Venecia salvada, Hugo von Hofmannsthal

Es famosa la adaptación alemana que hizo Hugo von Hofmannsthal (1874-1929):Venecia salvada [Das gerettete Venedig], también en cinco actos en verso y prosa, publicada en 1905 y reimpresa en la edición de las obras completas en 1924.

Belvidera, hija del senador Priuli, se ha casado, contra la voluntad de su padre, con Jaffier, anti­guo soldado criado en casa de Priuli, hom­bre honrado, pero débil. En un momento de desesperación, reducido a la miseria, Jaffier se deja persuadir por su amigo Pietro a que participe en una conjuración contra el Dux. Para ganar la confianza de los conjurados que desconfían, el joven ofrece como garantía a su propia mujer, noble figura, que hasta entonces ha perma­necido muda y pasiva. Ella obedece de mala gana a su marido. Cuando Renault, un anciano mercader que la tiene en custodia, quiere seducirla, ella indignada lo rechaza, llena también de desprecio para con su marido que la abandonó, a ella, la amada y la aristócrata, en manos de semejante gentuza. Jaffier se defiende diciendo que creyó en el honor de sus compañeros, y le revela la conjuración. Entonces en Belvi­dera hierve la sangre noble; ella ha de sal­var Venecia, a la constitución de los Dux, al Senado y a su propio padre. Va a ver a éste y se lo cuenta todo.

El Consejo de los Diez acaba con el complot eliminando por medio de unos cuantos sabuesos, uno tras otro, a todos los conjurados y al traidor con ellos. La obra, sugestiva en los detalles, carece, en conjunto, de vida poética, y Stefan George la juzgó severamente; lo cual no fue la menor causa de la ruptura definitiva entre los dos poetas.

G. F. Ajroldi

Los Venenos, los Animales Venenosos y la Sueroterapia Antivenenosa, Albert-Léon-Charles Calmette

[Les venins, les animaux venimeux et la sérothérapie antivenimeuse]. Obra del bacteriólogo francés Albert-Léon-Charles Calmette (1863-1933), publicada en 1907.

En un estilo llano y claro, adecuado a la mejor experiencia científica, el autor ex­pone los resultados de largas investiga­ciones que le llevaron a un importante descubrimiento en el campo suerológico. Enviado en 1891 por el Instituto Pasteur a Saigón, en Indochina, para dirigir allí un laboratorio bacteriológico, se dedicó al es­tudio de la serpiente cobra, preguntándose si existía alguna analogía entre los venenos y las toxinas bactéricas, que los estudios de Émile Roux y Emil Adolf Behring acla­raban por lo que se refiere a la difteria. Empezó a buscar las propiedades de este veneno, llevando a cabo numerosas expe­riencias sobre animales de laboratorio hasta que consiguió producir la inmunidad con­tra los venenos en las gallinas, mediante asimilación progresiva. Enfermo de disen­tería, tuvo que regresar a su patria y hasta el año 1894, en el Instituto Pasteur, no reanudó sus investigaciones. Siguiendo el ejemplo de Roux, que había preparado suero antidiftérico inyectando en los caballos unas dosis cada vez mayores de to­xina antidiftérica, con genial intuición, Calmette tuvo la idea de preparar un suero antiofidico.

Por tanto, inyectó a un caballo una dosis mínima de veneno de cobra, y aumentando en los días sucesivos la dosis, progresivamente llegó a producir el hábito en el animal. Preparado el suero de sangre del caballo así inmunizado, mezclando 1 c. c. de suero con 1 miligr. de veneno seco de cobra, el mismo veneno perdía su toxicidad: es decir que inoculado en un animal ya no podía matarle. El descubrimiento es notable en la historia de la Medicina, ya que los efectos de este suero no se limitan tan sólo a la inmunización, sino que tam­bién adquieren un seguro valor terapéutico.

G. Rignani

La Veneciana, Anónimo

[La venexiana]. Co­media en cinco actos, en prosa, en dialecto veneciano, de un desconocido escritor del siglo XVI, quizás la producción más sin­cera y vigorosa del teatro popular italiano de dicho siglo, que no debe confundirse con La veneciana (v.) de Andreini.

Un joven forastero, Iulio, llegado a Venecia, se ena­mora de Valeria y, creyéndola soltera, le manda un mensaje por medio de su criada, Oria. Valeria está casada, pero, luego de conocer a Iulio, se enamora de él y corres­ponde gustosamente al mensaje. Entre tanto la rica viuda Ángela también se enamora apasionadamente del hermoso forastero y manda a su criada Nena a convenir una cita. Nena, que se avergüenza, se dirige para esto al gañán Bernardo, y aquí co­mienzan los enredos: Iulio recibe dos invi­taciones, por parte de Oria y de Bernardo, y cree que entrambas provienen de Valeria; sigue a Bernardo y pasa la noche con la ar­diente Ángela que le recompensa regalán­dole una preciosa cadena. Al día siguiente los reproches de Oria aclaran la equivo­cación: nueva cita con Valeria, pero ésta, reconociendo la cadena que lleva al cuello como de Ángela, le arroja fuera.

