[Lahuta e malcis]. Poema en treinta cantos del franciscano Gjergji (Jorge) Fishta (1871-1940), poeta nacional de Albania, publicado en dos volúmenes en Zara (1905-06). Esta obra, en la que se exaltan las virtudes guerreras y cívicas, las tradiciones y las costumbres del pueblo albanés, está considerada, por la sonoridad del verso, la belleza de la lengua, y lo atrevido de las imágenes, como la expresión más alta del genio de la raza albanesa.
La obra de Fishta deriva directamente, tanto en la forma métrica como en el contenido, de la poesía popular; muchos episodios, ya existentes en las leyendas patrias, son recogidos en ella y transformados en un todo fantástico, constituido por héroes, seres sobrenaturales, monstruos pavorosos, criaturas fabulosas. El poeta ha titulado su obra el Laúd de la montaña, para presentarse como una especie de rapsoda rústico; este carácter rapsódico domina toda la estructura de su obra. En el poema, que narra episodios de las guerras sostenidas por el pueblo albanés en los últimos decenios del siglo pasado hasta 1912, falta, en efecto, la unidad de acción; apenas si puede descubrirse un hilo de continuidad histórica en las peripecias tratadas. Pero no sólo se cantan episodios bélicos, sino que se intercalan, con gran vivacidad de colorido, leyendas populares y tradiciones cívicas, exaltadas como el tesoro moral de la raza, y se ponen de relieve, dentro de una atmósfera sugestiva, las normas establecidas en el famoso Kanun’i Lek Dukagjinit, esto es, el Derecho consuetudinario de Lekë Dukagjinit (siglo XII). Son notables también otros cantos dedicados a acontecimientos históricos, como el «Congreso de Berlín» (VII), la «Guerra balcánica» (XXIX), la «Conferencia de Londres» (XXX); donde la épica cede su puesto a la sátira política, en la que Fishta se mostró maestro.
El carácter fundamental del poema reside en esta fusión de la épica con la leyenda, del hombre con el ser sobrehumano. Es típico el episodio de la Kulshedra, monstruo a un tiempo terrestre e infernal, que, salido de la caverna de Shala, desencadenó el huracán por montes y valles, tratando de destruir hombres y cosas. Este monstruo será exterminado, tras una lucha terrible, por los dragoi, hombres decididos y superiores que lo vencen proclamando el triunfo de la inteligencia humana sobre la fuerza brutal. A las imágenes, dignas de Esquilo, del episodio de la Kulshedra, se oponen otras muy delicadas referentes a Tringa, la bella muchacha de ojos de estrella y de frente como la luna, que herida de un balazo en la frente muere, y la sepultan con ritos piadosos las Zanas, ninfas de la tierra, que la amaron en vida. En ambos episodios, mito y humanidad se funden en una atmósfera fantástica, y en esta fusión hechos y hombres son proyectados sobre un mundo remoto y primitivo.
G. Schiró

