Páginas del Ecuador, Marietta de Veintemilla

Libro escrito y publicado en el destierro (Lima, 1890) por la ecuatoriana Marietta de Veintemilla (1858-1907), destinado a vindicar el gobierno de su tío, el tirano oropelesco Ignacio de Veintemilla.

Marietta, niña mimada del dic­tador, creció junto a él y así fue conociendo hombres y realidades políticos. Cuando el país entero se insurreccionó, el Ejército de­fensor de la capital quedó bajo la vigilan­cia de Marietta. De hecho asumió el mando de la tropa y se consagró como heroína ante sus soldados, que la aclamaban como a «La Generalita».

Desterrada junto con su tío, escribió su libro vindicatorio, que es, al mismo tiempo que una visión panorámica del Ecuador Republicano, un relato nove­lesco de gran fuerza y agilidad. Aun quie­nes le salieron al frente, en defensa propia o de sus antepasados, hubieron de reconocer la alta calidad literaria de la escritora. Vuelta a la patria en 1898, se convirtió en una de las figuras más interesantes de la vida intelectual de Quito. Algunos de sus artículos y conferencias fueron reunidos en Digresiones Libres.

P. J. Vera

Páginas Chilenas, Joaquín Díaz Garcés

Recopilación de escritos del periodista y novelista chileno Joaquín Díaz Garcés (1878-1921), que ge­neralmente empleó el pseudónimo Ángel Pino.

Este libro, publicado en 1908 (aunque lleva el año 1907 en la portada), comprende trabajos escritos desde 1897 y dados a luz en los diarios «El chileno» y «El Mercurio», de que el autor fue colaborador en largos períodos, y en la revista «Zag-Zag», que fundó en 1905.

Hay cuentos campesinos y urbanos («Juan Neira», «Segovia», «La tri­lla», «Los dos patios»), artículos de costum­bres, reminiscencias de la vida de cuartel, impresiones de arte y no pocos artículos chistosos, que fue una de las venas más cultivadas por el escritor en su breve pero intensísima vida periodística.

Aunque ge­neralmente desaliñados en la forma, estos trabajos le valieron a Díaz Garcés una extensa nombradla, por la gracia, el entu­siasmo y el amor a la vida que en ellos se trasunta. Algunas páginas proceden de la historia de Chile, que el autor trabajó tanto en este libro como en narraciones novelescas de la revista «Pacífico Magazine», algunas recogidas después de su muerte bajo el título de Leyendas y tradiciones chilenas (1944).

También es póstuma la novela La voz del torrente (1921), que acre­ditaba verdadero talento de novelista en su autor, prematuramente desaparecido cuando corregía sus pruebas. Díaz Garcés fue asi­mismo periodista serio en «El Mercurio» de Santiago, cuyas columnas editoriales le contaron por varios años como el más animoso de sus proveedores de material.

Páginas chilenas ha quedado en la literatura chilena como uno de los más ricos repertorios de la psicología nacional, a juicio de sus crí­ticos y comentaristas.

R. Silva Castro

Páginas Libres, Manuel González Prada

Colección de artículos y conferencias del ensayista y poeta peruano Manuel González Prada (1848-1918), apa­recida originalmente en París el año 1894 (hay una 2.a edición de Madrid, 1914, y una 3.a, con numerosas modificaciones de­bidas al autor, publicada en Lima, después de su muerte, en 1946).

El libro está divi­dido en cuatro partes. La primera contiene el texto de cuatro alocuciones pronunciadas por González Prada de 1886 a 1888, entre las que destacan la conferencia dada en el Ateneo de Lima (1886), que constituye la primera formulación de su ideario estético, y el discurso pronunciado en el teatro Olim­po de Lima (1888), en que el autor des­arrolla los puntos de vista políticos y socia­les que van a presidir su gestión posterior y la del grupo radical que animó.

La se­gunda parte reúne tres artículos y un dis­curso (este último leído en el teatro Politeama de Lima, en julio de 1888), textos todos dedicados a estudiar la repercusión psicológica y moral que sobre la vida pe­ruana tuvo la derrota sufrida por el Perú en la guerra con Chile (1879-1883).

La ter­cera parte se compone de un estudio acerca de la personalidad y la obra de Francisco de Paula González Vigil, liberal peruano muerto en 1875, y de tres artículos en que el ensayista hace un enfoque doctrinario de la educación católica, la libertad de prensa y la misión del escritor.

En fin, la última contiene seis ensayos de crítica lite­raria, un estudio histórico sobre la Revolu­ción francesa y un ensayo filosófico sobre la vida y la muerte. Páginas Libres es una de las obras más notables de la literatura peruana, tanto por la calidad excepcional de la prosa del autor, que se cuenta entre las más vigorosas y tersas en lengua espa­ñola, por el aliento renovador y la audacia crítica de su contenido, cuanto por la honda influencia que ha ejercido en el desenvolvi­miento de las ideas del Perú moderno.

