[l’ltalie mystique]. Obra del historiador francés Émile Gebhart (1839-1908), publicada en 1879. Es una verdadera historia «del renacimiento religioso de la Edad Media», y por eso se sitúa ante la historia italiana con la intención de captar su latido más íntimo y de hacer sentir, con una sinceridad de artista, sus sueños y sus ideales. El aspecto más notable de la reconstrucción consiste en el modo con que esta historia se presenta, en sus varios problemas religiosos, políticos y económicos, especialmente para el franciscanismo, verdadero sentimiento de lucha social y de hermandad evangélica, que recorre la península y hasta suscita, en su extremismo, la oposición entre la teocracia papal y la austera afirmación del Evangelio de la pobreza.
El autor afirma que en el siglo XIII el misticismo informa todos los aspectos de la sociedad, desde las poesías de los trovadores y las varias herejías hasta la corte de Federico II de Suabia. Es un fermento de vida nueva, y los espíritus tienden a salir de las costumbres meramente exteriores y las rutinas religiosas o de las leyes civiles para identificarse con el ideal proclamado por los santos y hasta por los rebeldes. En tal fermento se comprende la exaltada palabra de Gioacchino da Fiore y así el acento profético de Dante se matiza con la luz dramática y violenta de un tiempo casi apocalíptico. En la vida de Italia, entre partidos en lucha y deseo de goces paradisíacos, San Francisco de Asís y su apostolado, Celestino V que renunció a la tiara y Jacopone da Todi que, entre la sabiduría y la locura, se arrodilla, humilde fraile, ante la luz misteriosa de Dios, constituyen las más singulares afirmaciones del sentimiento religioso de aquellos siglos. La misma obra de Giotto, aunque en la sólida afirmación de una vida sincera y consciente de su oficio terrenal, toma la actitud de reivindicación de una epopeya de santidad que al principio el mundo había observado con curiosidad y a veces incluso con desprecio, y que más tarde había comprendido como una de las más profundas afirmaciones de una nueva espiritualidad.
En la renaciente literatura italiana, desde Amaldo da Brescia a Petrarca, de Santa Catalina de Siena a Savonarola, hay un estremecimiento de religiosidad que convierte la misma forma artística en meditación y en documento de vida espiritual, con la exigencia de una acción más consciente de apostolado. El espíritu laico, hijo de la Edad Media, mostrará en la época de la reforma luterana la profunda actitud de los humildes en las luchas políticas y sociales del Renacimiento; sin embargo, para indicar la importancia de la civilización medieval y la decisiva aportación de la Italia mística a la nueva formulación de sentimientos y de actitudes, bastaría la figura de Dante, hombre de un siglo de ansias y de contrastes, ya que en su firmeza de creyente y en su conciencia de ciudadano exaltó lo divino ante los vicios y las torpezas del mundo. La obra de Gebhart hay que considerarla fundamental para un período histórico tan discutido; en todo caso es uno de aquellos libros clásicos que se consideran como representativos del interés mostrado por el siglo XIX hacia los problemas de la religiosidad medieval.
C. Cordié

