Narración Epistolar de un Viaje y de una Misión Jesuítica, Fernáo Cardim

[Narrativa epistolar de urna viagem e missáo jesuítica pela Bahia, Ilhios, Porto-Seguro, Pernambuco, Espirito-Santo, Rio-de-Janeiro, San Vicente, etc.]. Obra del jesuita portugués Fernáo Cardim (15409-1625), publicada póstumamente en Lisboa, en 1847, a cargo de Adolfo Varnhagen.

Está constituida por dos cartas, que el autor, desde 1583 provincial de la Orden en Brasil, envió al provincial de la Compañía en Portugal, Sebastiáo de Moraes (que vivió algún tiempo en Parma como confesor de la princesa María). En la primera hace la relación de una visita a las diversas «capitanías» de la Orden en Brasil; se inicia con la descripción del viaje desde Lisboa a Bahía, vía Madera, prosigue con la historia de la primera permanencia en Bahía, centro entonces de la expansión portuguesa en Brasil, y con las visitas he­chas desde allí a los demás centros importantes: Pernambuco, Río de Janeiro, San Vicente (la actual Sao Paulo), Santos, etc.

La segunda refiere las peripecias de un grupo de «hermanos» caídos en manos de piratas franceses en el mar; duramente mal­tratados y por fin abandonados a su des­tino en el golfo de Vizcaya, escapan de toda clase de peligros y aventuras y vuelven a Portugal a través de Francia y Es­paña. Una sugestiva sencillez de estilo in­forma estas narraciones; la más amplia y sin duda la más importante es la primera, donde brilla una rica sensibilidad prerro­mántica. Cardim no sólo tiene ojos para los hombres, sino, más aún, para la natu­raleza y el paisaje; observa y reacciona con ánimo virgen, estableciendo a menudo pre­ciosas comparaciones entre su país natal y aquel nuevo mundo descubierto por sus compatriotas a principios del siglo, a fines del cual escribía Cardim (la primera carta es de 1585, la segunda de 1590).

Refiere la vida de dicho mundo con pintorescas ex­presiones de continua maravilla, a propó­sito de la exuberante fertilidad de la tierra, de la sorprendente variedad y fuerza de los colores, de la riqueza inagotable de fauna y flora; léanse por ejemplo las páginas so­bre los pájaros y sobre la bahía de Río de Janeiro. Es también notable su actitud frente a los indígenas, actitud que repite la concepción típicamente jesuítica del «buen salvaje» que tanta influencia había de tener en el siglo XVIII.

Desde el punto de vista literario, los escritos de Cardim sugieren, por la viveza de la narración y de la descripción, la imagen de una rea­lidad lejanísima y sin embargo vivísima; desde el punto de vista histórico, las no­ticias que aportan hacen de su autor un precursor de la historiografía brasileña, digno de ser colocado junto a los prime­ros cronistas de aquellas tierras: Pero de Magalháes Gandavo y Gabriel Soares de Sousa.

G. C. Rossi