Crónica de Don Manuel, Damiáo de Goes

[Chronica de D. Manoel]. Obra histórica del humanis­ta Damiáo de Goes (1502-1574), que fue can­ciller de Portugal en Flandes. Iniciada por encargo del cardenal Enrique, hijo del rey don Manuel I, el trabajo ocupó a Goes des­de 1558 hasta 1566, en cuyo año salieron las dos primeras partes de la Crónica; las dos partes restantes vieron la luz en 1567.

La obra se relaciona con la Crónica del prín­cipe don Juan (v.), que viene a ser como una introducción de aquélla. Goes comienza trazando la historia de Portugal en el cua­dro de acontecimientos europeos a fines del siglo XV y principios del XVI. Indicadas las fuerzas que determinaron el impulso de la primera expansión de Portugal bajo la casa de Avis, Goes pasa a narrar la prodigiosa historia de la conquista portuguesa que, en el reinado de don Manuel, se extendió desde África a Oriente. Para facilitar su obra de expansión, el rey llevó todavía más adelante la concentración del poder en la corona y siguió una política de acercamien­to a los soberanos católicos, casando a su hija y decretando la expulsión de los judíos y de los musulmanes. Favoreció en tanto los viajes de descubrimiento y el es­tablecimiento de nuevas colonias. En tanto Vasco de Gama desembarcaba en Calicut, en la India, tras de haber hecho el periplo del África (1498), Pedro Álvarez Cabral descubrió el Brasil, Gaspar Corte Real tocó en Terranova y Joáo da Nova desembarcó en la isla de Santa Elena.

Había nacido un gran imperio colonial y Manuel tuvo la for­tuna de encontrar hombres fieles y capaces de organizarlo y desenvolverlo. Famoso so­bre todos fue Alfonso de Alburquerque, pri­mer virrey de las Indias y conquistador de Malaca y Joao de Castro, gran navegante y gran guerrero. La narración termina con la muerte del rey, ocurrida en 1521. Goes, que estudió en Lovaina y en Friburgo, y que debió conocer a Erasmo, Lutero y Melanchton, es un escritor que sabe equilibrar el respeto de la tradición con el amor a la verdad y el gusto por los documentos. Su historia ofrece posibilidades estructurales de desenvolvimiento narrativo, lo que hace de él un escritor clásico.

C. Capasso