Paganos, Ferenc Herczeg

[Pogányok.] Novela histórica del húngaro Ferenc (Francisco) Herczeg (1863-1954), publicada en 1902.

Su asunto son los primeros contactos del pueblo magiar con el espíritu occidental y cristiano. El joven Alpár, convertido por influencia del veneciano San Gerardo y bautizado con el nombre de Márton (Martín), no tiene toda­vía una fe firme: la humildad sacerdotal que se impone no llega a aplacar en él, hijo del jefe de los pecenigos, Thonuzoba, la antigua fiereza del hombre de la «puszta», el amor desenfrenado de la libertad paga­nizante y de la naturaleza panteísta instintivamente amada.

Se le pide una prueba decisiva de su conversión: ir a destruir los ídolos del pueblo y cortar los cabellos de la señora de la «puszta», Seruzád, jefe de los pecenigos. Seruzád ama al joven sacerdote, cuyo corazón pertenece a Zenobia, muchacha educada en Bizancio, y represen­tante, en la novela, de la mujer cristiana pulida por la vida de monasterio y de corte.

El alma apasionada de Márton busca un refugio en las mortificaciones, pero no puede hallar la paz. Mientras que el nuevo rey, András (Andrea I), cristianiza dura­mente al pueblo, Seruzád, celosa, incendia el monasterio donde vive Zenobia, y ésta muere con las monjas. Márton ataca el campo de los pecenigos y apresa a Seruzád, que se mata.

Al héroe sólo le queda una dolorosa, definitiva, soledad entre sus pecenigos, en tanto que la nueva religión le hace terminar para siempre con el es­plendor del antiguo paganismo. Es una no­vela sin duda de gran habilidad, y su altura artística consiste en haber concentrado la crisis moral y religiosa de un pueblo en la infelicidad de un hombre, bastante grande para hacer depender su suerte de la solu­ción de una cuestión de fe y de principios, y no lo bastante fuerte para ser sobre todo un hombre de fe.

La cristianización de su pueblo se realiza con la dureza, que es el vehículo inevitable de las transformaciones profundas: Márton permanece siempre por encima de esta imposición, pero precisa­mente por esto la imagen de su gente le abandona arredrado y solitario, héroe de la conciencia dolorosa que acepta la propia crisis hasta las últimas consecuencias. Trad. italiana de Franco Vellani Dionisi (Milán, 1929).

M. Benedek