El Hombre que Corrompió Hadleyburg, Mark Twain

[The Mann that Corrupted Hadleyburg]. Narración del escritor norte­americano Mark Twain (pseud. de Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910). La primera edición es de 1891, pero más tarde ha sido reimpresa junto con otros cuentos y ensayos. Entre las muchas narraciones breves de Twain, es ésta sin duda la que ha obtenido más fama, haciéndose casi proverbial.

Had­leyburg es un poblado americano de pocos’ millares de habitantes, que se jactan de una tradición de honradez incorruptible. Un misterioso personaje, impulsado por la sed de venganza a causa de las sinrazones que con él han cometido los hadleyburgueses, inventa una burla destinada a descubrir a los ojos del mundo la verdadera condición moral de aquellos ciudadanos o, por lo me­nos, de los diecinueve más conspicuos y más estimados entre ellos. Deja cerca del cajero de la banca local un saco y una carta; la carta dice que el ’saco está lleno de mo­nedas fie oro y que se destina a un habitante de Hadleyburg que muchos años antes había regalado veinte dólares a un viajero ham­briento, al que dió, además, algunos buenos consejos. Con el fin de identificar a este filántropo, deberá invitársele a escribir en una caja cerrada el texto exacto de la frase con que fue acompañado el regalo. Concurren los diecinueve ciudadanos más influyentes, y todos quedan públicamente convictos de mendacidad, hasta que se des­cubre que las monedas del famoso saco son de plomo dorado, y el poblado se ve obli­gado a cambiar de nombre.

La farsa ad­quiere color de tragedia en el caso del viejo cajero y de su mujer, los cuales, gracias a la práctica seguida por el misterioso per­sonaje, quedan a salvo de la vergüenza común, hasta que la golosina del oro les trastorna y les hace morir. Éste es uno de los casos en los que Twain ha llevado el humorismo hasta la tragedia, no sólo por el hecho de que mueran dos viejos, sino porque el autor espera hasta última hora que alguno de los personajes se salve de la condena­ción general, mientras todos sucumben. La narración revela una visión dura y pesimista de la realidad moral humana, visión que por otra parte constituye el sustrato recón­dito de toda la obra de Twain. En el volu­men de 1917, además de éste, se contienen otros famosos cuentos de Twain, tales como «El billete de un millón», «El estreno de un literato», «¿Está vivo o muerto?» y la «Pe­tición a la reina de Inglaterra».

C. Pellizzi