Sitio de Sziget, Miklós Zrinyi

[Obsidio szigetiana, o Szigeti veszedelem, o Zrinyiász]. Gran poe­ma épico en quince cantos, del poeta y caudillo magiar Miklós (Nicolás) Zrinyi (1620-1644), publicado, junto con otras poe­sías menores, en 1651. El argumento del poema es el sitio de la fortaleza de Sziget en 1566, y el sacrificio de Nicolás Zrin­yi, un antecesor del poeta, que con sus guerreros defendió heroicamente aquella fortaleza limítrofe contra Solimán, impi­diendo así la invasión de Viena y del Occi­dente. Dios, airado por los pecados de los magiares, envía sobre la tierra a la furia infernal Alecto que desencadena contra ellos la rabia del turco.

El sultán, con la ayuda del tártaro Delimán y del sarraceno Deminham, cerca la fortaleza de Sziget, de­fendida por Nicolás Zrinyi. Éste invoca a Cristo, quien inclinándose hacia él le asegura que su sacrificio redimirá a la na­ción y Solimán morirá en sus manos. Zrinyi sale contra los enemigos y protegido por un ángel hace estragos entre los turcos, mata al sultán y muere al fin con todos sus soldados. El poema, en su estructura, acusa netamente el modelo de la épica de Tasso, como en muchos episodios recuerda a Vir­gilio y a Ariosto. Pero el dato histórico y la emoción religiosa confieren al poeta una inspiración más severa que, si limita su fantasía, le da al mismo tiempo un alto soplo dramático y épico. El lenguaje, ador­nado deliberadamente con la retórica ba­rroca, no consigue compenetrarse siempre con la métrica, fatigosa y externa, pero a menudo levanta el vuelo y alcanza una ex­presión intensa y poética.

M. Benedek

El Sitio de París, Francisque Sarcey

[Le siége de Paris]. Obra de Francisque Sarcey (1828-1899), pu­blicada en 1871. Constituida por «impresio­nes y recuerdos» de la campaña franco- prusiana y del suceso más extraordinario de la época — el sitio de la capital de Francia—, la narración es viva y brillan­te : como una flor crecida entre las rui­nas, según una imagen de la cuidada de­dicatoria. No se trata de una verdadera historia; sólo los hombres políticos podrían escribirla en el futuro; pero incluso los pequeños hechos vistos día tras día tienen su significado y su encanto y con ellos el autor quiere hacer una galería de retratos y esbozos, como documento de una época y de unas costumbres del pueblo. Historia pintoresca, anecdótica y, sobre todo, mo­ral.

En la vida de todos — entre el público y el pueblo, incluso descuidados por los políticos demasiado sumidos en sus mapas y compromisos — se capta un soplo de vida, un testimonio apasionado, una de aquellas imponderables e insustituibles voces que son la base de la verdad histórica. Por esto el libro ilumina con sencillez y con no­bleza espiritual, junto a los inevitables de­fectos de carácter y de moralidad, los pro­fundos sentimientos que tantos sufrimien­tos han revelado en los duros meses de sitio. Se narran los sucesos más notables y pronto habituales de la vida del París si­tiado, los acontecimientos políticos y socia­les vistos por el pueblo en el contacto in­mediato con la nueva realidad, la vida pro­vinciana, los combates junto a París, el bombardeo, la vida en las avanzadillas y en las ambulancias: rígido homenaje al de­ber de cada ciudadano para con la nación en peligro. La obra tiene acentos de pro­funda humanidad y sobre todo inspirados por un civismo austero y firme. El mismo autor confiesa que como punto de mira ha tenido el amor purísimo hacia Francia, fuera de todo interés de partido.

C. Cordié

El Sitio de Rodas, William D’Avenant

[The Siege of Rhodes]. Drama heroico, diez actos en ver­so, de sir William D’Avenant (o Davenant, 1606-1668). El drama está dividido en dos partes de cinco actos cada una. La primera fue representada en 1656 y la segunda es­tuvo concluida en 1662; la obra fue publi­cada en 1663. La acción, cantada sobre música recitativa de Charles Coleman y de George Hudson, narra el sitio de Rodas por parte de Solimán y el heroísmo de la joven siciliana Yanthe, que salva a su ma­rido, el duque Alfonso, y a los defensores de la isla. Más que en sentido estrictamente literario el drama tiene notable impor­tancia para la historia del teatro inglés. En 1642 la revolución puritana había prohibi­do los espectáculos públicos.

Sólo en 1656 D’Avenant consiguió permiso para ofrecer al público una «diversión alegórica de músi­ca y declamación a la manera de los anti­guos», a la cual siguió el mismo año El sitio de Rodas. La influencia de la gran tradición dramática nacional se hace sentir todavía en esta composición de tono romántico, en la cual se advierten sin embargo, clara­mente sensibles, elementos nuevos deriva­dos del teatro francés y de la ópera italia­na, que D’Avenant había tenido ocasión de aprender en Francia, donde, como poeta laureado por Carlos I y partidario de la causa real, había pasado los primeros años de la revolución puritana. Estas influencias diversas dan a El sitio de Rodas un carácter todavía indeciso y algo híbrido en el que el elemento escenográfico y espectacular, fuertemente acentuado respecto a los isabelinos, predomina sobre la intensidad poé­tica y la vitalidad de los personajes. Pero este elemento exterior aseguró el éxito al drama que inauguró el teatro inglés de la Restauración, caracterizado por la influen­cia francesa y una tendencia preponderantemente decorativa.

