[Niccolo Machiavelli e i suoi tempi]. Obra histórica de Pasquale Villari (1827-1917), publicada en 1877-1882.
Es una reconstrucción de la historia del siglo XVI, en que el pensamiento político del secretario florentino encuentra su correspondencia tanto en la actitud práctica como en la existencia de un nuevo método en el arte del Estado. Frente a la diversidad de opiniones sobre el Príncipe (v.), tan pronto exaltado como condenado, Villari afirma que sólo quiere comentar la naturaleza de la obra a través de un conocimiento preciso del tiempo que la vio nacer, sin hacer ni de apologista ni de acusador.
Sirviéndose del estudio orgánico de las «Legaciones» y de las cartas oficiales, muy significativas para captar los síntomas de una maduración espiritual que trata de adaptarse lentamente a la situación política de Florencia y de los distintos estados italianos, Villari penetra en la génesis y el significado de las ideas de Maquiavelo. El autor parece justificar moralmente el pensamiento de Maquiavelo con las necesidades de su tiempo; sobre todo por la exigencia de formar un estado unitario, capaz de enfrentarse a las potencias extranjeras.
En el conflicto entre los estados italianos y en el choque contra los extranjeros, Maquiavelo ofreció una solución a la crisis de la península, por lo mismo que ya no sentía problemas de índole moral frente a las superiores necesidades del momento. Por tanto estaba estrictamente vinculado a su época, en la pasión por la libertad y la independencia política, pero también en la falta de crisis de conciencia. Se observa en esta definición que Villari, por la misma actitud moral de su método histórico, no captó lo atrevido y nuevo del pensamiento de Maquiavelo, precisamente en cuanto a descubrimiento de una nueva teoría del Estado; de ahí la vacilación con que enjuicia el Príncipe, a pesar de su rica erudición.
La manera como Villari trata los problemas es más de narrador, apoyado sobre los documentos y comentándolos con admirable diligencia, que de historiador que críticamente evalúa los hechos y trata de revivirlos con una nueva meditación. Y en esta posición crítica el historiador cae en el error de no llegar nunca a una valoración teórica en sí, en cuanto ética, de la definición que Maquiavelo da de los principios políticos.
C. Cordié

