Nació el 7 de mayo de 1833 en Hamburgo, murió el 3 de abril de 1897 en Viena. Hijo de un músico, se le manifiesta la vocación desde la infancia y esta vocación fue secundada inmediatamente; la única duda consistía en encaminarlo al virtuosismo del piano o al largo camino que llevaba a la composición.
Prevaleció el consejo del maestro Marxsen, un contrapuntista severamente educado a la antigua, y Brahms pudo continuar el estudio de la composición. Entretanto trabaja lo que puede para redondear el débil presupuesto familiar: da algunos conciertos; acompaña a cantantes y solistas de paso; toca el órgano en las iglesias; de noche pulsa instrumentos en las tabernas del puerto mientras tiene en el atril libros de filosofía y de literatura tomados a préstamo de la biblioteca.
A los veinte años, la gran aventura que le abre las puertas del porvenir: un joven violinista húngaro, Remenyi, extraño tipo de zíngaro romántico, lo lleva consigo como acompañante en una «tournée» por alemania del Norte (mayo de 1853); en Gotinga le presenta a Joachim, otro violinista jovencísimo, pero ya elevado al olimpo de los grandes artistas.
La amistad entre Brahms y Joachim será instantánea y durará toda la vida: Joachim será el intérprete de las composiciones para violín de Brahms y su consultor en la técnica de los instrumentos de arco. Con cartas de Joachim se presenta Brahms a Franz Liszt, en la corte de Weimar, pero la entrevista no resulta afortunada, y los dos, pese a la cortesía impecable de Liszt, serán en el porvenir adversarios artísticos: Brahms se alineará en las filas opuestas al movimiento de la «joven escuela germánica», contra la música de Liszt y Berlioz, contra el drama musical wagneriano, y se presentará como adalid de la tradición clásica instrumental y del sinfonismo puro.
Entretanto, desaparece Remenyi del horizonte y Brahms, quien en el verano de 1853 continúa solo la peregrinación por alemania usando las cartas de recomendación que le proporcionara Joachim, llega a Düsseldorf, a casa de Schumann.
Es la entrevista decisiva en su vida de artista: Schumann oye las primeras composiciones de Brahms, el Scherzo op. 4 y las Sonatas op. 1 y 2 para piano y queda inmediatamente convencido de haber encontrado a quien mantendrá alta la llama de la sana tradición instrumental: le abre su propia casa y lo «lanza» al mundo musical con el sensacional artículo Nuevos caminos en la Neue Zeitschrift für Musik del 28 de octubre de 1853.
Al año siguiente da Schumann las primeras muestras de desequilibrio mental e intenta suicidarse; Brahms acude a Düsseldorf, junto a Clara Schumann, a quien le une una ternura reverente y cada vez más afectuosa. Mientras tanto continúa asiduamente la composición de lieder y de música para piano (Variaciones sobre un tema de Schumann op. 9 y Baladas op. 10) y vive de los ingresos de su actividad como concertista. En 1856 muere Schumann en la casa de salud donde había sido recluido, en Bonn; la amistad de Brahms por Clara se muestra más solícita y preciosa en esta coyuntura.
Pero cuando se aleja el luto y llega el caso de sacar conclusiones prácticas del culto de tierna admiración tributado a la mujer incomparable, Brahms vacila y por último, en un rasgo típico de su psicología, renuncia. Continuará siendo toda su vida un amigo fiel y generoso de Clara Schumann; pero en este momento crucial se aleja de ella y acepta un puesto de profesor de piano y maestro de coro en la corte de Lippe-Detmold (1857). Durante tres años su vida transcurre en esta ciudad y Hamburgo con escapadas a Gotinga, Hannover y Leipzig, donde da conciertos de piano. Mientras tanto intenta la composición sinfónica y de cámara, y ejecuta con dudoso éxito el Concierto op. 15 en re menor (v. Conciertos para piano y orquesta, 1858); nacen las Serenatas op. 11 y op. 16 para orquesta, el Sexteto op. 18 en si bemol mayor (1860), los Cuartetos con piano op. 25 y 26 (v. Cuartetos) y, como siempre, muchos lieder y música para piano (Variaciones y fuga sobre un tema de Haendel op. 24, 1861; Variaciones sobre un tema de Paganini op. 35, 1862-63).