A. Salazar Bondy

Una Página De Amor, Émile Zola

[Une page d’amour]. Novela de Émile Zola (1840-1902), publicada en 1878, octava del ciclo de los Rougon-Macquart (v.).

La protagonista, una joven viuda, Elena Grandjean, va a vivir a una casita de los suburbios parisienses, junto con su hija, criatura enfermiza, celo­samente unida a su madre. Para evitarle toda aflicción y toda inquietud, Elena vive apartada, sacrificando serenamente por ella su juventud y su belleza.

Pero al conocer al doctor Enrique Deberle, vecino suyo, llamado precipitadamente cierta noche cuan­do la niña está enferma, se interrumpe la quieta dulzura de dicha existencia. Deber­le se enamora de Elena, en quien lentamente van despertándose los deseos de felicidad y vida.

Al principio trata de resistirse a dicho sentimiento amenazador para la tran­quilidad de la niña, que manifiesta una aversión que casi es odio por el doctor De­berle; pero por fin la frivolidad de la señora Deberle justifica a Elena ante sus propios ojos y, por una extraña circunstan­cia, la impulsa a conceder la cita que había rehusado hasta entonces. Elena, para salvar a la señora Deberle, se dirige en su lugar a una cita que ésta tenía con su amante, y Enrique Deberle, al llegar para sorpren­der a su mujer, encuentra a su amiga.

Al regresar a su casa, Elena halla a la niña inesperadamente agravada; atormentada por los celos, se ha expuesto al frío para espe­rar a su madre. A los pocos días la chi­quilla muere y Elena, destrozada por el remordimiento y la angustia, renuncia a Deberle, y algunos años más tarde reanu­dará su vida tranquila e incolora junto a un buen hombre, segundo marido que le propone un sacerdote amigo de la familia.

La novela, en la «historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio», testimonia, como el Sueño (v.) y como el conclusivo Doctor Pascual (v.), cierta posi­ción sentimental de Zola, y tiene valor de idilio. Elena Grandjean es una Mouret, y, como hija de Úrsula Macquart, participa en el mundo de pasiones y luchas que desen­cadena entre los descendientes de la loca Adelaida Foquet (v. La fortuna de los Rougon).

Pasiones que en este libro parecen revivir particularmente en la hija de Elena; tanto más trágicas cuanto inconscientes, se manifiestan en el exclusivo amor de la niña por su madre y en el odio hacia Deberle, hasta destrozarla y vencerla con su vio­lencia.

C. Cordié

Notable a pesar de la lentitud y pesadez de estilo casi constantes. Dibujada con un lápiz de punta mal sacada. (A. Gide)

Paganos, Ferenc Herczeg

[Pogányok.] Novela histórica del húngaro Ferenc (Francisco) Herczeg (1863-1954), publicada en 1902.

Su asunto son los primeros contactos del pueblo magiar con el espíritu occidental y cristiano. El joven Alpár, convertido por influencia del veneciano San Gerardo y bautizado con el nombre de Márton (Martín), no tiene toda­vía una fe firme: la humildad sacerdotal que se impone no llega a aplacar en él, hijo del jefe de los pecenigos, Thonuzoba, la antigua fiereza del hombre de la «puszta», el amor desenfrenado de la libertad paga­nizante y de la naturaleza panteísta instintivamente amada.

Se le pide una prueba decisiva de su conversión: ir a destruir los ídolos del pueblo y cortar los cabellos de la señora de la «puszta», Seruzád, jefe de los pecenigos. Seruzád ama al joven sacerdote, cuyo corazón pertenece a Zenobia, muchacha educada en Bizancio, y represen­tante, en la novela, de la mujer cristiana pulida por la vida de monasterio y de corte.

El alma apasionada de Márton busca un refugio en las mortificaciones, pero no puede hallar la paz. Mientras que el nuevo rey, András (Andrea I), cristianiza dura­mente al pueblo, Seruzád, celosa, incendia el monasterio donde vive Zenobia, y ésta muere con las monjas. Márton ataca el campo de los pecenigos y apresa a Seruzád, que se mata.

Al héroe sólo le queda una dolorosa, definitiva, soledad entre sus pecenigos, en tanto que la nueva religión le hace terminar para siempre con el es­plendor del antiguo paganismo. Es una no­vela sin duda de gran habilidad, y su altura artística consiste en haber concentrado la crisis moral y religiosa de un pueblo en la infelicidad de un hombre, bastante grande para hacer depender su suerte de la solu­ción de una cuestión de fe y de principios, y no lo bastante fuerte para ser sobre todo un hombre de fe.

La cristianización de su pueblo se realiza con la dureza, que es el vehículo inevitable de las transformaciones profundas: Márton permanece siempre por encima de esta imposición, pero precisa­mente por esto la imagen de su gente le abandona arredrado y solitario, héroe de la conciencia dolorosa que acepta la propia crisis hasta las últimas consecuencias. Trad. italiana de Franco Vellani Dionisi (Milán, 1929).

M. Benedek