La Saga de los Habitantes del Valle del Río de los Salmones

[Laxdoelasaga]. Compuesta en la primera mitad del siglo XIII, esta saga narra acon­tecimientos sucedidos alrededor y después de mediados del siglo X, pero que se re­montan por su genealogía y precedentes al tiempo de Harold el de la hermosa cabelle­ra, cuando Ketil el Chato y su familia prefirieron emigrar de Noruega antes que someterse al despótico rey.

Es la historia de una numerosa e ilustre familia asen­tada junto al río de los Salmones, corriente que desemboca en el Breindifjord, en la costa occidental de Islandia: los puntos cul­minantes de esta saga están constituidos por la relación entre Hóskuld y Melkorke; por la vida aventurera de su hijo Olaf «el Pavo Real», que después casó con Thorgerdhr, hija de Egill, hijo de Skallagrim (v. Saga de Egill); el amor entre el hijo de Olaf y de Thorgerdhr, Kjortan, y la bella Gudrún, con las discordias y desgra­cias que resultaron de ello. En el centro de la narración se hallan, así, tres genera­ciones, la última de las cuales ocupa la mayor parte del cuadro. Las historias de Hoskulo y Melkorka y de su hijo Olaf son de amor y de aventuras y forman un fondo diverso y placentero a la trágica his­toria de amor, traición, celos y muerte, que, en último lugar, pasa al primer término. La historia de Melkorka, la hija del rey de Irlanda, que, raptada siendo muy joven y hecha esclava, es comprada en Noruega por Hóskuld, de quien tiene un hijo, Olaf, no­ble y bello como no se vio jamás otro, se perfila dentro de la saga como una novela inspirada en la dignidad y el amor mater­nal. Por dignidad, Melkorka finge ser mu­da, hasta que sorprendida hablando amoro­samente con su hijito, ha de confesar su nombre y su descendencia; por dignidad y al mismo tiempo por amor de madre (para que no sea llamado ya despreciativamente «hijo de la esclava») ella quiere enviar al extranjero a su hijo, de quien está tan or­gullosa, y en el cual ha concentrado todo su afecto; y para efectuar este propósito se allana a casarse con un rico pretendiente.

La historia de Olaf es la de un joven, y, después, de un hombre tan bello y animoso como generoso y noble, y que por estas cualidades suyas gana fácilmente el favor de todos, desde la reina noruega Gunnhild, que le proporciona una nave y sesenta gue­rreros para ir a Irlanda a encontrar a su regio abuelo Myrkjartan, que en la Asam­blea de su estado le proclama sucesor suyo, hasta el rey de Noruega que, a su regreso, le regala una bellísima espada y una nave cargada de madera para su patria que ca­rece de bosques, y Thorgerdr, la orgullosa hija de Egill Skallagrimsson (v. Saga de Egill), cuyo ánimo mal dispuesto al prin­cipio conquista en seguida. Su generosidad y magnanimidad se ponen de manifiesto cuando rechaza cortésmente en Dublín la sucesión regia para no ofender a sus tíos, herederos legítimos; cuando se ofrece a acoger en su casa a Bolli, el hijo de su hermanastro Thozleik; cuando, muerto por éste su hijo predilecto, Kjartan, se opone a la venganza.

La segunda mitad de la saga está ocupada en gran parte por la historia de Kjartan y Gudrún, a la que forma preludio la interpretación que Gest da de los sueños de la joven Gudrún. En­trelazada como está con las vicisitudes de varias familias y no queriendo su autor dejar olvidados hechos secundarios, esta his­toria, aunque bien narrada, no tiene la composición unitaria de los relatos dis­puestos artísticamente: la saga, como na­rración de memorias del pasado, tiene sus exigencias que no coinciden con las de la novela y del cuento. La historia de Kjar­tan y Gudrún es de amor y de muerte. Cuando Kjartan decide partir para Noruega dice a Gudrún que le espere durante tres inviernos. Mientras él está ocupado en No­ruega, su primo Bolli vuelve a Islandia, da a entender a Gudrún que Kjartan no piensa ya en ella, y, con la ayuda de sus parientes, obtiene de ella un resignado asentimiento a casarse con él, y las bodas se efectúan por medio de un engaño. En tanto, Kjartan, manteniendo su promesa he­cha a Gudrún, vuelve a Islandia, por mucho que le pese dejar Noruega, donde le ata la inclinación de Ingibjórg, hermana del rey Olaf Tryggvason, y, hallando que Gu­drún va a casarse con Bolli, se casa con otra, Hrefna. Entonces, Gudrún, impulsada por celos y amor, induce a su esposo y a sus hermanos a matar a Kjartan, como la Brunilda (v.) de las canciones de los Edda (v.), a la que el autor de esta saga tuvo sin duda presente y cuyas reminiscencias son numerosas, hasta en los pormenores. Al final de la saga, Gudrún, anciana y retirada a la vida monástica, confesará a uno de sus hijos: evo di la hora más amarga al hom­bre a quien amé con todo mi corazón».

Haerlo Kjartan, el relato languidece, perdiéndose en lo cronístico. Los trozos de mayor relieve de esta última parte son la incitación que Thorgerd dirige a sus hijos para que venguen en Bolli la muerte de Kjartan. hermano de ellos, y su participación en la fechoría; y la misma incitación por parte de Gudrún para que Bolli, a su vez, sea vengado. Con la muerte de los asesinos de Bolli y Helgi tiene fin la venganza de la sangre; el honor de la es­tirpe queda restaurado. También aquí cier­tas semejanzas entre las dos mujeres y la Brunilda éddica son evidentes. Esta saga es un vasto reflejo de hechos y costumbres, desde las supersticiones y magias popula­res a la imposición del Cristianismo en No­ruega por parte del rey Olaf Tryggvason. Pero el interés principal del autor va dirigido a su trabajo literario. Buen narrador, siente afición por lo novelesco, pero la con­tiene dentro de límites bien circunscritos; y verdaderamente, es en la evocación de la dignidad del amor materno y la magnani­midad donde da la medida de su talento de escritor y de su sentir humano. Figuran en­tre sus páginas más notables las que versan sobre la magnanimidad de Kjartan, cuando en Noruega encuentra al rey Olaf Trygg­vason, al que corresponde la magnanimidad del rey, quien se opone al consejo de obli­gar por la fuerza a Kjartan y a los demás islandeses a hacerse cristianos, y sale luego con su intento por la fuerza de una íntima persuasión.

V. Santoli