Ricardo Wagner, su Obra, su Idea, Édouard Schuré

[Richard Wagner, son oeuvre, son idée]. Obra de Édouard Schuré (1841-1929), publicada en 1876. Es un estudio de la concepción filosófica y musical de Wagner, al que el autor considera menos como un genio reformador del teatro moderno, que en el sentido de expresión de una verdad, plasmador de todo el reino del arte y del pensamiento; no ya fenómeno alemán, sino fenómeno universal. Schuré parte de un fiel retrato del artista, cuya mayor virtud afirma ser la fidelidad al ideal, y las ob­servaciones sobre la originalidad de su con­cepción teatral, en la que se revelan, ad­mirablemente fundidos, el gran poeta y el gran músico de gigantescas ambiciones.

Pasa luego al examen de cada obra: Rienzi (v.), el drama del tribuno, trabajo juve­nil en el que ya se anuncia la personalidad del compositor; el Buque fantasma (v.), lú­gubre leyenda del marinero maldito, inspi­rada por la imagen fantástica del destino que amenazó a Wagner durante su travesía hacia Francia; Tannháuser (v.), la obra en que se reveló y que, poniéndolo por pri­mera vez en contacto con la leyenda po­pular, le dio la sensación de elevarse a una esfera superior a la Historia, esfera en la que el hombre se manifiesta en toda su fuer­za, en la libertad suprema; Lohengrin (v.), mito celta del Graal, renovado por Wagner en una creación que señala su paso desde el vigor instintivo y sensual de la natura­leza, al idealismo del espíritu; Tristán e Isolda (v.), maravilla de psicología musical, vigorosa expresión del mal de amores, con su fiebre, sus alucinaciones y sus combates; Los Maestros Cantores (v.), el drama sa­tírico en el ciclo trágico de la obra wagneriana; el Anillo de los Nibelungos (v.), epopeya gigantesca en la que Wagner ha querido dar nueva vida y profundo simbo­lismo, mediante el soplo de un fuerte pen­samiento, a los dos mundos primitivos y sal­vajes, amalgamándolos en un todo único, el de la tradición heroica germánica y el del mito escandinavo.

En fin, Parsifal (v.), el drama de la pureza, su última obra, que cierra en catarsis el ciclo pagano en la regeneración espiritual, que es el tormento secreto de todas las vidas terrenas, meta del hombre y de la humanidad. [Trad. es­pañola anónima de «La España Moderna» (Madrid, 1912)].

A.M. Speckel

Ricardito el del Copete, Charles Perrault

[Riquet a la houppe]. Cuento de Charles Perrault (1628-1703) (v. Historias y relatos de an­taño). Es uno de los cuentos en que el mal velado e irónico racionalismo de Per­rault aflora de modo evidente.

Ricardito, jorobado y lisiado, que tiene el don de con­vertir en ingeniosa a la mujer amada, y la princesa magnífica y necia, que posee a su vez el don de hacer bello al hombre de sus sueños, cambian entre sí estos presentes para unirse felices en matrimonio. Y he aquí como Perrault comenta el aconteci­miento: «Y hay quien asegura que no fue el encanto del hada, sino sólo la fuerza del amor, quien operó aquella metamorfosis. Dicen los tales que la princesa, en vista de la gran constancia de su gentil amador, su modestia y los incontestables méritos de su corazón y de su mente, no vio nunca la de­formidad de su espalda; la joroba de él le pareció el artificio espiritual de quien se inclina ante la belleza, y si antes creía que cojeaba como un lisiado, desde aquel mis­mo momento le pareció que saltaba gra­ciosamente».

E. Federici

Ricardo Corazón de León, Michel-Jean Sedaine

[Richard Coeur-de-Lion]. ópera cómica en tres actos, letra de Michel-Jean Sedaine (1719-1797), música de André – Ernest – Modeste Grétry (1742-1813), estrenada en París en 1784.