R. Barocas

El Sitio de Florencia, Francesco Domenico Guerrazzi

[L´assedio di Firenze]. Novela histórica de Francesco Domenico Guerrazzi (1804-1873), de com­plicada trama, publicada en 1836 bajo el pseudónimo de Anselmo Gualandi. Entre tantos personajes, el verdadero protagonis­ta es la ciudad de Florencia con su impe­tuosa vehemencia y con la tenaz vitalidad de su pueblo. La riqueza de la trama per­mite al autor introducir figuras, sentimien­tos y pasiones avasalladores, digresiones oratorias, acentos líricos e ímpetus trági­cos de heroísmo. Arezzo, tras la defensa de Ferrucci contra los imperiales y el Pon­tífice, cae; y mientras se producen los diá­logos entre Carlos V y Clemente VII y la llegada a Bolonia de los embajadores flo­rentinos, se conocen los secretos designios : El Papa, que medita la caída de Florencia. En el interior de la ciudad, figuras como Lupo, Vico di Niccoló Machiavelli, Fran­cesco Carducci, Dante di Castiglione y Michelangelo Buonarroti, revelan el carácter y la noble resistencia del pueblo, mientras entre los atacantes, el príncipe de Orange, Giovanni Bandini y Baccio Valori dan una idea del espíritu ávido e interesado de los asaltantes. En este ambiente se dibuja el amor de Vico di Niccoló Machiavelli por la dulce Annalena, que llena la escena con su bondad. Entretanto se producen nuevos hechos en torno a otra trama amorosa.

Ma­ría dei Ricci, mujer de Niccoló Benintendi, ama secretamente a Giovanni Bandini, con quien se habría casado si su padre no le hubiese hecho creer con engaños que es­taba muerto. Ahora Bandini, disfrazado de fraile, llega junto a ella y quisiera hacerla huir: pero ella resiste, porque está a punto de ser madre; y entonces Bandini exhorta al de Orange al asalto. Rechazado en el primer embate, se reaniman las fuerzas ciudadanas y resplandecen los ejemplos de virtud de Ferrucci y de Michelangelo Buo­narroti. Bandini, entretanto, penetrando en Florencia se detiene en casa de María Be­nintendi, adonde le sigue Martelli, también enamorado de María. Se produce un duelo fuera de la casa en el cual muere Martelli: y María llega apenas a tiempo de confortarlo con los últimos besos; entonces, habiéndosele muerto el marido, se propone hacerse monja. Vico Machiavelli lleva en­tretanto a Ferrucci el encargo de los Diez de que lo intente todo para salvar a la república; y, luego de casarse con Anna­lena, marcha con ella. Ferrucci conquista Volterra, rechaza a Maramaldo y se dirige hacia Florencia para socorrerla; pero es de­rrotado por el de Orange en Gavinana, donde muere. Para defenderle, Vico cae a su lado y Annalena se reúne con él en el último instante. Florencia se ve obligada a la capitulación, mientras Michelangelo medita esculturas vengadoras, los más jus­tos perecen, y Bandini, desesperado por amor a María que se ha metido monja, se refugia en un lejano convento. No faltan en la extensa novela ecos de Byron y de Scott. Mazzini fue un gran admirador de esta novela, los lectores se entusiasmaron; Niccolini, más objetivamente, decía de la obra: «Está llena de locuras byronianas, no sin bellezas que (el autor) tiene el ta­lento de echar a perder».

M. Maggi

Todo el estilo de las novelas de Guerrazzi sufre del vicio de impropiedad. Le falta la frase viva y, cuando la adopta, falta la entonación justa y está fuera de lugar. (B. Croce)

El Sitio de Corinto, George Gordon Byron

[The Siege of Corinth]. Poema de George Gordon Byron (1788-1824), publicado en 1816. Se narra el sitio que los turcos pusieron en 1715 a la ciudad, ocupada por los venecianos. Los turcos están conducidos por el renegado Alp, que ama a Francesca, la hija del go­bernador veneciano Miniotti. Francesca co­rresponde a su amor, pero quiere que Alp arranque de su corazón el odio por la pa­tria y vuelva a la fe de Cristo. Alp se niega y se lanza al asalto para apoderarse de la fortaleza y de la mujer. Pero cuando los turcos alcanzan las almenas de la forta­leza, Alp se entera de que Francesca ha muerto y él mismo cae dé un tiro lanzado desde la iglesia próxima. El poema fue cri­ticado por sus contemporáneos debido a la construcción de ciertas frases, a los sole­cismos y a la técnica imperfecta de los versos. [Trad. española de B. del A. (Bue­nos Aires, 1940)].

*       El mismo título tiene una ópera en tres actos de Gioacchino Rossini (1792-1868), sa­cada de un libreto de Boloschi titulado Maometto II y refundido después por Gournet, estrenada con gran éxito en París en 1826.