Observaciones Astronómicas y Físicas Sobre el Eje de Rotación, Sobre la Topografía y Constitu¬ción del Planeta Marte, Giovanni Virginio Schiaparelli

[Osservazioni astronomiche e fisiche sull’asse di rotazione, sulla topografía e costituzione del pianeta Marte]. Memorias I, II, III, IV, V, VI, VII en «Actas de la R. Academia del Lincei», de Giovanni Virginio Schiaparelli (1835- 1910), aparecidas desde 1878 al 1910. Las siete memorias, publicadas en los volúme­nes I y II de las Obras de G. V. Schiapa­relli (Milán, 1929-1930), reúnen las clásicas observaciones realizadas en siete oposiciones del planeta Marte.

No todas las oposiciones se presentan igualmente favorables, pues el planeta se halla ora más próximo a la Tie­rra, ora más lejano de ella y por lo tanto con un diámetro mayor o menor. Cuando en 1877 Marte vino a encontrarse relativamente cercano a la Tierra, Schiaparelli deseó experimentar si el refractor de Merz, de 22 cen­tímetros de luz, del telescopio de Brera, le daría también buenos resultados en el estu­dio de la superficie del planeta.

La calidad del telescopio usado por él y las excelentes condiciones atmosféricas le permitieron des­cribir, con abundancia de pormenores, el hemisferio austral del planeta, bien visible, y parte del hemisferio boreal. En su primera memoria, que se refiere precisamente a las observaciones efectuadas durante la oposi­ción de 1877, Schiaparelli determina nueva­mente el fundamento de toda la areografía, esto es, la dirección del eje de rotación y del casquete austral.

Además establece las coor­denadas de cierto número de puntos fun­damentales con los cuales pudo efectuar la descripción topográfica de las regiones cir­cundantes, trazando así un mapa tan completo como era posible de la apariencia de aquel planeta. Éste es minuciosamente des­crito por Schiaparelli, el cual, siguiendo el uso de sus predecesores, adopta una vasta nomenclatura de nombres tomados de la geografía poética y de la arqueología mí­tica para distinguir una de otra las for­maciones de la misma especie.

Los ma­pas del planeta, que acompañan este escri­to, son los más completos y ricos en deta­lles de todos los publicados anteriormente, lo cual, según afirma Schiaparelli, se debe a las excelentes cualidades ópticas del te­lescopio de Merz. Pero ya entonces él pre­veía que hubiera podido obtener medios instrumentales más poderosos.

La segunda memoria reúne las observaciones efectuadas durante la oposición de 1879-80; después de su solsticio austral, la superficie de Mar­te no presentaba ya aquellos impedimentos que en la primera oposición habían obsta­culizado la exploración de los lugares situa­dos al norte de su ecuador. El orden de esta memoria es el mismo de la precedente, esto es, la determinación de la dirección del eje de rotación de Marte en el espacio, de la cual nos da él los elementos completos, la posición de los puntos principales para ser­vir de base al mapa, la descripción de la superficie del planeta tal como se le pre­sentó en aquella oposición, y el estudio de las particularidades físicas e hipótesis que se pueden hacer para explicarlas.

Fue em­pleado también esta vez el mismo ecuatorial de Merz, con un aumento de unas 300 ve­ces. Un mapa areográfico completo (1879), con gran precisión y detalles, acompaña a esta memoria. La tercera comprende el resumen de las observaciones hechas por Schiaparelli acerca del aspecto de Marte en la oposición 1881-82, también con el mismo telescopio» «Ninguna de las antiguas líneas oscuras — dice Schiaparelli — esquemática­mente llamadas «canales» dejó de presentar­se esta vez… causas probablemente conexas con el sol pusieron de manifiesto una enor­me cantidad de detalles, ni siquiera sospe­chados en las oposiciones precedentes…

Las vastas extensiones que en 1879 aparecían como leves manchas indeterminadas y pare­cían corresponder a las áreas llamadas «mares» se resolvieron en desarrollos com­plicadísimos de puras líneas. Entonces se fue poco a poco revelando el hecho curioso e imprevisto de la «geminación» de los lla­mados «canales».

