d’Ancona