Título con el cual se suelen aún designar los vocabularios, particularmente de la lengua latina, a causa del nombre de fray Ambrosio, hijo de los condes de Caleppio, en el Bergamasco (hacia 1440- 1510), que publicó en 1502 el primer Diccionario [Dictionarium] escolar de dicha lengua. En esa obra, todavía ruda y empírica, explicaba a los menos doctos los vocablos latinos traducidos al italiano; por ello la obra fue muy pronto difundida en varias ediciones a lo largo de todo el XVI y más tarde en ediciones en once idiomas. Su importancia radica en haber puesto por primera vez en manos de todos el gran tesoro de la lengua madre de la civilización moderna, indicando con aproximada precisión el valor léxico de cada vocablo; de ese modo la cultura, ni que sea en forma divulgadora, no es ya refinado conocimiento de humanistas y de religiosos educados en los cenobios, sino que abre sus puertas a cuantos quieren con método y disciplina escolástica aprender palabras y construcciones de los clásicos latinos. Imitado ampliamente incluso por extranjeros, este Diccionario ha demostrado ser un buen instrumento de la ciencia; y hasta los inicios de los nuevos conocimientos filológicos de la edad moderna conservó su puesto, especialmente por la refundición del latinista paduano Iacopo Facciolati (1682-1769), publicada en 1772. Aunque ampliamente superado por los trabajos filológicos de los franceses Étienne y del italiano Forcellini, este primer vocabulario conservó su carácter de primera vulgarización escolar, incluso en el nombre de «calepino».
C. Cordié