En septiembre de 1862 hace una primera visita a Viena, y al año siguiente se establece en esta ciudad como director de la Singakademie. Brahms tiene apenas treinta años; sin embargo, desde este momento su vida se ve encarrilada de un modo definitivo: durante el verano se dedica a la composición en alguna amena residencia; durante el invierno, la intensa participación en la vida musical con la ejecución de los trabajos compuestos durante el verano.
Hasta ahora, su actividad de compositor se había consagrado siempre a la música de cámara y al lied (son célebres las Canciones de amor, v. de 1868) o a grandes trabajos sinfónico-corales (en 1868 el Réquiem alemán, v., que comenzado en 1866 después de la muerte de su madre amadísima, le dará fama universal y consolidará de modo definitivo su posición económica); después, con las Variaciones sobre un tema de Haydn op. 56, de 1873, abordará de nuevo la producción orquestal, dando vida a las cuatro Sinfonías (v.) op. 68 en do menor (1876), op. 73 en re mayor (1877), op. 90 en fa mayor (1883), op. 98 en mi menor (1885). Aparecerán también en estos años el Concierto en re mayor, op. 77, para violín y orquesta (1878, v.), el 2.° Concierto para piano, op. 83 (1881), las oberturas Académica op. 80 y Trágica op. 81 (1880, v.) y por último el Doble concierto op. 102 para violín y violoncelo (1887). Sigue entretanto la producción de lieder y de música de cámara, dando lugar a obras maestras como las tres Sonatas para violín y piano op. 78 en sol mayor, op. 100 en la mayor, op. 108 en re menor; las dos Sonatas para violoncelo op. 38 en mi menor y op. 99 en fa mayor; los Cuartetos op. 51 en do menor y la menor y op. 67 en si bemol mayor; los Quintetos para arco op. 88 en fa mayor y op. 111 en sol mayor; el admirable Quinteto con clarinete op. 115 y los Intermedios, Fantasías y Rapsodias para piano.
En estas obras se afina cada vez más la expresión de estados secretos de conciencia, dominados por un noble idealismo que roza los cielos de la abstracción y de una resignación cansada y elegiaca, adecuada a aquel fin de siglo burgués, caracterizado por un replegamiento del espíritu a posiciones de renuncia y de melancolía individual.
Pasados los cincuenta años, abandona Brahms la práctica de concertista de piano, apareciendo en público solamente como director de orquesta. La holgura económica le permite llevar a cabo el sueño largamente acariciado de la «Wanderung», de la peregrinación a la península italiana: allí va en la primavera de 1878 y en 1881, en otoño de 1882, y de nuevo en la primavera de 1888 y en 1890, en compañía de antiguos amigos.
De 1872 a 1875 había desempeñado la dirección de la Gesellschfat der Musikfreunde de Viena, promoviendo el estudio y la ejecución de la más noble música clásica y llevando a cabo una obra de corrección del gusto musical vienés. Pero la pedantería era extraña a su espíritu, y se divertía de un modo juvenil con las melodías de los ziganes y de los valses de su queridísimo amigo Johann Strauss. La regularidad de su vida muy activa no fue turbada por episodios de tipo exterior.
Las simpatías femeninas que lo atrajeron ora hacia una cantante, ora hacia alguna inteligente admiradora, como Elisabeth von Herzogenberg, no perturbaron el equilibrio de su vida interior; el culto por Clara Schumann continuó siendo el afecto más fuerte de su vida, y la muerte de la vieja amiga, en 1896, constituyó un duro golpe que apresuró su propio fin, ocurrido el año siguiente a consecuencia de un cáncer de hígado.
M. Mila
