La crónica de Bernat Desclot es una de las mejores entre las «cuatro perlas» de la historiografía catalana medieval. Relata los acontecimientos del reinado de Jaime I y más minuciosamente del de su hijo Pedro el Grande para el cual representa la mejor de las fuentes. Encabezan el texto unos capítulos dedicados a episodios sobresalientes de los reinados de Ramón Berenguer IV, Alfonso el Casto y Pedro el Católico, sumariamente enlazados entre sí. Las fuentes inmediatas o remotas de esta crónica son predominantemente legendarias en los reinados anteriores al del Conquistador, especialmente historiográficas en el de éste, mientras en el de su hijo son puestos principalmente a contribución los recuerdos personales del autor o de testigos presenciales de los hechos narrados, muy a menudo contrastados con abundante documentación coetánea.
El ámbito cronológico de la obra abraza desde la primera conquista de Mallorca en 1114 hasta la muerte de Pedro el Grande en 1285; pero la minuciosidad, exactitud, precisión y dramatismo del relato llegan a su grado máximo en la narración de los acontecimientos del cuatrienio 1281-1285 que ocupa noventa y cinco de los ciento sesenta y ocho capítulos del conjunto. Tanto por la objetiva veracidad de sus noticias, salvo en lo que se refiere a las narraciones legendarias de los primeros capítulos, como por la vida que cobran sus personajes y los ambientes en que se desenvuelven, como asimismo por la limpia belleza y expresividad de su lenguaje, Bernat Desclot ha merecido ser llamado «cronista modelo de la Edad Media». A la formación de su manera literaria contribuyeron la prosa cancilleresca de los documentos con su precisión y su rigor lógico, las creaciones del alma popular con su frescura y su latido vital, los géneros narrativos, en verso y en prosa, de la época, con su rico instrumental de tópicos y de recursos expresivos, el estilo cortés con su delicadeza y su gracia, la Escritura con su lección moral y la elevación de sus conceptos. Es preciso subrayar sobre todo la altísima calidad de los diálogos y de las piezas oratorias que pone en boca de sus personajes.
En muchos de los pasajes de la crónica han podido rastrearse abundantes y evidentes restos de versificación, procedentes sin duda de poemas narrativos que debieron estar en boga durante los siglos XII, XIII y primera mitad del XIV y que sólo han podido llegar hasta nosotros a través de sus prosificaciones en las crónicas. De Bernat Desclot no se conoce más que el nombre, pero recientemente se ha sugerido con razones plausibles su identificación con Bernat Escrivá, personaje que llegó a ser tesorero de Pedro el Grande y camarero de su hijo y sucesor Alfonso el Liberal, y que encontramos abundantemente documentado entre 1273 y 1288, a fines del cual dejó de existir. Del estudio interno de la crónica hay que deducir que su redacción se inició en 1283 y que debió terminarse quizá a fines de 1286, o, lo más tarde, a mediados de 1288, y en todo caso antes del 20 de junio de 1295. Esta crónica ha dejado honda huella en la historiografía posterior, tanto en la medieval como en la moderna y ha sido fructíferamente aprovechada no sólo por los historiadores catalanes y aragoneses sino también por los que han investigado en la historia de Italia y de Francia en el siglo XIII, como Amari, Gregorovius, Romey y Lecoy de la Marche. Fue traducida al castellano por Rafael Cervera, al italiano por Filippo Moísé y al inglés por F. L. Critchlow, y se han conservado de ella versiones fragmentarias al castellano y al aragonés contenidas en manuscritos de la segunda mitad del siglo XV.
Han sido también traspuestos al catalán moderno extensos pasajes de nuestra crónica por Serra i Baldó y Aramon i Serra. La última edición es: Bernat Desclot, Crónica. Introducción, edición, notas, apéndice y glosario de Miquel Coll i Alentorn. «Els Nostres Clássics», Barcelona. 1949-1951.
M. Coll y Alentorn

