El Homenaje a las Artes, Friedrich Schiller

[Die Huldigung der Künste]. Es la última obra poética de Friedrich Schiller (1759-1805); pequeña escena en verso, compuesta en cuatro días, con ocasión de la llegada a Weimar, el 12 de noviembre de 1804, de la joven archiduquesa María Paulowna de Ru­sia, esposa del príncipe heredero de Sajonia- Weimar, Carlos Federico, hijo del duque Carlos Augusto. Es una de las raras obras de ocasión del poeta en homenaje a la familia de los príncipes mecenas; bajo la apariencia alegórica, Schiller expone una vez más su concepción del arte y su visión ideal de la vida. Una familia de pastores, rodeada de simples e ingenuos campesinos — los súbditos del ducado —, trasplanta a la tierra nativa un bello árbol exótico: éste representa a la futura reina, que viene de un país extranjero, a quien se desea que el nuevo país que la recibe le ofrezca todas las alegrías de la patria. Aquella gente sencilla invoca entonces al genio de lo bello para que les conceda el poder ligar a la tierra la criatura exótica; y el genio dice que sólo un vínculo es capaz de ligar la patria anti­gua con la nueva: el arte, y lo que el arte expresa, la belleza. Por eso comparecen las siete artes en homenaje a la princesa: ar­quitectura, escultura, pintura, poesía, arte dramático, música y danza, todas familiares a la tierra rusa, pero que viven también en Weimar. Y cada una de estas diosas da la definición de sí misma. Especialmente bellas son las palabras de la poesía, que vuela libre de la tierra al cielo y nada conoce mejor que «una alma bella bajo una forma bella»; el arte dramático después, con su doble máscara seria y alegre, expresa el profundo concepto que Schiller tiene del drama: «cuando se ha visto el gran juego del mundo, se vuelve más rico dentro de uno mismo; porque toda discordia se apaga en el pecho del que vuelve su mente al Todo». Después, todas las artes se cogen de la mano para tejer juntas la alfombra de la vida, sobre la que caminará la joven princesa: «ya que sólo de la bella unión de todas las fuerzas anhelantes se eleva, activa, la verdadera vida». [Trad. de Emilio Mata en Poesías líricas, tomo II (Madrid, 1907)].

C. Baseggio-E. Rosenfeld