El Libro de Urizen, William Blake

[The Bock of Vrizen]. Es el cuarto de los siete libros proféticos de William Blake (1757-1827) com­puesto en 1794. Urizen es el «padre de los Celos».

Representa la concesión ortodoxa de la divinidad contra la que se rebela Blake. Y el mito del Libro de Urizen es un intento para explicar y aquilatar la idea popular que pretende saber por qué el demonio es venerado como un dios por la humanidad engañada y fracasada. Todo el mal proviene de la afirmación individualista de Urizen, cuyo egoísmo quebranta la uni­dad eterna: el tenebroso poder de Urizen, vana sombra de horror surgida de la eter­nidad, ha superado el genio poético uni­versal, el espíritu Infinito y Eterno, hacién­dolo caer en innúmeras diversidades de fenómenos: «separó uno tras otro los vien­tos, midió espacio con espacio… creó mon­tañas desoladas, azotadas por el vendaval sombrío…». Nutridas por su abandonada crueldad «surgieron formas de bestia, de pájaro, pez, serpiente, y elemento, combustión, tempestad, vapor y nube». Una estri­dente trompa gritó: «¿Por qué, seres eternos queréis morir? ¿Por qué vivir entre llamas inextinguibles? He aquí que yo ilumino mi oscuridad y sobre esta roca pongo el libro de bronce escrito en mi soledad. Una ley de paz, de amor, de unidad, de piedad, compasión y perdón… Una sola orden, una alegría, un deseo… Una maldición única, un peso, una medida, un rey, un Dios, una ley».

La diferenciación origina la prisión del espíritu en la cárcel de la personalidad, y la vida sexual del hombre, que es otra causa del mal. «Toda la eternidad se estremeció al descubrir una mujer, forma pálida y temblorosa, pero cuando Los vio a la mujer, sintió compasión y la abrazó: ella resistióse y con perverso y cruel deleite huyó de sus brazos… La Eternidad se estremeció cuan­do vio al hombre engendrar su semejante: un aullido acompañó el nacimiento de la sombra humana. Y Urizen se horrorizó al ver aparecer su eterna creación y conver­tirse en hijos e hijas del dolor… Su alma sintió repugnancia de ellos y les maldijo, porque cayó en la cuenta de que no había carne ni espíritu capaces de observar por un instante sus leyes férreas; y que la vida se nutría de muerte… hasta que una oscura y fría maquinación dominó a todos los ele­mentos torturados por el dolor que sentía el alma de Urizen; y todos la llamaron la red de la religión». La liberación, para Blake, vendrá de la muerte, que destruye el poder de Urizen y restablece la unidad del alma con el Espíritu universal, sin des­truir su individualidad.

G. Pioli