[Sagesse]. Colección de poesías del autor francés Paul-Marie Verlaine (1844-1896), publicada en 1881, y en una nueva edición, en 1889. Es un documento muy notable de una crisis psicológica, por la que el artista, después de un largo silencio, parece resolver los tristes acontecimientos de su trato con Rimbaud y, después de su permanencia en la cárcel y su embrutecimiento, sueña con su retorno a la fe. En su prefacio Verlaine confiesa haberse descarriado durante muchos años en la corrupción contemporánea, pero ha recibido la advertencia del dolor y de la desesperación. En su obra, dedicada a su madre en señal de arrepentimiento por una vida, dolorosa y viciada, canta por ello la belleza de la religión, con el contraste entre el mundo lleno de corrupción y el sacrificio de Cristo (« ¡Perfumes, colores, sistemas, leyes!» [«Parfums, couleurs, systémes, lois!»]), proclama altamente el gozo de ofrecerse a la beatitud divina, en el amor a la Virgen y a los santos.
En muchas de estas poesías se hace sentir la triste vida del cristiano que no sabe que ha de aspirar al bien celestial, y se detiene a gozar las fáciles y engañosas embriagueces de los placeres; pero también es justo que sólo por medio del dolor se alcance a valorar la verdad que hay en la creación. Pero demasiado a menudo el sentimiento religioso es expresado con aquel candor engañoso que con frecuencia intenta cubrir la falta de una verdadera inspiración. El paso repentino a una fe, la aceptación infantil de los dogmas y de las creencias, la esperanza de una felicidad en vano buscada por otros caminos muestran una facilidad de expresión y de sentimientos que se resuelve en una gran riqueza de sonoridades. Al mismo tiempo un suspirado retorno a la «enorme y delicada» Edad Media («Non. II fut gallican, ce siécle, et janséniste!») demuestra en estas poesías cómo en medio del fracaso de una vida libertina y agitada el poeta piensa en la grandeza de una época dominada por la «única locura de la Cruz», en una estabilización que es paz y conquista social. Obra, por lo tanto, más de actitudes polémicas que de efusiones verdaderamente sinceras, representa un notable documento espiritual del autor de las Romanzas sin palabras (v.). [Trad. en verso, de Enrique Diez Cañedo (Madrid, 1922)].
C. Cordié
…la Iglesia tuvo en él al mejor poeta de que pueda enorgullecerse desde la Edad Media hasta hoy. En realidad, único en el curso de los siglos, ha vuelto a encontrar los acentos de humildad y de candor, las plegarias dolientes y afanosas, las alegrías del niño, olvidadas desde aquel retorno al orgullo del paganismo que fue el Renacimiento. (Huysmans)
Ningún artista conoció con mayor seguridad su lenguaje y su ritmo. (Lanson)
Aquí es Verlaine, comparado con Baudelaire, lo que Baudelaire fue en comparación con Chateaubriand o Lamartine. Cristianismo decorativo de artistas en los románticos; cristianismo jansenista de un descendiente de Racine en Baudelaire; pero en Verlaine es el cristianismo popular del pagano evangelizado por San Martín, y que el apóstol de los galos ha transmitido, en el curso de los siglos fieles, al cura de parroquia o al capellán de prisión… la poesía de un pobre diablo bautizado y convertido (Thibaudet)
Más que la Grecia de los griegos, me place la Grecia de Francia, y a mis ojos Verlaine es mucho más que Sócrates… (Rubén Darío)
Verlaine pidió a la poesía lo que esperaba de la oración: la posibilidad de restaurar un clima de felicidad, de confianza infantil, de candor del alma o, más humildemente todavía, el don de lágrimas y la emoción de la penitencia. (A. Béguin)

