Crónica de Cornelio Nepote

[Chronica]. Es la primera del género en la literatura latina. Fue escrita por Cornelio Nepote (95?-30? a. de C.) antes del 54 a. de C. y abarcaba en un solo cuadro, según nos es dado reconstruir a base de los seis fragmen­tos que nos quedan (llegados en buena par­te a nosotros a través de Gelio y Solino), todos los acontecimientos principales de la historia griega y romana relacionados entre sí mediante una serie de sincronismos. Ignórase el número de libros que compo­nían la Chronica; acaso tres, según Catulo, aun cuando su afirmación pueda tener sólo un valor simbólico. Cornelio tomó como modelo, para la historia griega, la Crónica en trímetros yámbicos de Apolodoro (lo que hace suponer que hubiera escrito también poesía) y para la historia romana probable­mente a Casio Emina. Pero la imitación de Apolodoro fue sólo formal, ya que Cornelio, alterando el plan, colocó la fundación de Roma en el año 751-50 (igual que Polibio) en el centro de todos los acontecimientos precedentes y sucesivos, los cuales apare­cen como gravitando a su alrededor y con­frontados con ella.

Su Crónica no sólo com­prendía hechos históricos, sino que habla­ba también de escritores griegos (Homero, Hesíodo, Arquíloco) y probablemente de la­tinos; todo ello evidencia la influencia de las ideas peripatéticas (atestiguada además por otras obras de Cornelio, sobre todo por las Vidas, v.) que invitan a considerar, en la plenitud de sus manifestaciones incluso espirituales, la vida, el «bíos» de los pue­blos. Acaso la forma poética contribuyera a darle, junto con ciertas tradiciones anti­guas que en ella se recogen, ese aire de ficción que fue observado por autores con­temporáneos y posteriores. A ellos se debería que algunos años después, Ático, si­guiendo el ejemplo de Cornelio, compusie­ra con mayor rigor científico un Liber Annalis que, pese a su reconocido mérito, no consigue hacer olvidar la antigua obra corneliana; conocida por paganos y cristia­nos, no debía tampoco carecer, quizá de­bido al tono novelesco que le era propio, de ciertos atractivos de forma, a juzgar por el elogio que en sus tiempos hizo de ella Ausonio a Probo, prefecto del pretorio.

L. Alfonsi