El Hijo de una Criada, August Strindberg

[Tjensteq-vinnansson]. Narración autobiográfica de August Strindberg (1840-1912), publicada en 1886-87. Es una serie de recuerdos y bocetos del estrecho ambiente en que cre­ció y se formó Strindberg en Estocolmo hasta que se matriculó en la universidad en 1867.

La infancia y la juventud habían sido la edad ideal de muchos románticos: Strindberg, escritor viril, nada romántico, consideraba, en cambio, aquella época de la vida como una fase inmatura, inferior. Nada de idealizaciones, por tanto, en estos recuerdos, en los cuales volvemos a encon­trar con las limitaciones impuestas por la fidelidad hacia el pasado, las cualidades de incisiva y amarga observación, que habían constituido la originalidad de la Sala Roja (v.). La primera edad del hombre transcu­rre en el círculo de la familia y de la es­cuela, y éstas son naturalmente objeto prin­cipal del libro. La escuela media pública, en Suecia, era por entonces predominante­mente formalista en la enseñanza; anticua­damente rígida en la disciplina. De aquí la oposición del escolar sensible e impulsivo, que no podía sufrir los castigos, más inclinado a las ciencias naturales y a las lenguas modernas que al latín, cuyo valor no supo apreciar. Por esto se halló mejor en la escuela privada, guiada por una pe­dagogía más comprensiva y moderna. Strindberg no reconoce haber recibido impulsos vitales de la escuela; aprendió más con sus propias lecturas y estudios; pero, indirecta­mente, la escuela, por la convivencia con sus compañeros, contribuyó a formarlo so­cialmente en medida mucho mayor que la familia.

De su padre, hombre de maneras distinguidas y ocupado en negocios que no siempre andaban bien, y cuyo matrimonio con una mujer de clase inferior era de los que la sociedad no suele juzgar con tolerancia, y de su madre, que de muchacha había servido en una casa de huéspedes, y era una buena mujer, que conservó siem­pre costumbres sencillas, Strindberg hace un retrato de contornos precisos, o sea, sen­timentalmente distante, sobre un fondo gris. Este fondo es el ambiente de familia, con la casa de vecindad en los arrabales de la ciudad; los hijos necesariamente confiados al cuidado de las criadas; las estrecheces, con lo que de mezquino traen siempre con­sigo, la falta de comprensión y de simpatía entre padres e hijos. Esta mezquindad do­méstica no constituye, sin embargo, a los ojos del escritor una desgraciada excepción; por el contrario ve en ella reflejada la mezquindad universal de la familia, en su insuficiencia universal. La familia, apunta crudamente, «le pareció siempre una fonda donde se come y se duerme gratis», y los recuerdos de la falsa pedagogía en ella practicada, i hacen prorrumpir a veces en invectivas: «Familia, eres el hogar de todo vicio social, el refugio de todas las mujeres que no quieren ganarse la vida por sí mis­mas; la ardiente prisión de todo padre de familia; ¡eres el infierno de los niños!» De estos recuerdos, pues, se origina la polé­mica contra las instituciones sociales; y por este aspecto la novela que comentamos au­tobiográfica se halla en la misma línea de la Seda Roja y, aparte su mucha menor vio­lencia, de los bocetos y las caricaturas de Esposos (v.).

V. Santoli