Aunque las geminaciones, esto es, el desdoblamiento de los canales, como se ha comprobado después, no son más que ilusiones y combinaciones ópticas, de­pendientes de la disposición, reunión y ma­yor o menor claridad con que se ven los pormenores de la superficie de Marte, lo cierto es que las observaciones de Schiapa­relli han sido fuente y aguijón para ulte­riores investigaciones.

Con un diámetro apa­rente de Marte cada vez menor, Schiaparelli observa el planeta también en la oposición de 1883-84 (cuarta memoria) con el mismo método usado en las precedentes, confirmando el fenómeno de las geminaciones. La quinta memoria refiere los resultados obte­nidos en las oposiciones de 1886 en las cua­les Schiaparelli comenzó a usar el nuevo refractor de dieciocho pulgadas, con el que fue posible obtener una primera idea de todas las regiones boreales casi hasta el polo, donde la nieve en aquella época estor­baba poco.

Igualmente, con el nuevo teles­copio más poderoso, Schiaparelli observa también la oposición de 1888, y reúne sus resultados en la memoria sexta, a la cual sigue la última con las observaciones rea­lizadas durante la oposición de 1890, que no se publicaron hasta 1910. También estas dos memorias son ricas en noticias muy deta­lladas y precisas sobre la topografía y cons­titución del planeta.

En el mapa de 1890 se nota que casi todos los canales están ge­minados, y aunque muchos astrónomos, an­tes, a la vez y después de Schiapárelli han hecho observaciones y descripciones de las apariencias de Marte, ninguno ha conse­guido la continuidad, la excelencia y per­fección de éstas, que han formado escuela y han iniciado un estudio sistemático del cual son ya deducidas numerosas conse­cuencias v aclaraciones de los fenómenos observados. Los últimos adelantos en los procedimientos de observación han contri­buido, en gran parte, a alcanzar las actua­les precisiones sobre la naturaleza y topo­grafía del referido planeta.

G. Abetti

Observaciones Críticas Sobre los Cuadros Poéticos, Johann Jakob Bodmer

[Kritische Betrachtungen über die poetischen Gemalde der Dichter]. Ensayo del crítico suizo Johann Jakob Bodmer (1698-1783), publicado en 1741, primera tentativa de reacción a la es­tética de rígida observancia clasicista de la tradición francesa personificada en la alemania de Gottsched.

Bodmer (ayudado por su amigo G. G. Breitinger) aprovecha las enseñanzas de los tratadistas italianos Sforza, Pallavicino, Gravina, Conti, Muratori (particularmente el ensayo de éste sobre la perfecta poesía, v.), que le recomendó el bergamasco conde Pietro Calepio, a quien había conocido en Italia en 1718-19 y con el cual tuvo amistad y mantuvo una corres­pondencia que duró cerca de treinta años.

A esta influencia se debe en gran parte, así como a las sugerencias de Calepio, que Bodmer, elaborando el concepto del «gusto», propenda a convertirlo en facultad autóno­ma, aunque guiada por la inteligencia, y atribuya además a la fantasía una actividad en cierto sentido productiva y no meramente reproductiva, aunque subordinada a la «es­trella polar» del juicio. Junto a los motivos tradicionales, como los de la equivalencia de la poesía con la pintura de la expresión de las pasiones, de las actitudes del rostro, de los caracteres de los personajes y otros por el estilo, un aura fresca precursora de tiempos nuevos brota de su apelación a la Naturaleza, maestra de las tres artes: poesía, pintura y escultura (que Bodmer considera conjuntas), la cual es la única que puede justificar las reglas.