Ri­cardo Corazón de León está preso, después de las gloriosas empresas realizadas en las Cruzadas, en el castillo de Linz; a las pro­ximidades del mismo llega, fingiéndose cie­go, Blondel, uno de sus fieles servidores. Al saber que en el castillo está custodiado un misterioso prisionero, sospecha que sea su rey. El mismo día llega al país, con su séquito, Margarita, condesa de Flandes y de Artois. Conociendo el amor existente entre ella y el rey Ricardo, Blondel toca con su violín un aria compuesta por Ricardo para ella. Al oírla desde la prisión, el rey, sor­prendido, continúa el canto. Blondel tiene así la prueba de su suposición y comunica su descubrimiento a Margarita. Ésta y su séquito, compuesto de caballeros y de hom­bres armados, deciden liberar a Ricardo.

Invitan a un baile al gobernador de la fortaleza y lo detienen. Después toman el castillo al asalto. Ricardo abraza a Marga­rita en medio de la alegría general. Esta obra es la de mayor valor e interés artístico de todas las del músico belga, que con ella colocó la ópera cómica de fines del si­glo XVIII a una altura que no había alcan­zado hasta entonces. Con variedad de ex­presión, la música representa los diversos momentos del argumento: fresca y viva en los coros de campesinos y en los «couplets», cordial y llena de vigor en las arias de Blondel y de Ricardo, siempre sobria en la línea melódica y rica de color instrumen­tal. Ciertos fragmentos de esta ópera re­cuerdan por su expresividad a Gluck y prenuncian a Weber.

M. Dona

Ricardo II, William Shakespeare

[The Tragedy of King Richard II]. Drama histórico en cinco actos, en verso, de William Shakespeare (1564- 1616), acaso escrito hacia 1595-96, publicado en in-cuarto en 1597, 1598, 1608 y 1615 y en in-folio en 1623. Su fuente principal es la Crónica de Holinshed en su segunda edición (1587), porque la escena cuarta del acto se­gundo utiliza un pasaje que no figura en la edición de 1577.

Otras fuentes son: la Crónica de Hall, las Guerras civiles de S. Daniel, la traducción inglesa (de Bernera) de la Crónica de la traición y de la muerte de Ricardo II de Inglaterra, atribuida a Jean Le Beau. Hasta hace algún tiempo, se creía ver en este drama el influjo de Christopher Marlowe (1564-1593), por la ma­nera de utilizar las crónicas. La crítica más reciente cree, en cambio, que la se­gunda y la tercera partes del Enrique VI (v.) de Shakespeare preceden al Eduardo II (1592) de Marlowe; de modo que Shakes­peare habría sido el primero en iniciar este tipo de drama, y Marlowe, aunque haya influido sobre él, habría en este caso reci­bido su influjo, tomando de él la idea de dramatizar las crónicas. Es, sin embargo, cierto que el carácter de Ricardo II (v.) ofrece analogías con el de Eduardo II. El drama trata los principales episodios del gobierno de aquel rey. Éste destierra arbi­trariamente a Henry, apodado Bolingbroke, hijo de Juan de Gante (John of Gaunt), y a Thomas Moebray, duque de Norfolk; si en este caso el débil rey se complace en sus actitudes y se embriaga en el ejer­cicio del poder, poco después, a ruegos de Juan de Gante, mitiga la sentencia de Bo­lingbroke queriendo alardear de soberano magnánimo. La noticia de la enfermedad de Juan de Gante revela otro aspecto del ca­rácter del rey; éste se está exprimiendo el cerebro para ver la manera de sacar más dinero de sus súbditos, y la muerte de Juan le ofrecería una magnífica ocasión para incoar un expediente de confiscación y quedarse con los bienes del difunto.

