Vida, Gilbert-Keith Chesterton

[Autobiography] Obra póstuma del escritor inglés Gilbert-Keith Chesterton (1874-1936), publicada por Hutchinson en Londres, unos meses después de la muerte del gran ensayista. Un re­cuerdo de infancia: aquel de un hermoso joven adornado con una corona de oro, que atravesaba un puente llevando en la mano una gran llave de oro también.

Al otro lado del puente había un torreón y en el torreón una bella cautiva implorando su libertad. ¿Sueño? No, simplemente el recuerdo de una pantomima representada en un teatro de marionetas. Chesterton ve en él toda su vida prefigurada y recapitulada, esa vida que no fue otra cosa que una fe activa y, al final del relato, da a conocer el sentido de la alegoría: el caballero es el jefe de la Iglesia, portador de las llaves y Pontífice, aquel que construye los puentes que unen el alma a Dios; la llave de oro, finalmente, es la fe que libra el alma de sus prisiones… Chesterton, francés por su madre, perte­nece, por parte de su padre, a esa clase me­dia inglesa más diferenciada que la del con­tinente; esta familia de gerentes de inmue­bles se encontraba, pues, tan separada del pueblo como de la clase superior; en casa de los Chesterton, por el cuidado en «man­tener su rango», no fue jamás tolerado el menor contacto humano con la servidumbre, y una amistad de la familia prefería forzarse a comerlo todo, antes que dejar algo en el plato que le hiciera soportar la idea de que una criada podía comer los mismos alimen­tos que ella.

El escritor realizó sus estudios en el colegio de Saint-Paul, donde fue un excelente alumno, si bien, se apresura a añadir, él trabajó muy poco. Sin duda es­taba predestinado a los estudios literarios, pues ya de colegial fundó un periódico con sus condiscípulos; sin embargo, acabados sus estudios secundarios, entró en la Slade School, famosa academia de pintura. Trabó relación allí con el hijo del famoso editor Williams, y esta amistad decidió su orien­tación definitiva hacia la literatura: Williams siguió el curso de literatura de la University College y arrastró con él a su amigo, a quien le agradaba más aquello que la Slade School, y renunció definitivamente a la pin­tura. Chesterton se encarga entonces de la crítica artística en la revista editada por Williams, «The Bookman». Era la polémica la que había de revelar al verdadero Ches­terton y hacer que él se conociera a sí mis­mo. Comenzó tomando la defensa de los bóers.

Helo aquí desde entonces ligado com­pletamente a su siglo, y es todo él el que desfila en esta autobiografía: trazados con mano maestra aparecen los grandes literatos Henry James, H. G. Wells y el polemista Hillaire Belloc; los políticos lord Asquith, Winston Churchill y algunos otros. Pero Chesterton ama demasiado la discusión y las batallas intelectuales para limitarse a los hechos materiales de su existencia y a la descripción de su medio ambiente. Esta autobiografía es, sobre todo, una historia de sus ideas, y los lectores encontrarán en ella los ternas de su obra, pero desconocidos, como si jamás hubieran sido editados, pues la mejor cualidad de Chesterton es cierta­mente ese extraordinario poder de dar una vida siempre nueva a las verdades eternas; cualidad que quizá en ninguna parte de su obra aparece mejor que en esta autobio­grafía. [Trad. castellana de Antonio Marichalar, con el título de Autobiografía (Ma­drid, 1939)].