Monje ale­mán del siglo X, de familia noble, que n- cerca de Saint-Gall. Muy joven ingresó en este célebre monasterio, del que habría de llegar a ser abad y donde murió el 14 de enero de 947. Compuso himnos de carácter reli­gioso y hacia 930 un poema en hexámetros latinos, Walthario el de las fuertes manos (v.), que un maestro suyo, Geraldus, corrigió y libró de gran parte de los más evi­dentes germanismos.

Otro Ecchard, también monje de Saint-Gall, llevó a cabo una vez más la revisión y corrección del poema. La figura del religioso poeta sugirió a Scheffel su novela Ekkehard (v.), en la que ambos homónimos aparecen fundidos en una sola persona. El segundo fue maestro de la gran duquesa Hadwig de Suabia en la corte de Otón I, y falleció en Maguncia el 23 de abril del año 990.

G. V. Amoretti

José M.a de Eça De Queiroz

Nació en Póvoa de Varzim el 25 de noviembre de 1845 y murió en París el 16 de agosto de 1900. Después de Castelo Branco, nuestro autor, más artista y sutil, dominó la novela por­tuguesa del siglo pasado con su espíritu cos­mopolita, la ironía, la agudeza de obser­vación, la técnica realista y, sobre todo, el estilo dúctil, musical y convincentemente moderno.

Fue hijo natural (de donde, según ciertos biógrafos, su repugnancia a la ex­pansión y su apego al mundo objetivo) y en 18ó6 graduóse en Leyes en Coimbra; en 1869-70 realizó un viaje a Egipto, y un año después participó en las conferencias del Casino Lisboeta que marcaron una etapa en la vida cultural y literaria del país me­diante la defensa, en particular, del realis­mo y de la función social del arte.

Ingre­sado en la carrera diplomática, fue cónsul en La Habana (1872), Newcastle (1874), Bristol (1878) y París (1888). Desde lejos, el ambiente portugués le pareció angosto, provinciano y susceptible de la caricatura y la sátira violenta. Como Flaubert, osciló siempre entre la fantasía (quimera, exotis­mo, temas medievales) y la fidelidad a lo real.

Los ataques dirigidos contra el ro­manticismo a través de la irrisión se trans­forman a veces en autocrítica y autocompasión, como ocurre en el relato José Ma­tías. Bajo la influencia de los románticos septentrionales, a la cual se unió la de los franceses modernos (Hugo, Nerval, Baudelaire), las Prosas bárbaras (1866) anun­cian, por los motivos tratados y la novedad del estilo, el simbolismo francés.

Sin em­bargo, poco después Eça De Queiroz se dedicó al análisis de la vida social e inauguró la eta­pa realista con Singularidades de una mu­chacha rubia (1873, v.), y sobre todo con El crimen del padre Amaro (1875-76, v.); siguieron luego El primo Basilio (1878, v.), El mandarín (1880, v.), Los Maya (1880, v.), La reliquia (1887, v.) y La correspondencia de Fradique Mendes (obra escrita hacia 1891 e impresa en 1900, v.).

Si bien los perso­najes de este autor carecen a veces de una intimidad profunda, su descripción de am­bientes y su caracterización de tipos resul­tan, no obstante, admirables. La fase de crí­tica implacable y violenta quedó sustituida luego por otra conscientemente constructiva (con un cambio, sin embargo, más bien de método que de finalidad), a la que no fue ajena la reacción idealista y nacionalista de los últimos años del siglo XIX.

Aparecieron así La ilustre casa de Ramires (1900, v.) y La ciudad y las sierras (1901, v.). Las últi­mas páginas (1912), leyendas de santos, constituyen un documento del gusto por lo sencillo, ingenuo y maravilloso, pero encie­rran también (S. Cristóvão) la lección del cristianismo operante, social y de sello fran­ciscano.

J. Prado Coelho

Marie von Ebner-Eschenbach

Nació el 13 de septiembre de 1830 en el castillo de Zdidilawitz (Moravia) y murió en Viena el 12 de marzo de 1916.

