Norma, Felice Romani

Tragedia lírica en dos actos, sobre texto de Felice Romani (1788-1865), con música de Vincenzo Bellini (1801- 1835), representada en Milán, en el teatro de la Scala, el 26 de diciembre de 1831, con Giuditta Pasta como protagonista.

La ópe­ra fracasó, interrumpida y saboteada por partidarios de la amante de un maestro ri­val, pero se rehabilitó inmediatamente en las noches sucesivas y, sin interrupción, prosiguió su carrera triunfal. En el bosque, los druidas y su jefe, Oroveso, esperan la luna nueva para desencadenar la rebelión contra los romanos.

Norma, hija de Oroveso y sacerdotisa suprema de Irminsul, hablará inflamando a los guerreros: el so­nido de sus escudos resonará, tremebundo, en la ciudad de los Césares. Pero Norma tendría muchas más razones de odio contra los romanos si supiese que el procónsul Polión, que la hizo madre de dos niños, ama ahora a Adalgisa y se propone mar­char con ella a su regreso de Roma.

Llega para la mística recogida del muérdago, saluda a la luna y continúa dudando en dar la señal; Adalgisa puede abrirle su al­ma y conseguir su consentimiento para in­fringir los terribles votos de castidad sacer­dotal. Pero cuando Norma se entera de que el enamorado de Adalgisa es Polión, prorrumpe en terribles propósitos de ven­ganza.

La misma Adalgisa renuncia al ro­mano y se alía a la cólera de ella. Norma piensa en matar a los dos hijitos del trai­dor y suicidarse luego; pero se enternece y confía los inocentes a Adalgisa. Ésta se dirige al campo romano y suplica a Polión que vuelva a su primer amor, porque Nor­ma quiere morir; pero no lo consigue.

En­tonces rechaza el amor de Polión y vuelve al templo de Irminsul, de donde Polión jura que la raptará. Cuando Norma se entera de ello, se decide y golpea el escudo de guerra. De todas partes acuden los galos armados: «Guerra, guerra! le galliche selve Quante án quercie producán guerrieri» («¡Guerra, guerra!, que las selvas gálicas produzcan tantos guerreros como encinas tienen»), y Polión, sorprendido en el tem­plo, es apresado y conducido a Norma, que espera hacer justicia y ejecutarlo. Polión no teme la muerte.

Norma todavía duda. Le interroga a solas, con el pretexto de descubrir quién es la cómplice de su amor, para tratar de reconquistarlo. Es inútil: Po­lión no renuncia a Adalgisa. Y entonces Norma llama de nuevo a los sacerdotes y se declara también culpable. Una misma hoguera les aguarda. Es opinión general que Norma es la mejor ópera italiana de la primera mitad del siglo XIX, y esta vez la opinión general coincide perfectamente con el juicio de la crítica del siglo pasado y del presente.

El estilo de Bellini, que parecía netamente lírico, se afirma en esta ópera a través de una singular fuerza dra­mática. Su típica melodía (rica en episo­dios, amplia, llena de luces cambiantes) no falla en sus características de pureza líri­ca: baste recordar la famosa «Casta diva», una de las páginas de melodía más puras y densas de emoción que se hayan escrito nunca. Sin embargo, la inspiración meló­dica se robustece rítmicamente, sobre todo en los acentos fuertes y marcados dé la recitación.

La armonía no es más rica de lo acostumbrado, ni su instrumentación más nutrida, pero estos medios son siempre considerados secundarios por Bellini. Más bien basado en un libreto excelente (por la escenificación, por las situaciones, por el diálogo e incluso por los versos, de los mejores de Felice Romani), encuentra ma­nera de recortar grandes bloques de mo­tivos y reunirlos vigorosamente entre repe­ticiones corales.

El drama resulta armónico, sólido, entre el carácter de los protagonis­tas y la colectiva pasión del coro. La ober­tura, de corte rossiniano, aunque sin ser servil a Rossini, es el mejor fragmento musical salido de la pluma del maestro.

