Nicomedes, Pierre Corneille

[Nicoméde]. Tragedia en cinco actos de Pierre Corneille (1606-1684), estrenada en París en enero de 1651. La acción se desarrolla en Nicomedia, capital de Bitinia.

El rey Prusias tiene dos hijos, Nicoméde y Attale, éste hijo de su segun­da esposa, Arsinoé. Ésta, en interés de Atta­le, procura poner a su esposo y a los ro­manos en contra de Nicoméde, y, valiéndose de un engaño, le ha hecho venir del campo de batalla, donde había vencido. Nicoméde y su hermanastro están enamorados de Lao­dice, reina de Armenia, que vive en la corte de Prusias; Nicoméde es el corres­pondido.

El embajador romano, Flaminius, llegado para reclamar a Aníbal (que se ha suicidado), se queda para intrigar con la reina Arsinoé en contra de Nicoméde, cuya gloria y futura grandeza ensombrece la de los romanos. Prusias se lamenta del repen­tino retorno de su hijo, achacándolo a desobediencia del joven, orgulloso por sus victorias; pero lo aplacan las nobles pala­bras de Nicoméde. Éste se expresa con pa­labras altivas, osadas e irónicas ante el embajador romano, que apoya a Attale y quiere que le sean entregadas Laodice y Armenia; Nicoméde defiende el derecho de la mujer a disponer libremente de sí mis­ma.

Laodice no cede ante Prusias ni ante Flaminius, que quieren convencerla de que acepte a Attale. Entretanto, Arsinoé ha per­suadido a Prusias de que Nicoméde inten­taba asesinarla (cuando realmente era todo lo contrario); el acusado se defiende noble­mente, con algo de desdén. Obligado a es­coger entre Laodice y la herencia paterna, se resuelve en favor de la mujer, y su pa­dre lo amenaza con entregarlo a los roma­nos en calidad de rehén.

Esto no favorece­ría los amores de Attale — le dice Flaminius —, pues Roma no estará dispuesta a engrandecerle hasta el punto de concederle Laodice y Armenia. El príncipe se da cuen­ta del dudoso apoyo que tiene en Roma e idea la manera de liberarse de ésta. El pueblo se subleva para libertar a Nicoméde, prisionero y rehén de los romanos. Entonces Arsinoé aconseja a Flaminius llevarlo cuan­to antes a Roma, en secreto; pero el prín­cipe, que es libertado durante el camino, logra restablecer el orden y va él mismo a dar la noticia al rey a la par que decla­rarle su adhesión. Tanta magnanimidad gana a Prusias y a la madrastra, e incluso a Flaminius, quien le asegura la estima y quizá también la amistad de los romanos.

Attale estaba ya de su parte, pues él mismo, mezclado entre la muchedumbre, había li­bertado a su hermano. Según la historia, Prusias había intentado hacer matar a Ni­coméde para que el trono pasara a los hijos de su segunda mujer, educados en Roma; Nicoméde, enterado de ello, se adueñó del poder y dio muerte a su padre. Corneille, por el contrario, atribuye a Nicoméde una generosidad sin tacha y una elevada y se­gura virtud, tan tranquila e impasible que llega a la ironía dominadora.

Además de su feliz desenlace, esto da a la obra un carácter de alta comedia. Es la represen­tación de la voluntad absoluta, y por tanto sin conflictos; ejercida por necesidad, casi fríamente, pero típica en el teatro de Cor­neille, como un «límite» interesante y sig­nificativo.

V. Lugli

Nicomedes señala el punto culminante del genio de Corneille; desde este momento ya no realizará nada indigno de sí mismo; compondrá incluso obras originales, pero ninguna será esencial para la definición que las obras anteriores nos dan de su genio y de su arte. (Lanson)