Nacida en la isla de Corcira (hoy Corfú) en 1760, pero se consideró veneciana de adopción; m. en 1836. Figuró entre las mujeres más hermosas de su tiempo y tuvo un salón en Venecia por el que desfilaron durante medio siglo muchas celebridades de Europa.
Heredera del refinamiento de las damas de la Enciclopedia, al que añadía un matiz clasicista, su ciencia mundana sabía transformar en garbosas conversaciones los juegos de ideas y palabras, en los que intervenían hombres de brillante ingenio, que trataban de ajustarse a la gracia suave de la señora de la casa.
Como testimonio de esta «gaya ciencia», la Albrizzi dejó sus cartas y un curioso libro de Retratos (1807, v.), en el cual la escritora traza las semblanzas de los amigos que, según expresión maliciosa de Di Breme, componían su «serrallo».
Si bien el estilo peca tal vez de académico, no carece de finos rasgos psicológicos. Entre los retratados figuran Alfieri, Cesarotti, Monti, Canova y el poeta arcádico Bertola. Muestra mayor prudencia en las semblanzas de quienes fueron sus amantes: Foscolo, a quien presenta en actitud estatuaria de héroe, y Pindemonte, del cual subraya con tierna ironía su frialdad y su espíritu calculador.
E. Rho
