Los Misterios del Pueblo, Eugène Sue

[Les mystères du peuple ou Histoire d’une fa­mille de prolétaires à travers les âges]. Novela social de Eugène Sue (1804-1857), publicada en dieciséis volúmenes entre 1849 y 1856. Fresco todavía el clamoroso éxito de los Misterios de París (v.), que tuvo a Francia pendiente de las entregas del Journal des Débat» (v.), el autor esta vez no se limita a denunciar las miserias y llagas de una sociedad ni de una época, sino que quiere dar una visión totalitaria de la historia humana a la luz del opti­mismo propio del cuarenta y ocho.

El mer­cader de tejidos Marco Lebrenn, que cons­pira por la revolución, durante las agita­ciones del 48, en una barricada, salva la vida del conde Gontran de Plouernel, co­ronel de dragones, a pesar de que éste atenta, contra la virtud de su hija. El triunfo de la reacción permite al coronel pagar su deuda, haciendo libertar de las galeras al mercader. Cuando su hijo cum­ple los 21 años, Lebrenn reúne a sus fa­miliares en una misteriosa habitación, don­de conserva una extraña colección de objetos reunidos a lo largo de dos mil años con aportaciones de diferentes miembros. Por una serie de manuscritos que acom­pañan la colección (que competiría con un museo arqueológico), los hijos de Lebrenn conocen extensamente la historia de sus antepasados desde tiempos de los druidas hasta el golpe de estado de Luis Napoleón: en el curso de esta historia, resulta que más de una vez los Lebrenn han tenido relaciones con los Plouernel. Los diversos episodios que constituyen las partes de la larga novela toman el título de cada uno de los objetos de la colección: «La hoz de oro o la carreta de la muerte», «La cam­panilla de cobre o la conquista de César», «La cruz de plata o el carpintero de Na­zareth», etc., hasta el eslabón de la cadena de galeote del señor Lebrenn, y constitu­yen las etapas simbólicas de la historia de Francia, desde la esclavitud hasta el reino de la justicia prometido por la que se llamó la «révolution du feuilleton».

Or­gías de nobles, atrocidades de reyes, tor­pezas de papas y del alto clero católico están presentadas en cuadros vastos y elocuentes, donde el realismo se suaviza con un lirismo declamatorio y melodramático que no tiene nada que ver con la imagina­ción creadora, pero que no dejó de influir en Hugo, Balzac y Zola.

C. Capasso