[Der Fall Wagner]. Obra del pensador alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), escrita y publicada en 1888. En este escrito, Nietzsche ataca a la música de Wagner, que él considera nociva como una enfermedad; y al propio tiempo dirige una dura crítica contra la modernidad, cuyo arte decadente está todo él formado por pequeñas cosas. La música de aquel «piadoso seductor», como llama a Wagner, no es pura, leve y serenamente profunda, como debería ser la verdadera música y como es, según Nietzsche, la música de Bizet: la música de Wagner es tenebrosa y crepuscular y busca siempre su explicación en la idea. Wagner, «este Cagliostro de la modernidad», es un artificioso comediante que quiere aturdir con poderosos efectos, con ese sentido de grandiosidad y misterio que suele suscitar en torno a sus héroes; mas si se les quita aquel manto sugestivo, los acontecimientos de sus dramas musicales se reducen a menudencias y sus intérpretes a almas pequeñas. Ya no hay, en efecto,, en nuestra época capacidad para el gran arte y para las poderosas concepciones míticas; cuando se intenta resucitarlas, la grandiosidad es siempre artificial porque no nace de la maravillosa plenitud de vida de las almas que Nietzsche llama «ascendentes».
La debilidad decadente de la época moderna no tolera el ímpetu de la vida y se refugia en la negación, alimentándose de la moral cristiana que predica al hombre el desprecio de sí mismo y de la vida. Pero, mientras el Cristianismo es, cuando menos, la pura flor de la decadencia, la música de Wagner, que tanto cuadra al espíritu alemán, no tiene siquiera la finura de distinguir los contrastes; confunde y mezcla la moral de los amos, es decir, la de la afirmación, con la moral del renunciamiento; todo le sirve como ingrediente, todo es bueno para turbar y seducir las almas de los espectadores. Es menester, pues, combatir esta música por insana e impura, combatir la falsedad y la duplicidad del instinto que representa, y que trastorna a toda la época moderna. Esta obra, que algún autor ha considerado injustamente como el desahogo de un resentimiento morboso, no es, en realidad, otra cosa que un vigoroso documento del espíritu profundamente antirreumático que inspira la obra de Nietzsche, empezando por Humano, demasiado humano (v.) hasta la tentativa culminante de la Trasmutación de todos los valores (v.). [Trad. de Luciano de Mantua,, en el volumen últimos opúsculos (Madrid, s. a.)].
G. Alliney

