Apuntes De Lectura, Adrien Turnébe

[Adversaria]. Obra filológica de tema clásico del fran­cés Adrien Turnébe (en forma humanista, Turnebo, 1512-1565), publicada en 1564 (edi­ción definitiva 1599). Está dividida en tres tomos y presenta numerosas indagaciones sobre autores antiguos, emprendidas como preparatorias para ulteriores estudios y como «cartapacios» y «borradores». Los te­mas más dispares de las indagaciones lexi­cográficas están reunidos en varias series: comparando entre ellos textos antiguos y considerando la filología como medio para entender rectamente la historia de la cos­tumbre, el docto puede expurgar y enmen­dar «lecturas» recibidas sin controversia desde los siglos más lejanos. Véase por ejemplo lo que se refiere al vino, según va­rias expresiones del mundo clásico (Libro I, cap. I): con frases como «vinum doliare», «vinum diffusum», «vinum defusum» y si­milares. Sólo un cotejo sagaz de los textos de la lengua latina puede fijar el valor de éste y de aquél autor. De este modo Tur­nebo corrige pasajes incluso famosos, al mostrar interpolaciones y correcciones de­bidas a amanuenses o copistas. Además de encerrar un valor histórico indiscutible en cuanto se refiere a la civilización clásica, esta obra tiene un notable interés histórico por el prefacio, que es también dedicatoria del primer tomo, dirigida al gran canciller Michel de L’Hopital. El autor, con fecha de 1564, afirma haber continuado sus estu­dios predilectos en medio de las luchas ci­viles de Francia. El amor a la antigüedad le ha servido para elevar su espíritu y cal­mar su dolor. Estos Apuntes fueron en su tiempo uno de los documentos fundamenta­les de los estudios de filología clásica y pronto se convirtieron, junto con las Obras varias (v.) del mismo Turnebo, en uno de los textos fundamentales para la renova­ción de los estudios, siguiendo las huellas de los grandes humanistas italianos.

C. Cordié

Apriate, Euforión de Calcis

Poemita del poeta griego Euforión de Calcis (siglo III a. de Cristo) del cual recientemente se ha descu­bierto un importante fragmento. En él se cantan las vicisitudes de la protagonista, bellísima jovencita amada locamente por Trambelo; fiel a su virginidad, se mostró siempre huraña, hasta que, sorprendida sola en la playa desierta, fue acometida por su fogoso amante; pero ella le opuso tanta resistencia que él, arrebatado de ira, la arrojó a las olas, donde pereció mísera­mente. La leyenda, rara y erudita, pertene­ce a la tradición de las Fábulas Milesias (v.), cuyas características ofrece, pero el trozo de papiro que nos queda nos revela un poeta de género a quien a pesar de todo no faltan tonalidades patéticas de cierto efecto.

I. Cazzaniga

Aproximaciones, Charles du Bos

[Aproximations], Re­copilación de ensayos del crítico francés Charles du Bos (1883-1939) publicada en siete volúmenes entre 1922 y 1937. Es bas­tante importante como documento de una crítica que en los últimos años ha sido to­mada como ejemplo por los grupos de van­guardia italianos y franceses. Basándose en una concepción «integral» del hombre se­gún una actitud religiosa, Du Bos afirma que quiere aproximarse a los grandes auto­res, con la intención de revivir en sí su ex­periencia de hombres y de creadores y para revelar mejor su secreto mensaje. La labor de la crítica ha de ser el describir y no el valorar: porque al querer dar un juicio definitivo, a menudo se deja arrastrar por la polémica y no entra en los motivos más profundos de una sinceridad literaria. Du Bos examina la obra de arte como simbó­lico mensaje de verdad: en el ritmo de un verso y en la lucidez de una página todo se transforma en belleza. Precisamente por eso son «aproximaciones»; el crítico quiere aproximarse a sus autores, para un juicio explícito que en el «plano de la calidad pura» persiste en creer el más eficaz. Hay que alcanzar la verdad en la infinita varie­dad de los documentos literarios: cada autor aporta una iluminación en el misterio de la vida y el crítico debe analizar con sutileza y comprensión cuánto de sincero encierra en sí el testimonio humano de otra alma. La actitud, que, contra todo esteticismo fá­cil, ha conducido a Du Bos a una fuerte adhesión al catolicismo, aparece en su bús­queda ideológica: sobre todo en la exigen­cia de una meditación íntimamente sufrida.

Por eso muchas veces en lugar de alcan­zar la claridad de un análisis o de un jui­cio, el crítico se deja sumergir por ano­taciones sutiles, más dignas de un diario íntimo que de un ensayo literario. Entre los más notables hay que citar los ensayos sobre Proust, sobre Flaubert y sobre Baudelaire (tomo I, 1922), sobre Rojo y Ne­gro (v.) de Stendhal y sobre Lytton Strachey (t. II, 1927), sobre Mérimée, ya apa­recido en 1920, y Joseph de Maistre (t. III, 1929), sobre Pater, Hardy y Hofmannsthal (t. IV, 1930), sobre Baudelaire, sobre Ernst Robert Curtius y en especial sobre Goethe (t. V, 1932), sobre Goethe otra vez. Constant y Claudel (t. VI, 1934). En los últimos vo­lúmenes se advierte una complejidad cada vez mayor: si el primero contenía ensayos distintamente dispuestos según el orden cronológico, sólo a partir del IV se advier­te una verdadera busca de unidad y de sistematización. Una tendencia orgánica a fundir los pensamientos que surgen con la lectura de un texto, entrando en la intimi­dad de los problemas artísticos, se hace sentir más cada vez: esto pertenece al me­jor Du Bos, sustancialmente meditativo, en quien la misma exigencia armónica de una poesía pura, en lugar de llevar al hermetis­mo como en los primeros trabajos, se co­lorea con una vida más compleja, aunque con más tendencia ideológica.