La familia de su padre, Dubsky, pertenecía a la antigua aristocra­cia checoslovaca de origen alemán. Luego de su matrimonio con el capitán de inge­nieros Ebner-Eschenbach, Marie se trasladó a Viena, donde pasó casi toda su existen­cia. Aun cuando escribiera exclusivamente en alemán, no olvidó la lengua nativa, ni dejó de mantener vivos en su corazón los aspectos, los sentimientos y la vida de los hombres de su Moravia.

Experimentó la fas­cinación de la sociedad y de la cultura vienesas; pero ni la molicie ni la ligereza un- tanto mundana, superficial y decadente de la capital austríaca apagaron su optimismo y su fe en la bondad del alma hu­mana. Tras varios intentos en la dramá­tica, en realidad no muy logrados, se reveló como escritora hacia los cincuenta años con el cuento Lotti la relojera (v.), que le abrió el acceso al público y revalidó cuanto había escrito hasta entonces.

Junto a varios tex­tos de ambiente checoslovaco (Bozzena, 1876; El pupilo del municipio, 1887, v.) figu­ran otras novelas en las que palpitan la vida, los acontecimientos y los ideales de los grandes momentos de la historia de Aus­tria comprendida entre la época de la Con­trarreforma y los primeros años del si­glo XIX: Jesse und María (1906) y la gran trilogía Frau Maria (1929-31). en la que el catolicismo de la autora tiende hacia un cristianismo algo menos formalista y más universalmente humano.

G. V. Amoretti

Georg Moritz Ebers

Nació el 1.° de marzo de 1837 en Berlín y murió el 7 de julio de 1898 cerca de Munich. Hijo de una rica familia de origen hebreo, estudiaba en Gotinga cuando una grave enfermedad le dejó me­dio paralítico.

En busca de un clima más cálido marchó a Egipto, donde permaneció largos años entregado al cultivo de la egip­tología; pero debió su notoriedad no a ta­les estudios, sino a la novela La hija del rey de Egipto (v.).

En 1870 llegó a profesor de egiptología de la Universidad de Leip­zig. Durante un nuevo viaje por el valle del Nilo descubrió el papiro de un texto médico del Antiguo Egipto, muy interesante para los estudios filológicos y conocido ac­tualmente con la denominación de Papyrus Ebers. En 1876 sufrió otra parálisis que le indujo nuevamente al arte narrativo, en busca de consuelo; y así, escribió unas quince novelas, cada vez más afines a la literatura amena de folletín, a pesar del tono docto de su estilo.

El único libro de este autor digno todavía de cierta consi­deración es Homo sum (v.). En 1889 aban­donó la enseñanza y fue a vivir a Munich. Espíritu noble y puro, no tuvo empero, temple de artista; con frecuencia’ sus mis­mos contemporáneos le consideraron pe­dante y aburrido.

V. M. Villa

Adolf Dygasiński

Nació en Niegoslawice, cerca de Miechów, el 7 de marzo de 1839 y murió en Gródzisk el 3 de junio de 1902.

Hom­bre de múltiples aptitudes, vivió una in­quieta e interesante existencia. Interrumpió sus estudios para tomar parte en la insu­rrección de 1863; tras la derrota, permane­ció algún tiempo en Praga y más tarde pasó al reino de Polonia. En 1872 trasladóse a Cracovia, donde estableció una librería y un colegio para jóvenes y editó el periódico Szkice spoleczne i literackie [Esbozos so­ciales y literarios].

Al cabo de seis años de estancia en dicha ciudad, volvió a Varsovia y se dedicó a la segunda enseñanza. En 1890-91 estuvo en el Brasil y allí estudió las con­diciones de los polacos emigrados en aquel país.

Una parte interesante de su vida la constituyen los largos períodos que pasó en la selva entregado a la contemplación y al estudio de los animales, actividad que le permitió adentrarse en el alma de las criaturas inferiores y seguir maravillosa­mente sus reacciones internas y externas, sin caer en las arbitrariedades de los escri­tores animalistas; fruto de tales observaciones es su obra maestra Las fiestas de la vida (v.).

El resto de su producción literaria (diez novelas, cuentos, narraciones populares, co­medias, etc.) ha perdido ya interés.

M. Bersano Begey