El mundo alemán debe a Bodmer una de las primeras advertencias acerca de la grandeza de Shakespeare y de Dante, algo vaga la primera por ser el crítico un sentido admirador de Milton; más clara la segunda con la cita del canto referente a Francesca, y la del conde Ugolino. Este ensayo, que tiene un aspecto tecnicista (todo un capítulo está dedicado a los «medios para enriquecer la fantasía»), contiene una notable antología de tópicos poéticos, desde los antiguos a los modernos, y termina con una investigación acerca del carácter de Don Quijote (v.).

S. S. Ludovici

Observaciones Acerca del Sistema Actual de Educación Pública, Antoine-Louis-Claude Destutt de Tracy

[Observations sur le sisteme actuel d’instruction publique]. Obra del filósofo fran­cés Antoine-Louis-Claude Destutt de Tracy (1754-1836), publicada en 1801. La obra, inspirada en sus Elementos de ideología (v.), en cuyo cuadro tenía cabida como es­tudio del problema pedagógico, se nos pre­senta como un estudio preliminar, en cuanto el autor hubiera querido completar el edificio de su reconstrucción filosófica, al me­nos en lo que se refiere a la Gramática,, la Moral, la Legislación y la Historia.

Sin em­bargo, la determinación de exponer algunos principios educativos en relación con el plan de estudios de las reformas escolares suscitadas por las diversas leyes de la Revo­lución y del Consulado, resulta bastante acorde con la manera de tratar con cierta exhaustividad las cuestiones que se relacio­nan con los diversos tipos de escuela, la elec­ción de los profesores, las materias que de­ben ser objeto de enseñanza, y la disciplina de los alumnos.

En Destutt de Tracy resulta interesante la exigencia de una ciencia que. sea preparación para la vida, hábito de pensamiento, actitud de moralidad filantrópica por el bienestar común. También desde ese punto de vista podemos comprender cómo las ideas del autor — aunque en la época napoleónica viviera encerrado en sus estu­dios y opuesto a la vida imperial — tuvie­ron más tarde una decisiva influencia en la legislación escolar de gran parte de Fran­cia, así como de los territorios sometidos a su dominio, desde las escuelas primarias a la enseñanza media y, en algunos aspec­tos, a la universitaria.

Por consiguiente, los principios que propugnaba el autor mostra­ban, en la variada orientación pedagógica de la época, un carácter enciclopédico que no siempre respondía a las exigencias de las mentes, mientras que por otras facetas reflejaba el fondo, aún sensista y de oposi­ción a la retórica de muchos programas imperiales, basados en favores concedidos al pueblo y en la carrera militar impuesta a los jóvenes.

C. Cordié

Observaciones Acerca de los Animales Vivos que se Encuentran en los Animales Vivos, Francesco Redi

[Osservazioni intomo agli animali viventi che si trovano negli animali viventi]. Obra de Francesco Redi (1626-1698), publicada en 1684, cuyo valor consiste esencialmente en la exac­titud de las descripciones de las especies, hasta el punto de que podemos fácilmente clasificarlas con nuestros actuales sistemas, y en la interpretación del fenómeno para­sitario determinado por la presencia de helmintos (lombrices) en los animales o en el hombre, siendo precisamente este último aspecto el que hace considerar la obra de Redi como el primer tratado de helmintolo­gía general y por lo tanto la primera base de aquella ciencia que hoy se llama para­sitología.

Se corresponde en cierto sentido con la obra de Bassi (v. Mal del signo, yesón o muscardina); con esta obra la pato­logía encuentra en los microorganismos la causa de muchas enfermedades, con la de Redi encuentra la explicación de otros fenó­menos patológicos en el parasitismo de los helmintos (en los animales). La exposición de la obra de Redi consiste en la descripción sucesiva y ordenada de cada una de las especies, las cuales no tienen todavía el nombre latino y son designadas con nom­bres vulgares. Al par de otras obras de Redi también ésta es notable por la pureza de su estilo, que hace de ella uno de los mejores modelos de prosa científica del siglo XVII.

