‘E Lluce-Luce, Rocco Galdieri

Colección de poesías en dialecto napolitano de Rocco Galdieri (1877-1923), publicada póstuma en 1928. En la poesía de Galdieri no hay nada seme­jante a las arietas del siglo XVIII de Di Giacomo, a las truculencias folklóricas de Russo y al júbilo «piedigrotesco» de Murolo. Más bien es la expansión de una persona­lidad que adquiere conciencia de sí misma. Con razón Adriano Tilgher vio en Galdieri adquirir voz poética aquel aspecto del alma napolitana hecho de escepticismo consciente y resignado, de sentenciosidad jui­ciosa y experta. Pero en vez de arraigarse en la experiencia secular de su pueblo, la cordura de Galdieri brota de una sensibili­dad exasperada y doliente, de un conflicto entre el corazón y el pensamiento que él llevó dentro de sí perpetuamente.

Esta ac­titud refleja desde sus primeros poemitas (’Onievo y ’A Serpa, 1894-1895) con un acento angustiado y lacerante de una con­ciencia que se consideraba indefensa contra la vida. Incapaz de adaptarse al mundo, el poeta se retrae de él, para considerarlo con la entristecida ironía de quien ve los límites fatales opuestos a la bondad, a la verdad y al amor. La contraposición del mundo tal como es, al que él quisiera, se complace en disimularse en él bajo un mo­ralizar ora angustiado («’O Bammino», «Signurenella», «’A casa senza solé», etc.), ora amargo e irónico («’O ccafé», «’A cuperta»), ora prolongado en reviviscencia romántica a la manera de Gozzano («O’ Cinquanta»), ora agrupado en una aforística veteada de tristeza («Sale e sapienza»). Él no cree y querría creer, busca una comu­nicación humana y no la encuentra sino en el dolor; y el dolor del sacerdote que llora consagrando la hostia a la misericordia de Dios («’O Preveto»), o de los niños que se despertarán sin madre («’O ’ntrattieno»). La intensidad emotiva de estos contrastes se rescata de toda referencia episódica en los dos últimos grupos de poesías, «Alleramen­te» y «Canzuncine airamico malato», que reducen a una pura presencia del alma aquel sentido de grave tragedia que da a la poesía de Galdieri un fondo de delirio y desespe­ración.

La vida ha abandonado ya al poeta. La llamarada de su último amor la ha de­jado sólo cenizas en el corazón («L’undermo ammore»), y la guerra ha quemado en su hoguera las últimas certidumbres. En el mundo del poeta entra como dueña la Muerte («Na Dummeneca passa…», «Notte», «L’albero ’e pigna»). El arabesco del deseo se simplifica en imágenes infantiles : despertarse una mañana y hallar la ciudad cubierta de nieve («Desiderio»); o imitar el juego del niño que eleva su cometa en el terrado de enfrente («’A cumeta»). Ten­dido en su butaca de enfermo, espera, ya resignado, lo inevitable, la terrible visi­tante «ca trica ma vene» («que tarda pero viene»). Se origina de este modo lo que constituye el aspecto más singular de la poesía de Galdieri: el humorismo, un humorismo que se sostiene sobre un hilo pavoroso. Su destino le parece una cosa grotesca, y él convertido en representación espectral de sí mismo, puede sonreír ante el hombre cuyos últimos gestos de defensa son ya tímidas súplicas («’A spia»), y los suyos velando su propio cadáver («’A veglia»). Ligado al dialecto por el vínculo ‘exterior del lenguaje, Galdieri concluye y sella cincuenta años de poesía dialectal, y en su enriquecerse de significados espiri­tuales revela el aliento de un arte que se encamina a la vida de la cultura y del espíritu nacional.

C. Capasso