E. M. Dufflocq

La acción, despojada de todo teatralismo y de efectos vistosos, nos recuerda la dignidad de la tragedia griega… Quienes en Norma adviertan solamente la usual faci­lidad melódica italiana, no son dignos de consideración. Esta música es noble y gran­de, sencilla y amplia en su estilo. El solo hecho de que tenga un estilo la hace importante en nuestro tiempo de experimentos informes. (Wagner)

Nomenclátor o Índice de las Personas Ilustres en los Estudios, Esiquio de Mileto

Recopilación de notas sobre los escritores antiguos, realizada por Esiquio de Mileto (m. bajo Justiniano, 518-565), obra de gran importancia para la historia de la litera­tura griega.

Los personajes estaban distri­buidos en seis categorías (I, poetas; II, fi­lósofos; III, historiadores; IV, oradores y sofistas; V, gramáticos; VI, escritores de género vario), y dentro de cada una de estas clasificaciones los nombres se hallaban por orden cronológico.

Cada vida está tra­tada según un esquema fijo: título del ar­tículo, procedencia, género cultivado, nom­bre de los padres, hijos, maestros, discípu­los, lugar y tiempo de su actividad y de su muerte, índice de las obras. Constaba sólo de celebridades paganas. Se hizo un extracto de esta obra entre 1839 y 1857, en donde el orden cronológico y el de materias fue sustituido por el alfabético y se añadieron algunos artículos sobre es­critores cristianos y otros que vivieron des­pués de Esiquio.

Llevaron a cabo este ex­tracto Focio y el recopilador del léxico, Suda (v. Suda), quien declara que a aquél debe .el conocimiento de la historia lite­raria que relata.

B. Lavagnini

Nomocanon, Barhebreo

Vasta re­copilación de normas jurídicas de carácter tanto religioso y eclesiástico como profano, de Barhebreo, autor sirio de gran fama que vivió entre 1225 y 1286.

Estas normas, que hubieran debido regir entre los sirios, son, en su mayoría, derecho que nunca existió y jamás fue llevado a la práctica. Barhebreo, aun escribiendo un libro para cris­tianos, recurrió abundantemente a autores jurídicos sirios. La fuente musulmana que tuvo en sus manos es el libro Al-Wagiz de Al-Ghazáli.

El Nomocanon de Barhebreo no puede, pues, servir de fuente para un pretendido derecho sirio cristiano. Edición del Bedjan (París, 1898).

G. Furlani

Non Sum Qualis Eram Bonae Sub Regno Cynarae, Ernest Dowson

Poesía lírica del poeta inglés Ernest Dowson (1867-1900), publica­da en un volumen (Verses) junto con otras poesías, en 1896.

El autor, al que se llamó el poeta de la juventud, compuso esta poe­sía con gran musicalidad; está formada por cuatro estrofas de seis versos, tiene por estribillo el verso «También yo, a mi modo, Cynara, te he sido fiel» [«I have been faithful to thee, Cynara, in my fashion!»] y expresa la melancólica debilidad del poeta, que canta a la mujer gozada y abandonada, cuya imagen vuelve de nuevo a su mente en el ritmo de una fiesta, entre vi­nos y danzas.

A. Camerino

Nollhart, Pamphilus Gengenbach

Comedia de carnaval (v. Fastnachtspiel) del humanista alemán Pamphilus Gengenbach (1480?-1525), publicada en 1517, en la cual, en forma de revista, que es la técnica escénica característica de Gengenbach, desfilan el Papa, el Empera­dor, los representantes de las diversas cla­ses sociales, ante Methodius, Brígida y la Sibila Cumana para oír profecías sobre su futuro. Dichas profecías, acompañadas de la denuncia de los vicios y defectos de cada uno, dan ocasión al autor para hacer una sátira viva y llena de humorismo de las condiciones políticas y sociales de su época.

M. Pensa