[Les proscrits]. Narración historicofantástica de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1831. En casa del alguacil Joseph Tirecháir viven en pensión dos desconocidos, uno viejo y el otro muy joven, a quien el alguacil mira con recelo; contribuye a aumentar este sentimiento la presencia de otra forastera, la condesa Mahaut, que promete cien escudos de oro a la mujer del alguacil si logra obtener datos seguros acerca del joven desconocido.
Todos los días el viejo y el joven se reúnen en la antigua escuela de las «Cuatro Naciones» para escuchar las palabras del ilustre Sigier, el más famoso doctor en teología mística de la Universidad de París. La voz de Sigier va revelando a ambos los misterios del mundo moral que el viejo sabe revestir de poesía y el joven de sentimiento; dos realidades humanas, dos aspiraciones diferentes, pues tanto uno como otro se sienten proscritos, el viejo de su propia ciudad natal, y el joven de la ciudad eterna, el Paraíso. Y cuando el joven intenta suicidarse como único medio posible para responder a la voz que lo llama desde el más allá, la voz de la madre a quien él no ha conocido, el viejo le habla de la otra vida, de su viaje extraterreno, hacia la perfección y la luz, recordando finalmente a su Teresa Donati a quien Dios, celoso, persiste en tenerla alejada de él, después de haberlos unido en la tierra.
Mas he aquí que los proscritos recuperan su patria: mientras llegan unos soldados para dar al viejo (que no es otro que Dante Alighieri) la noticia de que puede regresar a Florencia, donde han triunfado los Blancos, entra en la estancia, radiante de felicidad y de belleza, la condesa Mahaut, que puede por fin apretar contra su pecho al joven, reconocido por la ley como su hijo. Discursos de oradores místicos, aspiraciones morbosas en las que el misticismo actúa como un peligroso fermento, arbitrarias confluencias de personalidades y de ideas en el espíritu y en el tiempo, abruman considerablemente esta narración, que por otra parte es testimonio de la riqueza y variedad de motivos del breve pero intenso período de lo que fue el romanticismo juvenil de Balzac, de donde tomará motivos para el realismo de su arte más maduro. [Trad. española anónima (Barcelona, 1913)].
M. Bonfantini

