Sátira I, sobre los Caracteres…, Denis Diderot

[Satire I, Sur les Caracteres et les mots de caractére, de professions, etc.]. Prosa sa­tírica de Denis Diderot (1713-1784), publi­cada postumamente en 1798. El breve es­crito debe incluirse, sin duda, entre los más característicos de Diderot, y bastaría, junto con la Conversación de D’Alembert… (v.) y el ensayo Sobre las mujeres (v.), para dar una idea completa de las variadísimas cua­lidades y de la sabrosa originalidad de este genial escritor.

Tomando el motivo de un trozo de la primera sátira del libro II, de Horacio, comienza Diderot con una rápida disertación centelleante de. ingenio sobre la diversidad de los caracteres humanos, todos los cuales pueden parangonarse con las cualidades proverbiales de algún ani­mal. De aquí pasa, inmediatamente, a la extraordinaria variedad de sus juicios, que sin embargo nacen de cerebros conforma­dos de una misma manera. El hecho es que tal variedad no depende tan sólo de los diversos temperamentos: está acentuada hasta lo inverosímil por las condiciones de vida, por las costumbres y por la men­talidad que cada uno de nosotros llega a formarse por su profesión.

¡Qué gama de reacciones y de ideas llega a provocar la enfermedad o la muerte de un hombre, en un pariente, en un amigo, en un moralista, en un santurrón o en un científico! Mo­tivo desarrollado aquí, en breves páginas, con un brío arrebatador, con una sugestiva mezcla de rasgos de ingenio, de anécdotas, de observaciones sacadas de la realidad, de paradojas y juicios morales serios o bur­lescos, de fugaces anotaciones rigurosamente científicas, elementos variados y contrastan­tes que logran su unidad en el ritmo de un luminoso estilo, penetrado de espíritu e in­teligencia en sus detalles más ínfimos.

M. Bonfantini

Sátira de Felice e Infelice Vida, Pedro de Portugal

«Extraño libro, mezcla de prosa y verso» — al decir de Menéndez Pelayo—, obra del condestable don Pedro de Portugal (1429- 1466), personaje directamente vinculado a la historia de los reinos de Aragón y de Castilla y a quien el marqués de Santillana dirigió su inestimable Prohemio (v.).

Fue entre 1449 y 1457, tras la derrota de Alfarrobeira, cuando el autor escribió este libro, que empezó primero en portugués y prosi­guió en castellano después de traducir la parte redactada en portugués. Ha sido pu­blicado por Paz y Meliá en Opúsculos lite­rarios de los siglos XIV a XVI (Madrid, 1892). El propio autor explica la intención de la obra: «Sátira, que quiere decir repre­hensión con ánimo amigable de corregir: e aun este nombre ‘sátira’ viene de ‘satura’, que es loor». La obra quiere ser una especie de narración alegórica en la que se mezclan reminiscencias de Dante, de Petrarca, de Boccaccio y de El siervo libre de amor (v.) de Juan Rodríguez del Padrón, cuyo argu­mento resume en una de las glosas margi­nales.

En realidad, la obra es una alabanza de las damas: a ellas corresponde la vida «felice», mientras que a los enamorados les corresponde la «infelice» (de ahí su título). El autor declara que éste es el primer fru­to de sus estudios y la historia de sus pri­meros amores, entre los catorce y los die­ciocho años. El estilo de la prosa de este libro es irregular y los fragmentos en ver­so son sumamente conceptuosos y alam­bicados.

Sátira de los Filósofos Paganos, Ermia

Bajo el nombre de un tal Ermia, que por lo de­más nos es desconocido, se transmitió a la tradición cristiana una burla de los filóso­fos paganos que es una violenta revisión de todos los grandes maestros de la Antigüe­dad precristiana. Siendo totalmente desco­nocido el autor, no ha sido posible esta­blecer con argumentos seguros la fecha de composición de este escrito, si bien puede asignarse indiferentemente a un período de tiempo comprendido entre los siglos II y el V.

Las analogías de esta obrita con las apologías del Cristianismo del siglo II, po­drían justificar la asignación más antigua. La argumentación del autor consiste en poner de relieve las contradicciones en que incurrieron evidentemente los principales maestros de la filosofía griega. Pero éste es un tema tan familiar a Taciano como a Teófilo Antíoco. La reseña, plena de mor­dacidad y sarcasmo, no está exenta de brío, si bien se complace en simplificacio­nes audaces y abunda en la caricatura. El estilo del escritor semeja el de Luciano, pero es burdamente chismoso y carente del menor aticismo. Lo que impresiona es la ausencia de toda alusión al neoplatonismo. Argumento de más para que se remonte el escrito a fines del siglo II o a los pri­meros años del III.

