Vida de Constantino, Eusebio de Cesarea

En cuanto murió Constantino, el día 22 de marzo de 337, Eusebio de Cesarea (260-340 aproximadamente), el gran historiador y también gran cortesano, creyó que era su deber indeclinable poner manos a un abun­dante encomio del desaparecido.

Así com­puso la que, algo impropiamente, se llama la biografía de Constantino, en cuatro libros. Mejor sería llamarla panegírico y encomio. Domina en ella una escrupulosa retórica desde el principio hasta el fin. Toda ella es luz sin tinieblas. Desde su primera hasta su última palabra, toda es un triunfo alado. Las cartas y las ordenanzas del emperador intercaladas en la obra, no me­nos de dieciséis, parecen querer dar al himno de exaltación una base histórica y documentada. Sin llegar a la extremada conclusión de los críticos negativos, como Crivellucci y Schultze, que han negado la autenticidad de los documentos insertos por Eusebio en su Encomio de Constantino, no se puede desconocer que el obispo cortesano ha hecho de ellos un uso que a menudo exagera la importancia y la significación de aquellos documentos.

De éstos dio Eusebio una versión griega que se remonta a me­nudo a la cancillería imperial, y algunas ve­ces al trabajo de redactores privados. Como es sabido, la lengua de los documentos ofi­ciales era todavía la latina. Muy reciente­mente se ha ido mucho más allá que Crive­llucci y Schultze en la crítica negativa de esta obra. Como San Jerónimo no registra la vida de Constantino en su catálogo de las obras de Eusebio de Cesárea, que nos ofre­ce en sus Hombres ilustres (v.), el bizantinista H. Grégoire ha sostenido, en un ar­tículo sensacional de la revista «Byzantion», que la obra es espúrea y que se trata de una falsificación de la época teodosiana. Según Grégoire, la Vita Constantini puede contener un exiguo núcleo eusebiano; pero importantes partes de ese panegírico, nota­bles por su énfasis épico, el tan desarro­pado trabajo de la leyenda, y los flagrantes errores históricos, se deben atribuir a una época mucho más tardía que la de Eusebio. En el mismo fascículo de la revista «Byzantion» (1938, II) Grégoire anunciaba prepa­rarse a dar una amplia demostración de su aserto audaz, en un volumen sobre Cons­tantino que había de ser publicado por la «Press» de la Universidad de Berkeley, en California.

E. Buonaiuti