E. Baldacci

Observaciones Acerca del Sentimiento de lo Bello y de lo Sublime, Immanuel Kant

[Beobachtungen über das Gefühl des Schónen und Erhabenen]. Obra filosó­fica de Immanuel Kant (1724-1804), publi­cada en 1764; por consiguiente, es anterior a la fase original constructiva del pensa­miento kantiano, fase que se inicia en 1770.

Está escrita con estilo fácil y brioso, bas­tante distinto del severo y pesado de sus obras posteriores; es muy rica en observa­ciones psicológicas personales, que Kant recogía en el círculo, variado y no profe­sional, de sus amigos. Las ideas directrices proceden de los moralistas ingleses, en espe­cial de Shaftesbury; también es muy acu­sada la influencia de Rousseau.

La estética, y la moral se hallan estrechamente relacio­nadas, y la descripción de los sentimientos estéticos (de lo bello y de lo sublime) puede servir también de introducción a una doc­trina moral, de tipo naturalista, antropoló­gico. Kant sostiene que la virtud se basa no en reglas especulativas sino en la conciencia de un sentimiento que vive en cada corazón humano: el sentimiento de la belleza y de la dignidad de la naturaleza humana.

Esta belleza nos inclina a un amor universal hacia los hombres, y esa dignidad a un res­peto universal de los mismos. Amor y respe­to son algo distinto de la simpatía y de la compasión: los primeros y no los segundos, son las verdaderas virtudes.

Los sentimien­tos estéticos se subdividen de diversas mane­ras; la tendencia natural hacia un determinado tipo de sentimiento varía según los temperamentos, los sexos, los pueblos, las épocas. El temperamento melancólico gusta de las impresiones sublimes; el sanguíneo prefiere las excitantes y conmovedoras; el colérico siente predilección por la magnifi­cencia exterior.

Al sexo masculino le es más propio el culto por las cosas sublimes, que hablan a la mente; en cambio, a las muje­res les es más propio el amor a la belleza. Cada sexo debe profundizar en sus caracte­rísticas propias, no debe confundirse con el otro, porque «lo que hace el hombre contra el curso de la naturaleza, siempre está mal hecho».

Para acrecentar y precisar las dife­rencias de los sexos ayudan, si están bien entendidas, sus relaciones: la mujer ama y despierta en el hombre la nobleza, mien­tras que el hombre suscita en la mujer la belleza. Kant le concede a la mujer cierta vanidad, que indudablemente es un defecto, pero un buen defecto que contribuye a hacerla atractiva como debe ser.

Kant, con­forme con el naturalismo de esta obra suya, admite que el impulso sexual es el fundamento de toda la rica floración espiritual que acompaña a esas relaciones: «la natu­raleza persigue su gran fin». En cuanto a los pueblos, el italiano y el francés son más sensibles a la belleza; el primero a la be­lleza que hechiza y conmueve, mientras que el francés se inclina más hacia la be­lleza graciosa y agradable.

En cambio, se sienten más inclinados hacia lo sublime, en sus tres tipos principales: los españoles, que aman lo aterrador; los ingleses, que tienen tendencia hacia lo noble; y los alemanes, que se dejan deslumbrar por lo espléndido. En cuanto a las épocas históricas, «los tiem­pos antiguos de los griegos y de los romanos mostraban señales evidentes de un puro sen­tido de lo bello, así como de lo sublime, en la poesía, en la escultura, en la arqui­tectura, en la legislación e incluso en las costumbres».

Después de la corrupción me­dieval, y a partir del Renacimiento, vuel­ven a florecer el gusto estético y la virtud, amenazados únicamente por la superficiali­dad y la dispersión. Aunque la obra tiene escasa importancia doctrinal, interesa sobre todo por su aportación al conocimiento del hombre Kant y, en menor escala, al cono­cimiento de la evolución de su pensamiento.

A. Galimberti