[Lióla]. Personaje de la comedia de este nombre (v.), de Pirandello (1867- 1936). Liolá parece que vista siempre traje de fiesta y vaya precedido continuamente por su propia voz melodiosa y alegre, y quizá también de las de sus pequeños, que atraen hacia sí el amor de las muchachas de la comarca.
Su indumentaria y su humor poseen, además, alguna otra característica más singular: «la sangre loca», como dicen las jóvenes enamoradas de él, o por lo menos afanosas de que las corteje. En cuanto a su aspecto externo, Liolá lleva «siempre chaqueta, calzones acampanados, en la cabeza un gorro de marinero, a la inglesa, con dos cintitas que cuelgan por detrás». A pesar de su simplicidad, es uno de los protagonistas más logrados y armoniosos del teatro pirandelliano, el cual, aun representando una progresiva esquematización del arte narrativo del gran escritor siciliano, respeta, de tal estilo artístico, la curiosidad y la inteligencia hacia el cerrado juego de las relaciones internas y hacia una intimidad desnuda pero no fría ni cerebral.
Personaje típico de cuento, Liolá recurre al procedimiento tradicional del cuento clásico o «novella»: la burla. Sin embargo, hay en su ironía, como carácter moderno, pirandelliano y propio del Pirandello novelista, la generosidad humana, que en Liolá destaca por encima de la ácida sordidez de Simone Palumbo y de tía Croce. Palumbo es ya viejo, y no consigue tener hijos de su joven esposa Mita; tía Croce, que esperaba casarle con su hija Tuzza, accede, ahora que ésta va a tener un hijo de Liolá, a que Palumbo pase por padre de la criatura que va a nacer. Mita, repudiada, es hecha madre por Liolá, quien la amaba ya con anterioridad al matrimonio de aquélla.
El anciano Palumbo, contento de haber logrado lo que deseaba, admite de nuevo a su mujer; y Liolá, que, aun sin amarla, había seducido a Tuzza, acepta ahora mantener al hijo de ésta, cual lo hiciera siempre con los otros frutos de sus aventuras, aunque no a la madre. Su generosidad e íntima rectitud, a pesar de su sutil acento de ironía, no remedian totalmente el fondo triste del egoísmo y la aridez de sus antagonistas; ya que, por lo demás, la madre, la misma Mita y las muchachas no tienen vida fuera de Liolá, cuyo temperamento jubiloso destacan y alegran.
Este tema se enlaza evidentemente con las burlas de carácter matrimonial, que constituyen una parte importante de la literatura novelística y teatral antigua hasta la Mandràgora (v.); no obstante, Liolá, que huye incluso de las evoluciones cerebrales del arte de Pirandello, adquiera causa de esta misma excepción, el tono feliz y melodioso que es el ambiente propúr de su existencia poética.
A. Borlenghi

