Memorias, Scipione De’ Ricci

[Memorie]. Obra en dos volúmenes, publicada póstumamente por Agenore Gelli, en Florencia, el año 1865.

El nombre de Scipione De’ Ricci (1741- 1810), obispo de Prato y de Pistoia, va unido a la historia de las reformas leopol­dinas en Toscana; por esta causa, cuando aparecieron algunas páginas de sus Memo­rias en un estudio del belga De Potter, el escándalo que la publicación provocó, deter­minó que la autoridad de Roma procurase sustraerla al conocimiento del público. El ministro Fossombroni, al que se le enco­mendó tal encargo, consiguió hacerse con el original; seguidamente, el gran duque lo escondió en su archivo particular, y allí continúo hasta 1860, para pasar después al Archivo del Estado, una vez realizada la unidad italiana. La parte esencial y que históricamente tiene mayor trascendencia de las Memorias se refiere a las innova­ciones propugnadas y llevadas, a cabo por De’ Ricci en su diócesis, que le dieron fama de jansenista y le acarrearon ataques y persecuciones de todo género. Es típico el cartel que apareció fijado en la puerta de una iglesia: «Orad por nuestro obispo he­terodoxo».

Protegido por Leopoldo II, que llegó a nombrarle consejero suyo, pudo mantenerse durante mucho tiempo y logró introducir reformas en el orden patrimo­nial de la Iglesia, en el número de sacerdotes y la concesión de beneficios. Ordenó el cierre de conventos, suprimió órdenes regulares, abolió el culto del Sagrado Co­razón, abatió altares, anuló reliquias, corrigió ritos, introdujo un nuevo catecismo de origen francés y de tono jansenista y reguló el culto con la celebración de la misa y oraciones en lengua vulgar’; prin­cipios y reformas que fueron confirmados por el Sínodo de Pistoia (1786), de quien fue alma Tamburini. Cuando al morir Jo­sé II, Leopoldo II salió de Toscana para ceñir la corona imperial, De’ Ricci, ataca­do por todos, obispos, sacerdotes y pueblo, hubo de renunciar al episcopado y retirar­se a Florencia. Poco tiempo después tam­bién fueron condenados los acuerdos del Sínodo de Pistoia, por la bula «Auctorem fidei». El primer volumen de las Memorias termina en 1786. El segundo describe los acontecimientos posteriores a 1799, cuando al ser evacuadas las fuerzas de ocupación francesas, el obispo reformador fue encar­celado y sometido a proceso como amigo de Francia.

Después de Marengo fue puesto en libertad; pero por sugerencia o, más bien, por orden de la reina de Etruria, se vio precisado a una plena retractación, en los términos deseados por Pío VII. Los acontecimientos de aquellos días dolorosos quedan ampliamente documentados en el segundo volumen, que termina con la carta en que su hermano G. B. De’ Ricci anun­cia a Pío VII (6 febrero 1810) la muerte del siempre suspecto obispo «in partibus». La obra de Ricci, por su directa ascenden­cia jansenista, fue objeto de ásperas polé­micas durante el pasado siglo; celebrada primeramente por la crítica liberal, fue después muy combatida, hasta el punto de que por parte de los católicos se pusiera en duda la buena fe del obispo reformador. Llevando muchas veces su posición a con­secuencias extremas, y amenazando arras­trar a la Iglesia hacia la herejía y el cis­ma, De’ Ricci laboró con ardor contra la corrupción de las costumbres y la ignoran­cia del clero, buscando un equilibrio entre el espíritu religioso y la cultura, así como entre el estado civil y el eclesiástico.

G. Martinelli