El Hombre de los Cuarenta Escudos, Voltaire

[L’homme aux quarante écus]. Narración original de Voltaire (François- Marie Arouet, 1694-1778), publicada en 1767. Artísticamente es la narración menos feliz del autor, debido a la riqueza y variedad del contenido filosófico que ahoga a la fá­bula.

Su protagonista representa al hombre económicamente medio de Francia, con los cuarenta escudos de renta que saca de su pequeña propiedad. Desgraciadamente, los impuestos se le llevan por lo pronto doce, y el poder legislativo y ejecutivo, copropie­tario por derecho divino de todas las tie­rras, durante la última guerra le ha exigido veinte, y al no tenerlos, lo ha encarcelado. Al abandonar la prisión tropieza con un rico señor que es poseedor de ocho millones, contantes y sonantes y no ha tenido que pagar impuesto alguno; ello le lleva a pre­guntar que le explique el porqué a un geómetra y, después, a mi filósofo. Éste le explica el sistema de distribución de los impuestos en los otros países, entre los cuales el más acertado es el de Suiza; sintiendo curiosidad por todos los problemas, recoge luego las confidencias de un agricultor de­cepcionado, discute acerca de las diversas teorías que explican la generación y la fe­cundación, para llegar, como resultado final, a la duda. Porque nuevas cuestiones sur­gen: el daño social producido por las comu­nidades monásticas, la inutilidad de la pena de muerte, el horror de la tortura, la im­portancia de la instrucción y de los libros, la difusión del saber, y así sucesivamente.

Poco a poco, el protagonista ha terminado por hacerse una cultura y, mejorada su suerte, gracias a una oportuna herencia, se ha procurado una hermosa biblioteca. Ha dejado de ser el anónimo «hombre de los cuarenta escudos» y ahora es el señor An­drés, quien, sentado a la mesa, y entre las reverencias de los comensales, aborda las más distintas cuestiones: económicas, socia­les, literarias, artísticas e incluso teológicas, celebrando haber nacido en una época de progreso para la razón humana. La unidad central de este fragmentario y enciclopédico semillero de ideas hay que buscarla en el apasionado interés del escritor por los pro­blemas del bienestar social, que ve frustra­do a causa de las ingerencias de la reli­gión, de la mala distribución de los impues­tos, de la deplorable organización de la justicia y de la ceguera de la ignorancia.

E. C. Valla