Los Últimos Días de los Jenízaros, Mór Jókai

[A janicsárok végnapjai]. Novela his­tórica del húngaro Mór (Mauricio) Jókai (1825-1904), publicada en 1854. La narra­ción, aun en las partes más novelescas, está inspirada en la historia de la Turquía deca­dente y en la figura del feroz Alí Tepedelenll, bajá de Janina (1741/42-1822).

Un adivino predice al tirano que le traicionará la esposa que más ama y que un día se encontrará simultáneamente en dos lugares: en su fortaleza de Janina y en Constantinopla, sobre un pedestal de plata, delante de la muchedumbre jubilosa. El ambicioso bajá está convencido de que ello quiere decir que algún día llegará a sentarse en el trono. Tras este prólogo el autor nos lleva al «paraíso terrenal» de Janina. La esclava más amada de Alí, la bella Eminah, sor­prende al tirano mientras atormenta a sus víctimas y huye con una de ellas, una pri­sionera griega. Alí comprende que el sultán se va a enterar de sus planes y se pre­para para defenderse. Para que el amor no le distraiga de su lucha, se libera de su harén mandando ahogar a todas sus muje­res. El sultán, en efecto, convencido de su deslealtad, se dirige con sus tropas contra él, y Alí se encierra en la fortaleza con sus fieles jenízaros tras incendiar la ciudad.

Sus hijos y la mayor parte de sus fieles le abandonan, pero el astuto bajá estipula una alianza con los griegos, prometiéndoles la libertad. Sin embargo, su fin es inevita­ble y se realiza la predicción: la cabeza de Alí, vencido en duelo, es enseñada a la muchedumbre de Constantinopla sobre una fuente de plata… Los jenízaros rebeldes serán vencidos y destruidos en 1826. La novela es una alegoría política que traslada a un am­biente fantástico los conflictos históricos de Hungría, oprimida por la tiranía austríaca. La narración carece del soplo ético de las novelas sociales de Jókai, donde la fantasía no pierde nunca el dominio de la realidad; de todos modos, la reconstrucción histórica es colorida y eficaz, y el personaje de Alí bien representado en su bárbara venganza.

G. Hankiss