Título de un libro original del madrileño Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585?- 1638), aparecido en Zaragoza, 1623. Es una colección de seis novelitas, precedida de un resumen de las excelencias de España.
En el prólogo, el autor dice haber oído los sucesos que narra a personas que le merecen crédito, y promete doce novelas «en otras tantas ciudades, cabezas de los reinos de España». Las seis aparecidas tienen de común un capítulo previo, destinado a ensalzar y contar ligeramente las antigüedades y cosas excelentes de las ciudades donde se desarrolla la acción, y el tener como fondo una historia amorosa. Las novelas se titulan El buen celo premiado, El desdén del Alameda, La constante cordobesa, Pachecos y Palomeques, Sucesos trágicos de Don Enrique de Silva y Los dos Mendozas. Acaecen, respectivamente, en Zaragoza, Se villa, Córdoba, Toledo, Lisboa y Madrid. A veces, se trata de familias reñidas, como en la toledana, donde los celos y el amor son causas de extraordinarias peripecias y desastrosos sucesos. Otras, narran la pelea entre dos hermanos, como ocurre en la sevillana.
Una romántica historia de amor, con largas ausencias y horrorosas venganzas y un fin impreciso y triste se cuenta en la lisboeta. Las esforzadas aventuras de dos hermanos son el argumento de la madrileña. La venganza y el asesinato son motivos frecuentes en la obra de Céspedes, y abundan las escenas de aire macabro o de ultratumba (lamentos nocturnos, muertos que salen de sus tumbas, gritos misteriosos, etc.). Todo de un gran efecto teatral y conmovedor que iba muy bien con la sensibilidad barroca. La constante cordobesa es citada a menudo por aprovechar una tradición local que roza con el tema del Burlador: el alma del padre de la mujer asediada sale de su sepulcro para avisar al enamorado de su posible y tremenda venganza. El desenlace es llevado después por caminos inesperados, ya que se logra el matrimonio de la pareja. Las seis novelitas descienden, en ocasiones, a finos matices psicológicos, de indudable ternura, pero en menoscabo de la acción. Los episodios amorosos son contados siempre sin sombra de obscenidad, con elegante pulcritud, verdaderas escenas vividas y delicadamente expuestas.
A. Zamora Vicente