Iulio está para aceptar una segunda invitación de la viuda, pero recibe en tal momento un men­saje de Valeria, sumisa y arrepentida: se hacen las paces y los dos amantes se en­cuentran al fin juntos. La pasión de Vale­ria, toda ímpetu, en donde la sensualidad se manifiesta fulgurante, y la más experi­mentada de Ángela, dominan sólidamente la comedia sobre un fondo carnal y cana­llesco de criadas y gañanes. Ciertas esce­nas, como aquella en que Ángela, obsesio­nada por la pasión, pretende que la criada Nena le diga amorosas palabras para imaginarse estar cerca del amado, son de sin­gular fuerza.

U. Déttore

La Veneciana, Giambattista Andreini

[La veneziana]. Come­dia en cinco actos en dialecto veneciano, de Giambattista Andreini (1578-1654), edita­da en 1619. Se puede considerar emparen­tada con Chismorreos de las mujeres (v.), con las Riñas en Chioggia (v.) y con mu­chas otras comedias de Goldoni en que se agita, sonríe y juguetea el alma veneciana. Zorzeto y el anciano Cocalin aman a Belina.

La criada de Cocalin, Pachiera, para burlarse de él le advierte que Zorzeto, por la noche, llevará en góndola a una bella mujer, y le invita a enmascararse y tomar el sitio de su rival; al mismo tiempo se pone de acuerdo con Veneciana para que la ayude en la burla, haciéndose encontrar en la góndola de Cocalin. Mas por la no­che, el anciano se encuentra en los brazos de su hija Orseta, que había decidido huir con su amado Zaneto y, equivocándose de góndola, había ido a parar a la de su padre. De aquí las iras y los celos de Zaneto, que se cree abandonado; paces y nuevas tentativas de fuga nuevamente fracasadas, hasta que todo se arregla: Zaneto se casa con Orseta y Zorzeto con Belina. A esta intriga far- sesca el dialecto confiere una vivacidad centelleante, con la que se contenta el autor, poco propenso a profundizar psico­lógica y poéticamente.

U. Déttore

…a primera vista recuerda de una mane­ra extraña la Venecia de los románticos, con sus aventuras y sus misterios, con las altaneras patricias de ardientes amores, con las nocturnas escapadas en góndola a los1 silenciosos y soberbios palacios. Pero aque­lla comedia, o más bien aquel drama, está por encima de semejante curiosidad de evocaciones históricas o de fantasías, ya que es verdaderamente algo bello… Una cá­lida atmósfera de amor envuelve la repre­sentación; una sensualidad seria y recogida, nada de jovial y boccaccliesco; una sensua­lidad que podría acabar en venganza, san­gre y tragedia. (B. Croce)

*        Igual título tiene una comedia francesa de Houdar de La Motte (La venitienne) que parece derivar en parte de los Enga­ñados (v.) de los Académicos «Intronati».

Venecia Salvada, Thomas Otway

[Venice Preserved, or a Plot Discovered]. Tragedia en cinco actos, en verso suelto y en prosa de Thomas Otway (1652-1685), escrita y estrenada en 1682.

Jaffier, noble joven veneciano, se ha casado con Belvidera, hija del poderoso senador Priuli. Pero la hija ya había sido desheredada por su padre y cuando Jaffier, reducido a la miseria, se dirige a su suegro en demanda de ayuda, éste le rechaza sin piedad. El joven, lleno de rencor, encuen­tra un soldado extranjero, Pierre, quien le incita a la venganza revelándole la exis­tencia de una conjuración e invitándole a participar en ella. Jaffier se presenta a los conjurados, y como garantía de su lealtad entrega Belvidera a los cuidados del jefe de la conjuración, Renault, aunque sin con­fesarle que se trata de la hija de un sena­dor. Pero Belvidera, a la que persigue Renault, huye y regresa a casa de su ma­rido, quien indignado le revela la existen­cia del complot.

Belvidera, por amor filial, consigue persuadir a Jaffier que revele la conjuración al Senado, pidiendo, a cambio, que se salve la vida de los conjurados, los cuales, detenidos, insultan de la peor mane­ra a Jaffier, acusándole de traición. El joven es atormentado por los remordimien­tos y reducido a la desesperación, cuando el Senado, violando la promesa, condena a muerte a los conjurados. Jaffier decide entonces salvarlos, llegando hasta el punto de amenazar de muerte a Belvidera si no consigue de su padre la gracia para los con­jurados. Belvidera consigue aplacar el feroz ánimo de su padre, quien ordena que se suspenda la ejecución. Pero ya es dema­siado tarde. Jaffier acaba de apuñalar a Pierre, después de lo cual dirige el arma hacia sí mismo; Belvidera muere de dolor, mientras aparecen en escena, en el último momento, los fantasmas de Pierre y Jaffier.

El drama está sacado de la novelesca Con- juration des Espagnols contre la République de Venise en Vannée MDCXVIII de Saint- Béal. Entre los personajes está también el marqués de Bedmar, embajador de España en Venecia, que fue históricamente el alma de la conjura. Este drama llegó a ser muy popular y, después de las obras de Sha­kespeare, es el que tuvo mayor número de representaciones en los siglos XVII y XVIII. Scott dijo: más lágrimas se han derramado por Belvidera y Monimia que por Julieta y Desdémona. En realidad, Otway da aquí la más intensa y completa expresión de su particular patetismo, que no anima tan sólo a los personajes femeninos, sino que arrolla también al hombre por un morboso refinamiento de sentimientos.

E. Allodoli