Mien­tras el rey está en Irlanda, Bolingbroke in­vade Inglaterra con las fuerzas rebeldes; el rey vuelve, se deshace en imprecaciones contra sus enemigos, traza un retrato ideal del carácter augusto de un soberano, su­perior a la inconstancia de las instituciones humanas, protegido del cielo que manda a sus ángeles a combatir por él, y pasa de la exaltación al envilecimiento, según el tenor de las noticias que le llegan; por fin se retira al castillo de Flint, haciéndose pasar como víctima de los traidores. El conde de Northumberland, que viene a parlamentar, le asegura que Bolingbroke sólo pide lo que le pertenece, y el rey consiente en una entrevista, de la que sale vencido y some­tido. Bolingbroke entra triunfalmente en Londres, proclamado rey con el nombre de Enrique IV; en la- famosa escena de la de­posición (acto IV, escena 1), Ricardo se compara con Cristo. Es verdad que, según ha observado Walter Pater, esta escena tie­ne toda la solemnidad del ritual de la misa, y todo el drama está sin duda investido de significado simbólico: la agonía y la muerte de Dios, sacrificado sobre el altar. Confina­do en el castill5 de Pomfret, Ricardo es asesinado. El drama, además de una viva reseña de£>acontecimientos políticos, es, más sutilmente que los demás dramas históricos de Shakespeare, el estudio de un alma que parece anunciar ya la de Hamlet (v.); con­trasta con el débil y fascinador soberano, el hábil y nada sentimental Bolingbroke, que, en tanto que finge querer sólo tutelar los derechos de la herencia, se porta ya co­mo un rey, mostrando las cualidades de sa­gacidad, moderación y dureza que debían asegurarle el trono. Por este eficacísimo contraste, el drama ha tenido siempre mucho éxito, y es digno del creador de Hamlet y de Lear. [Trad. española de Luis Astrana Marín en Obras completas (Madrid, 1930; 10.a ed., 1951)].

M. Praz

Hasta en sus más olvidados dramas, Sha­kespeare tiene un gran número de lumino­sas páginas de belleza superior, que nunca nadie igualó y que seguramente nadie lo­grará igualar. (Baretti)

Es de tan elevada estatura, que yo me inclino ante él para honrarle. (Goethe)

Shakespeare no pudo aspirar ni al ideal de la belleza que obsesionaba el alma del hirsuto Platen, ni los ideales humanitarios y sociales de Schiller o de un Turgueniev. Pero tampoco tenía necesidad de nada de eso para alcanzar el infinito, al que cada poeta llega dirigiéndose al centro del círcu­lo desde cualquier punto de la periferia. (B. Croce)

Rheinischer Merkur, Jacob Joseph Gorres

[Mercurio renano]. Diario alemán fundado por Jacob Joseph Gorres (1776-1848), publicado por pri­mera vez el 12 de enero de 1814.

Fue el primer diario político alemán aparecido des­pués de 1800, cuando, arrojadas las tropas napoleónicas más allá del Rin, volvió el sentido de la libertad. No fue un diario de partido, sino nacional. La prosa elocuente, brillante y culta de Gorres trataba de pe­netrar en el joven pueblo alemán, al que él inflamaba con los nuevos ideales liber­tarios y nacionales. Animó a continuar la guerra de la independencia, convocando a la unión a todos los países de lengua ale­mana. Derrotado el enemigo, Gorres, en­cendido por su verdadero ideal, comenzó la campaña pro Constitución: pero si los prín­cipes habían apoyado antes el movimiento, ahora comenzaron a hostilizarlo, y en 1814 en Badén, Württemberg y Baviera se pro­hibió el periódico, hasta que en 1816, sus­pendido también en Prusia, cesó su publi­cación: era demasiado alemán, y sobre todo demasiado literario y demasiado poco pru­siano. Tuvo sin embargo en su breve vida grandísimo influjo en la vida literaria ale­mana, y fue fundamental para toda la co­rriente que se opuso a la restauración pru­siana.

G. F. Ajroldi