[Napoleón]. Biografía de Jacques Bainville (1879-1936), publicada en 1931. Se sigue en ella la maravillosa parábola napoleónica, tal como se proyecta por la voluntad y el genio de aquel hombre extraordinario y como se refleja en su conciencia.
Por haber vivido demasiado poco en el clima ardiente de la Revolución, el Napoleón (v.) de Bainville está fuera de esa atmósfera; no se inclina ante ninguna ideología, hace de árbitro entre los partidos, no tiene escrúpulos de tratar con déspotas y papas. Pero mientras se adapta, paulatinamente, a la exigencia práctica de las circunstancias, advierte con aguda sensibilidad cuáles son las corrientes políticas favorables al éxito francés y a la propia elevación. El golpe de estado del 18 brumario responde a la necesidad de un gobierno fuerte, que asegure el orden, pero que al mismo tiempo salve las conquistas de la Revolución tanto contra los reaccionarios como contra los terroristas.
Los tratados victoriosos concluidos con Austria e Inglaterra en 1801 y 1802 responden al deseo de paz de la agitada nación; paz que tampoco renuncia a las ventajas de la política revolucionaria (es decir, la conquista de las fronteras naturales y los puntos de apoyo fuera de ellas). Pero la euforia alcanzada durante el Consulado fue una breve ilusión. Para mantener las fronteras naturales y especialmente Bélgica, Francia había de reemprender necesariamente la guerra, y la necesidad de asegurarse contra la coalición europea explica la fundación del Imperio y la vuelta a la monarquía hereditaria.
Pero si el genio napoleónico consigue siempre nuevas victorias en el continente, el dominio marítimo de Inglaterra las hace infructuosas. «Trafalgar es definitivo, Ulm y Austerlitz han de volverse a empezar cada vez». De ahí la necesidad para Napoleón de federar a Europa contra Gran Bretaña. Pero España y Rusia le fallan, los pueblos dominados se revolucionan, y la misma Francia, decepcionada, le abandonó. A su caída supo imprimirle la huella de grandeza que selló todas sus acciones.
Pero su genio, dice Bainville, prolongó con grave dispendio una partida perdida por anticipado: sólo quedó la gloria y una fuente de motivos para el arte. La tesis principal del libro está sacada de Albert Sorel (v. Europa y la Revolución francesa), que veía en el esfuerzo bélico revolucionario la continuación de la antigua política monárquica de las fronteras naturales. Pero exagerando esta tesis, el autor, nacionalista y monárquico, deja en la sombra la obra napoleónica legislativa y administrativa de consolidación interna de las conquistas de la Revolución.
P. Onnis