E. Buonaiuti

Sátira contra los Malos Escritores de este Siglo, Jorge Pitillas

De Jorge Pitillas (pseudónimo de José Gerardo de Hervás, m. en 1742), publicada en la 2.a ed. del to­mo VII del Diario de los literatos de Espa­ña (1742), fechada un año antes. El sentido crítico del siglo XVIII está representado en la poesía satírica de Jorge Pitillas. Consta esta sátira de cien tercetos, precedidos de un breve prólogo en el que el autor ponde­ra la magnitud de su intento: «Tengo muy creído que la calidad y aun la claridad de este escrito causará extrañeza a todos, es­cándalo a muchos y mortificación a al­gunos’…»

La obra comienza, a imitación de los satíricos latinos, mostrando la indigna­ción del escritor por el lamentable estado de la literatura patria y declarando su propósito: «Quiero yo ser satírico Quijo­te, / contra todo escritor follón y aleve». Luego, junto al repudio de los galicismos, censura la literatura postbarroca. Denuncia la existencia de un «literato afrancesado, antiaristotélico, filosofante, deslumbrado por lo nuevo, curioso de extrañas y lejanas noticias». Las alusiones contemporáneas dan vida a esta sátira. Su mayor interés es­triba en su valor documental. Se trata de una imitación directa del preceptista fran­cés Boileau. Pitillas no cita a Boileau, pero sí a los autores latinos citados por aquél: Horacio, Persio, Juvenal, Plauto, Marcial. Son también elementos de esta obra trozos del Viaje del Parnaso (v.) de Cervantes. Pitillas es un hábil y fiel traductor de Boi­leau. A pesar de ello, su estilo es personal y no exento de gracia.

Satapathabráhmana o Brahmana de los cien caminos

Es la obra más importan­te de la literatura india védica, después del Rig-Veda (v.). Debe su nombre al he­cho de estar dividida en cien lecturas; el último libro forma el Aranyaka_ (v.) y los últimos capítulos de éste el Brhadaranyaka- Upanisad (v.).

Ello pertenece al Yajur-Veda blanco (v.). Rica es la parte legenda­ria de este «bráhmana». Allí encontramos la historia de Püruravas y de Urvasi. La ninfa Urvasi se enamora del rey Püruravas y consiente en hacerse su esposa a condi­ción de que él no la vea nunca dormida junto a él. Pero los Gandharva (v.), ge­nios musicales del aire, celosos de la ninfa, logran mediante un rayo que el rey la vea así; entonces desaparece ella y el rey la busca en vano durante mucho tiempo; fi­nalmente la encuentra convertida en cisne, en un estanque de lotos, y le suplica que vuelva con él. Esto solamente es posible si el rey se convierte en un Gandharva, y la ninfa le aconseja que pida esta gracia a los Gandharva. Éstos enseñan al rey una forma especial de sacrificio al dios del fue­go, por el cual obtendrá esta transforma­ción.

Aparece así en esta leyenda el viejo tema de los amores de la ninfa con un mor­tal. Otra importante leyenda de este «bráh­mana» es la del diluvio, tal vez de origen semítico. «Por la mañana llevaron a Manu (v.) (progenitor de la humanidad) agua para lavarse; él se lavó y entre sus manos halló un pez. «Consérvame la vida — le dijo éste — y yo te salvaré». «Pero, ¿de qué me salvarás?», replica Manu. «Un diluvio aca­bará con la vida de todos los seres, y yo te salvaré de él». «Pero, ¿cómo podré yo salvar tu vida?» «Cuando somos pequeños, muchos peligros nos amenazan y un pez se come al otro; ponme en un recipiente; cuando haya crecido, cava un hoyo y consérvame en él, y cuando me haya hecho mayor, llévame al mar y entonces habré superado todos los peligros». Y Manu obe­deció. Cuando el pez se hizo grande, le dijo: «Dentro de tantos y tantos años ven­drá un diluvio: construye una nave y espérame; tan pronto las aguas empiecen a crecer, embárcate, que yo te salvaré». Manu hizo cuanto el pez le había indicado; llega el diluvio, se embarca y el pez nada hacia él; Manu ata la amarra de su nave al cuer­po del pez y se deja llevar hacia el monte septentrional. Cuando llegan allí, el pez le dice: «Te he salvado; ata tu nave a un árbol, de forma que el agua, mientras cubra el monte, no la arrastre; luego descenderás tan pronto como las aguas desciendan».

Así lo hizo Manu, y por ello este lugar de la montaña septentrional sigue hoy llamándose Bajada de Manu. El diluvio acabó con la vida de todos los seres y tan sólo Manu se salvó». Los libros VI-X reconocen como su autor al sabio sándilya; los otros, en cam­bio, lo atribuyen al sabio Yájnavalkya. Este «bráhmana» nos muestra cómo la civiliza­ción india se extiende hacia el Este (Oude) y tiene múltiples relaciones con el budismo, con el sistema filosófico denominado «sámkhya», con la épica, con el drama y con las Upanisad (v.). En efecto, fue compuesto precisamente en la región que fue patria del budismo, y se hallan en él términos que aparecen con frecuencia en los textos bu­distas; por otra parte, menciona a Asuri, uno de los fundadores de la filosofía «sámkhya», se citan héroes y personajes épicos, y Kálidása tomará de él la leyenda para uno de sus más hermosos dramas, el Vikra-morvaéiya (v.). Finalmente, la idea de la unidad del ser, propia de los Upanisad, aparece mucho_ más desarrollada que en los demás «brahmana». El satapathabrahmana fue publicado por A. Weber en Ber­lín (1855). Trad. inglesa de J. Eggeling, en los Sacred Books of the East (vols. 12, 26, 41, 43 y 44).

A. M. Pizzagalli