El Juego de Abalorios, Hermann Hesse

[Das Glasperlenspiel]. Novela de Hermann Hesse (1877-1962), en dos volúmenes, publicada en 1942. Se trata ciertamente de una obra enig­mática. El título alude a un juego puramen­te intelectual, presentido ya por Pitágoras, por los antiguos chinos, más tarde por los humanistas, por el Renacimiento y por los filósofos románticos. Todos soñaron, dice Hermann Hesse, «en encerrar el universo es­piritual en círculos concéntricos y unir la belleza viviente del arte a la magia de las fórmulas de las ciencias exactas». El nom­bre del juego se debe a que su inventor, Bastien Perrot, teórico de la música, utili­zaba perlas de vidrio en lugar de signos gráficos. Pero después de mucho tiempo las perlas no sirvieron para nada. En breve, los «jugadores» buscaron un lenguaje secreto, pero universal, que expresara por medio de un álgebra simbólica la quintaesencia de las ciencias y las artes. A semejanza de los sue­ños mágicos de Novalis, Hesse imagina un pequeño Estado, completamente espiritual, al que él llama Castalia (=País de la Cas­tidad).

Una «élite» de jóvenes se dedica a la música, a la astronomía, a las matemá­ticas, y renuncia al matrimonio y a toda labor remunerada; los extranjeros pueden permanecer allí algún tiempo y regresar rá­pidamente al mundo. La acción ocurre en el año 2200. El héroe, Joseph Knecht, tiene asi­mismo un nombre simbólico (Knecht=Ser­vidor), y su fingida autobiografía es la que Hesse habría escrito de una existencia ante­rior de sí mismo. Knecht enseña a los Benedictinos el juego de abalorios, es decir, la orden laica que él representa debe enta­blar relaciones con la religiosa que dirige el P. Jacob, un historiador. Por él, Knecht conoce el valor de la ciencia histórica. Es escogido para desempeñar el importante cargo de «magister ludi», maestro del juego.

Pero al estudiar la historia descubre que Castalia y el juego son perecederos; tan grande es la oposición existente entre un mundo exterior y dinámico y el mundo per­fecto, pero estático, de Castalia. Es necesario, pues, incorporar Castalia al mundo. Knecht pide ser relevado de sus funciones y poder enseñar a. los niños. Se transforma en preceptor del hijo de un amigo suyo, admirador de Castalia. Ambos se instalan en una casa de montaña. El muchacho celebra con una danza la salida del sol y luego se sumerge en las aguas de un lago, invitan­do a Knecht a seguirle. Knecht se arroja junto a él, pero, preso de frío, se hunde y no vuelve a aparecer. Aquí se interrumpe bruscamente la fingida biografía, cuya reso­nancia prolonga Hesse en una última parte, publicando los supuestos poemas y notas de Knecht. Uno de estos poemas es esencial para la comprensión del pensamiento de Hesse. Se titula «Escalera» (Stufen), des­pués de haberse titulado primeramente «Transcendencia». El hombre no debe dete­nerse en ninguna etapa de su vida; debe estar siempre dispuesto a penetrar en un nuevo círculo, como en el juego de las per­las; posiblemente la muerte misma nos conduce a un nuevo espacio. Knecht revela que ha conocido ya tres vidas anteriores (deseadas por Hesse): entre los paganos fue «artífice de la lluvia»; entre los prime­ros cristianos, confesor; en la India fue vidente. Su muerte preludia una nueva en­carnación, pues el espíritu no conoce el descanso. Hesse da así un sentido a la vida, y a la humanidad un ideal, la constante regeneración.