El Libro de la Consolación, Johannes Eckhart

[Lí­ber Benedictus]. Pequeño tratado de mís­tica consoladora, del gran místico especu­lativo alemán Johannes Eckhart, conocido por Meister Eckhart (mediados del siglo XIII-1327). El título le viene del texto de San Pablo con que se abre: «Benedictus Deus… pater misericordiarum et Deus totius consolationis». (Epístolas a los corintios, v., segunda, I, 3). Se propone sacar de prin­cipios y consideraciones generales, treinta sugerencias y enseñanzas consolatorias para todo género de adversidades, daños exte­riores, dolores de nuestros más queridos amigos, dolores personales del cuerpo o del corazón.

El místico, para quien el alma hu­mana es mediación de Dios consigo mismo, y que siente el fondo del alma tocar a Dios mismo e identificarse con Él («el alma tiene dos rostros: el uno dirigido hacia el mundo y hacia el cuerpo, el otro hacia Dios») al­canza la fuente primera y perenne de toda consolación en la constitución divina del hombre. «Las más elevadas facultades del alma… están en el puro fondo del alma, ri­gurosamente separadas del tiempo y del espacio, y de todo cuanto tiene con ellos relación o guarda rastro de ellos… Nosotros somos los unigénitos de Dios… Yo soy hijo de lo que me forma y me genera según Él, en la misma condición suya… Aquí se en­cuentra la verdadera consolación de todo dolor… digo yo: en Dios no hay tristeza, ni dolor, ni adversidad… Todo sufrimiento tuyo proviene sólo de no volverte hacia Dios. Si estuvieses generado y formado en rectitud, nada podría ponerte afligido, por­que nada puede hacer que la rectitud sea dolorosa para Dios. Dolor y adversidad no pueden caer sobre el justo más que sobre Dios… Lo no recto no puede producirle dolor, porque todo lo finito está puesto bajo sus pies. El hombre debe desnudarse de sí mismo y de todas las criaturas y no conocer otro padre sino Dios; entonces ni Dios ni criatura alguna podrían traerle dolor, por­que todo su ser, su vida… sus acciones vie­nen de Dios, son en Dios, son el mismo Dios».

Así, el místico alemán se muestra penetrado todo él del sentimiento profundo de la comunidad y del connubio inefable entre lo divino y lo humano celebrado en lo profundo del alma. Otro motivo funda­mental : «Toda pena procede del amor a aquello de que fui privado; así, pues, si la pérdida de cosas exteriores me aflige, es se­ñal que las amo…, que mi amor se va a las criaturas, mientras pertenece a Dios. El que en las criaturas amase sólo a Dios, hallaría que por todas partes hay justa e igual consolación». Siguen los treinta argu­mentos especiales, a decir verdad no todos del mismo valor confortador, y muchos de ellos abundantemente usados por estoicos, cínicos y epicúreos; pero sobre todos domina el motivo: «Renuncia a ti mismo, de cora­zón a corazón, uno en el uno; así lo quiere Dios, enemigo de todo alejamiento y extra­ñamiento…, trasciéndete a ti mismo; con­templa en ti mismo el uno único». [Trad. castellana de Alfonso Castaño Piñón con el título de El Libro del Consuelo Divino (Buenos Aires, 1955)].

G. Puccini