[Marco Tullio Cicerone]. Tragedia en cinco actos de Pier Jacopo Martello (1665-1727), publicada en Roma en 1715. La tragedia comienza la noche que precede a la muerte de Cicerón.
De Bolonia llega junto a él su amigo Cayo Rusticelo, con tristes noticias; el triunvirato ha quedado constituido, y Octavio, que cediendo a la cruel razón de Estado, ha tenido que firmar la condena de Cicerón,, exigida por Marco Antonio, le exhorta a huir. El anciano orador se aleja de la ciudad amargado sobre todo por el pensamiento de que en realidad ha sido su elocuencia la que ha elevado al hombre que ahora se reparte con sus cómplices la libre Roma. Pero antes de partir, confía a la esposa de su hermano Quinto, la impetuosa y violenta Pomponia, sus Filípicas (v.); que las conserve sepultadas, hasta que puedan salir a la luz otra vez y originar otros Brutos para la libertad. En tanto llegan a Roma los triunviros. Marco Antonio se obstina en la búsqueda del orador, y para seguir su rastro, envía a Lucio Lena, en otro tiempo cliente y protegido de Cicerón, para que la muerte inferida por aquel sicario resulte más cruel para su enemigo. En vano Octavio intenta aplacar a su colega; en vano le suplica, junto con Pomponia y Popilia, la joven con quien se casó Cicerón ya anciano, y repudió casi inmediatamente. Aquella bella criatura suscita el deseo del lascivo Marco Antonio, quien finge ofrecerle el indulto de Cicerón, con la condición de que se le entregue; pero ella se niega.
Pesa un instante en el alma de Marco Antonio el remordimiento de su vida infame; pero es más fuerte el mortificante recuerdo del hombre que le persiguió con su terrible palabra. Es menester destruir las Filípicas y, puesto que Pomponia se lo niega, él manda matar a su marido y estrangular a su hijito. Con tal de recuperar el libro que podría transmitir a la posteridad las depravaciones de su vida privada, Marco Antonio lo pone como precio de la vida de Cicerón. Pero en esto llega Lena y desenvuelve la cabe ;a cortada del orador. Rusticelo, cuenta los últimos momentos del gran hombre, y entre la conmoción de todos, el arrepentimiento comienza a torturar el espíritu de Marco Antonio. Esta tragedia que trata el mismo tema de la Muerte de Cicerón de Crébillon, fue inspirada a Martello por las Filípicas y contiene las huellas de su origen en sus numerosas y prolijas disertaciones que substituyen en la escena la acción, desde que sale el protagonista, en el primer acto, para no volver más. Es notable la figura de Pomponia, que, como muchas de Martello, es más propia de una comedia que de una tragedia, sobre todo, en la escena en que delante de su marido, hace el ensayo general del discurso que ha de dirigirse a Marco Antonio (v. también el Cicerón de Passeroni).
E. C. Valla

