Poema del principal poeta neogriego Dionisio Solomós (1817-1857). La inspiración de un poema sobre el épico asedio de Missolonghi, nacida en los días de aquella gloriosa pasión y ya vertida en un ensayo oscurísimo, titulado La mujer de Zante (publicado por Kerofilas, en 1927), flotó en el ánimo del poeta desde el momento de salir de Zante (1828) y constituyó una tormentosa compañera de su vida.
En la cima de una experiencia literaria y humana se perfilaba, en esta obra total, una ión de las contingencias históricas en el mundo de los ideales humanos más elevados, de los valores universales y eternos (de Missolonghi a Grecia y a las ideas de patria y fe). Sin embargo, a pesar de un trabajo prolongado, de cerca de treinta años, el poema quedó incompleto en su redacción y, tal vez, en la concepción misma. Las reliquias, recogidas amorosamente de los papeles, del poeta por Polilás, no permitieron establecer una edición críticamente segura, manteniéndose borrosa la orientación y la selección entre las diversas variantes conocidas. Del poema quedan tres versiones o diseños. La primera, de pocos versos, se desarrolla en sextetos de rima alterna. En la segunda, cuya línea aparece insegura por sus fragmentos, unos de cierta amplitud, los otros breves y de una sola estrofa, significa la preciosa conquista del pentadecasílabo épico (pareado). En la tercera versión, que representa una reelaboración de la precedente, con nuevas aportaciones valiosas, la rima decae. De sus fragmentos surgen los héroes, entre esperanzas, inquietudes y amarguras; es impresionante la descripción de la salida fatal, del cerco de hambre y fuego.
En las mujeres se observan las huellas del heroísmo suliota, hecho humano de algaradas populacheras, ennoblecido por un aura de humilde «pathos» que penetra en simples aspectos de la vida (los sueños, el canto, la danza, que no impiden los furores de la guerra). Frente al enemigo se afirman, en fin, las sublimes realidades del espíritu; despojados ahora los héroes de impedimentos y vínculos, se sitúan al nivel del sacrificio, de la muerte y de la libertad. La inspiración corre parejas con la elaboración más intensa e incesante. Las redundancias, la vacuidad fácil, van extinguiéndose a medida que la expansión introspectiva se desata en la expresión completa: surgen entonces intuiciones visuales, auditivas y olfativas, creaciones de atmósfera y estados de ánimo, ondas musicales y melódicas — canto fluido — y versos austeramente contenidos, efectos de sonidos y timbres, asonancias y doctas rimas íntimas. Palamás señala como romántica — casi diríamos dionisíaca — la inspiración de la obra. La elevación de una materia ardiente y agitada en tensión, verdaderamente clásica de intuición-expresión es, por el contrario, el esfuerzo y la meta del gran poema.
F. M. Pontani