C. Cordié

El Aprendiz de Brujo, Wolfgang Goethe

[Der Zauberlehrling]. Balada, alemana de Wolfgang Goethe (1749-1832), compuesta en 1797. El discípulo de un mago, pronunciando una fórmula mágica, transforma una escoba en ser humano a quien ordena ir a buscar agua para llenar la bañera; pero olvida la fórmula necesaria para que cese el encanto y el criado embrujado continúa imperté­rrito trayendo agua, provocando una serie de complicaciones e inundando la casa. El providencial retorno del mago devuelve la escoba a su modesto lugar y restablece el orden turbado por la insuficiente ciencia mágica del rapaz. La balada, que pertenece al tercer período de la actividad de Goethe, cuando, superado su juvenil «Sturm und Drang» (v.) ordenó su pensamiento según las armoniosas y serenas formas clásicas, está constituida de catorce estrofas: siete octavas alternando regularmente con siete sextinas, respectivamente de ritmo distinto. Los primeros cuatro versos de las octavas están formados por cuatro troqueos y los últimos de tripodias trocaicas catalécticas en el sexto y octavo verso, y tienen rima alterna. También las sextinas, formadas de troqueos, tienen rima alterna en los pri­meros cuatro versos y repiten al cerrar la estrofa la rima del primero a la que se añade un verso no rimado. Así la vuelta continuamente mudable de la poesía se adapta perfectamente al tema que fue tra­tado ya por el poeta en otra balada, El bus­cador de tesoros, recogido aquí con tono sa­tírico más insistente. [Trad. española de R. Cansinos Assens (Madrid, 1948)].

O. Lennovari

*      La balada de Goethe inspiró El apren­diz de brujo [L’apprenti sorcier], poema sin­fónico en forma de «scherzo» de Paul Dukas (1865-1937), estrenado en París en 1897. Es una de las más populares páginas sin­fónicas de la música contemporánea y debe su extraordinario éxito al hecho de que, aunque extraída de elementos descriptivos sugeridos por la trama poética de Goethe, su fuerza expresiva se sostiene en una fé­rrea construcción en forma de «fuga»: el ritmo irónico de la partitura de Dukas. su espíritu endiablado y su asombrosa instru­mentación superan completamente la tesis literaria. El original tema de la escoba (expuesto por primera vez por tres fago­tes), viene repetido, en todos los «modos», infinitas veces y bajo innumerables aspec­tos, en una rutilante vestimenta orquestral donde están pintados los borbollones del agua, el creciente espanto del discípulo im­prudente, y sus gritos de socorro. La «fuga» está encerrada entre dos episodios de ca­rácter tranquilo. En el segundo surge, para aclarar la trama, con acentos casi schumanniartos, una dulcísima frase conciliadora.

E. M. Dufflocq

Apreciaciones, con un ensayo sobre el estilo, Walter Pater

[Appreciations, with an Essay on Style]. Ensayo crítico del escritor inglés Walter Pater (1839-1894), aparecido por pri­mera vez en volumen en 1889 y dedicado a su hermano William Thompson Pater, muer­to en 1887. La colección comienza con un ensayo sobre el estilo [«Style»] que a la vez que una confesión de gusto literario es una declaración de método crítico, una especie de exaltación del «mot juste» a la manera de Flaubert, a quien está dedica­da gran parte del ensayo. Esta correspon­dencia perfecta de la palabra con su sig­nificado y valor, es la esencia, para Pater, del «buen» arte, en tanto que el «gran arte» se clasifica en razón de la materia. (No poco sorprende al lector actual el ha­llar catalogados en el mismo plano, la Divi­na Comedia, El Paraíso perdido, la Biblia inglesa, Los miserables de Víctor Hugo). El ensayo sobre el estilo es el penúltimo de la colección en orden de tiempo (1888). El siguiente ensayo sobre Wordsworth es de 1874; el de Coleridge del 1880; el de Char­les Lamb, uno de los más afectuosos y pe­netrantes del volumen, es de 1878.

Siguen: «Sir Thomas Browne» (1886), «Love’s Labour Lost» (1878), «Measure for Measure» (1874), «Shakespeare’s English Kinks» (1889), en el que el autor se propone poner en evidencia «el sentimiento dominante en los dramas ingleses de Shakespeare como una especie de crónica dramática popular», «Dante Gabriel Rossetti» (1883); «Feuillet’s ”La Morte”» y un «Epílogo», sin fechar, pero probablemente contemporáneo al ensayo sobre el estilo, en el que el autor dis­cute los diversos significados y contenidos de la distinción entre «Clásico» y «Román­tico» en la literatura del último siglo, sobre todo en lo concerniente a Inglaterra y Francia. Pater no intenta en efecto, en dar un juicio definitivo en la tan debatida cues­tión sino que trata más bien de agudizar la antinomia demostrando lo infundado de ella en muchos casos, y su valor puramen­te definitorio en otros. El ensayo sobre el estilo puede desilusionar a los que espera­sen hallar en él la clave del arte de Pater; por otra parte, en tanto que algunos ensa­yos (sobre todo los que se ocupan de Lamb y de Wordsworth) revelan todo el juego de la exquisita sensibilidad de Pater, otros muestran que su juicio no era siempre se­guro al hablar de los modernos; especial­mente el ensayo sobre Feuillet sorprende a los lectores de hoy.

C. Pellizzi